Siempre vuelvo a este rincón, el de las mis palabras, buenas o malas, no importa. El rincón donde me expreso, y con eso me basta. Varias vidas en un blog. Viajes, viajes y más viajes. Luego hijos, familia e hijos de los otros. Y más tarde de nuevo, viajes, viajes y más viajes. Cuando algo se lleva en el alma, cuando algo es tan íntimo de tu esencia, resiste, se aferra y vuelve a aparecer, ¿no te parece?
viernes, 30 de diciembre de 2016
Galería de fotos de la UTMB, Chamonix, Francia.
No te rindas, aún estás a tiempo
No te rindas que la vida es eso,
No te rindas, por favor no cedas,
jueves, 29 de diciembre de 2016
Historias de reyes y de príncipes
Este artículo fue pensado para una revista Española, lamentablemente, a pesar de la espera, no lo publicaron finalmente. Lo lamenté bastante porque lo escribí con muchas ganas y fue una experiencia que hubiera querido compartir por medio de la revista, pero no entraba dentro de los parámetros requeridos por la misma. Elijo finalmente entonces publicarlo en mi blog y tratar de darlo a conocer, ya que es la historia de cuatro valientes que creyeron en un sueño y se animaron. Espero lo disfruten.
Historias de reyes y de príncipes
Esta
es una historia de reyes. No de reyes de la aristocracia europea, ni de los
reyes magos, ni siquiera del vanidoso rey que el Principito se encuentra
durante su viaje, sino de reyes auténticos, los que dominan el territorio más
importante a conquistar: su propia alma.
Érase
una vez un grupo de hombres que creyeron en sí mismos, que se enfrentaron a sus
propios límites y a la posibilidad del fracaso. Ellos habitaban en una tierra
muy lejana llamada Argentina. Vivían en una ciudad pequeña, Santa Fe, y siempre
habían tenido el deseo de volar y llegar lejos. Ellos se animaron.
Este
sería un buen primer párrafo para contar estas cuatro historias que comenzaron
hace ya muchos años con una pizca de deseo. Historias mínimas de héroes y reyes
para pocos, aquellos que se posan sobre un podio imaginario que llega a la luna
y a las estrellas. Es el podio por haber cumplido sueños. Estos cuatro corredores
se animaron al gran desafío de correr 100 y 170 km en el Mont Blanc, que con
4800 mts es el pico más alto de los Alpes. El desafío era correr la UTMB (Ultra
Trail Mont Blanc) y la CCC (Chamonix, Champex, Courmayeur), dos carreras
emblemáticas dentro del mundo del Trail Running. Fueron 7500 corredores en
total que se movilizaron junto a amigos y familiares hasta Chamonix en Francia
para participar de esta gran fiesta. Enorme celebración de cinco carreras
diferentes durante una semana alrededor de la imponente presencia del Cerro
Blanco y su manto de nieve glaciar, enorme celebración que unió tres países
para su organización (Francia, Suiza e Italia), y donde personas de 87 naciones
estuvieron presentes. 2000 voluntarios, 34 médicos y 65 enfermeros, 340.000
euros recolectados para donar a organizaciones solidarias. Números gigantes
para un evento que ya tiene 14 años de vida.
A esto
se enfrentaban Javier, Alejandro, Federico y Esteban cuando en el año 2014
decidieron participar en la carrera. Para poder ser parte de la UTMB tuvieron
que juntar 15 puntos en carreras anteriores en las cuales corrieran más de 60 kilómetros
con desnivel para tener la posibilidad de sólo inscribirse. Fueron dos años de
esfuerzo viajando para participar en carreras de Trail y poder terminarlas,
entrenando en suelo santafecino que está a nivel del mar. Su único
entrenamiento con ondulaciones fue hacer el recorrido costero en Paraná, en la
provincia de Entre Ríos, a 30 km de Santa Fe.
Con el objetivo de juntar puntaje se enfrentaron a un gran número de
aventuras en Chile y Argentina, todas organizadas en la Cordillera de los
Andes, para luego animarse al gran Monstruo de los Alpes en Francia. ¨The North
Face Endurance Challenger¨ de Salta, Santiago de Chile y San Carlos de
Bariloche, las carreras ¨Yerba Buena¨ en
Tafi del Valle en Tucumán y ¨Patagonia Run¨ en San Martin de los Andes. Otras
carreras fueron ¨Conociendo a la Pachamama¨ en Jujuy, ¨Vulcano Ultra Trail¨ en
los Faldeos del Volcán Osorno en Chile, ¨Cuatro
Refugios¨ en San Carlos de Bariloche, el ¨Cruce de los Andes¨ de Columbia y ¨Yaboty
Ultra Trail¨. Todas carreras durísimas y de gran esfuerzo económico para
hacerlas.
Cuando
tuvieron los puntajes fueron a sorteo. Un día recibieron la gran noticia:
estaban adentro de la carrera. Los cuatro irían juntos hasta Francia para
finalmente dar el gran paso. Ya la sola idea los emocionó y los movilizó para
entrenar con más ganas.
Esteban
viajó a Chamonix con su esposa y con su hijo de tres años, Benjamín, el Petit Prince
de esta historia. Javier, Federico y Alejandro fueron acompañados por dos
grandes amigas. Cuando yo llego a Chamonix, me encuentro con el grupo completo.
Están los cuatro corredores sentados en la mesa de un apartamento alquilado
mirando cada uno su recorrido, como en una reunión de planificación. Sus
miradas y sus gestos exagerados, sus risas, su imposibilidad de quedarse
quietos demuestran la felicidad que sienten de estar allí. Javier responde con
una sonrisa enorme cuando le pregunto cómo se siente. Es un hombre callado pero
no se precisan las palabras, sus ojos me dicen todo lo que tengo que saber.
Llegó después de tanto esfuerzo a estar acá, en Chamonix a punto de correr la
gran carrera de Trail del mundo. A Javier se le escaparon estas palabras: ¨
Vivo los deportes con mucha emoción porque soy consciente de todo lo que me
brindan¨.
Alejandro,
como siempre, responde con un chiste. Señala la ventana que nos regala al Mont
Blanc, un paisaje de revista y dice: ¨¡¿Cómo querés que me sienta!? ¡Mira la
vista horrible que nos tocó!¨, siguiente paso es sonreír como un niño y que se
le formen arrugas al costado de sus ojos. De pronto aparece Benjamín desde uno
de los dormitorios y corre hacia Alejandro gritando: ¨¡Pajarito!¨. No entiendo
y entonces me explica: ¨Pájaro me dicen en fútbol porque corro rápido como
Caniggia, que también le dicen así, pero por suerte no la tengo a su esposa
Mariana Nanis!¨. Nunca faltan las risas
después de que Ale dice algo. Alejandro es el anti-runner. No hace
entrenamientos muy duros, no va al gimnasio sino que juega al fútbol, no tiene
ropa ni accesorios técnicos, no consume geles, ni se compra zapatillas cada seis meses. Pero
cuando le pregunto qué es lo que hace mientras corre, él hace un gesto de no saber
qué contestar y sólo dice: ¨Voy de a poco, sólo me propongo llegar al siguiente
puesto, me concentro en el momento y me pongo de novio con algún otro corredor
que hable castellano y vamos hablando de la vida¨. Este dominio de su ansiedad es lo que lo
define como corredor y lo que le ha permitido terminar muchas carreras de 100
kilómetros.
Tienen
en sus manos un gráfico de las pendientes a lo largo de la carrera. Federico y
Alejandro tienen 100km por delante de la CCC y hasta 26 horas para hacerla. Estas
carreras internacionales tienen puntos de corte. Ale estima 24 y se ríe de eso.
Calcula que si al primer puesto puede llegar después de dos horas de empezar, él
va a llegar en una hora y 59 minutos y así con el resto de los puestos. Por
otro lado Javi y Esteban van a animarse a la UTMB con 170 km de camino y un
cálculo de entre 35 y 40 horas. No importa tanto. Los números son parte de la
anécdota. El Principito nos recuerda ¨A los mayores les gustan las cifras.
Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del
mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos
prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?" Pero en cambio preguntan:
"¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su
padre?" Solamente con estos detalles creen conocerle¨. En Chamonix somos
todos niños, ya no importan las cifras, acá vienen a cumplir con algo mucho más
grande.
Como
parte del juego, miran su recorrido una y otra vez y hacen cálculos de donde les
conviene consumir un gel o donde van a tener agua y comida. Se dan consejos, se
animan entre sí y se hacen chistes. Esteban lo mira a Javier y llama la
atención sobre lo que cambió como runner desde el año 2006. Le toca el hombro
como empujándolo con cariño y le dice: ¨¿Quién te hubiera visto comprando vasos
de marca Salomon a diez euros?¨. Javier sonríe pícaro y se trata de explicar
diciendo que era el más económico, que por eso lo había comprado. Todo el grupo
se ríe. Los cuatro son corredores amateur, y como tal fueron de a poco
adquiriendo accesorios ya que en Argentina todo cuesta mucho dinero y no es tan
sencillo acceder a ciertos productos. Por ejemplo, un par de zapatillas de
running están el doble de lo que le puede costar a un europeo. Correr no es
una actividad económica, principalmente
cuando se quiere dedicar al Trail Running que demanda un equipo más técnico.
Federico
se prueba la mochila ya preparada con la lista de cosas que deben llevar: un
pantalón largo, remera térmica, manta térmica, linterna minera y pilas de
repuesto, celular con señal, pasaporte. Se la saca y se la vuelve a poner. Incluye
dos botellas con agua y salta en el lugar para sentir el peso. Está contento
como con juguete nuevo. Luego, saca su número de corredor y se lo prueba en la camiseta.
Se siente orgulloso de haber llegado allí y aun no corrió.
Para
irse a registrar a la carrera y buscar su kit y número Esteban tiene que llevar
todos los elementos de la lista de obligados. Prepara la mochila tal cual va a
correr y sale con su mujer y su hijo Benjamín que lo acompañaron a esta
aventura. Cuando un corredor se pone uno de estos objetivos, no sólo es un
esfuerzo personal sino de la familia entera. Son horas en casa dedicadas al
entrenamiento y no a estar compartiendo con la familia, son fines de semana de
viaje para correr en distintos puntos del país, son miles de pesos invertidos
en esta pasión.
La
tarde de descanso anterior al comienzo de su carrera, Javier, sentado a la mesa
mirando el Monte por la ventana me cuenta ¨Desde chico sentí una inclinación
natural hacia los deportes, con el tiempo y casi sin darme cuenta me convertí
en deportista amateur. Creo que el cuerpo en movimiento por sus propios medios
es la forma ideal de recorrer paisajes y ser parte activa de la naturaleza¨.
Tal
vez en esta frase sencilla está la respuesta a la pregunta que tantos se hacen:
¿Por qué? ¿Por qué correr? ¿Por qué tener que hacer tremendo esfuerzo? ¿Por qué
viajar 14.000km para participar en una
carrera? Estando en Chamonix pude conversar con un corredor de Singapur, del
otro lado del mundo, con una cultura muy diferente en tantos aspectos a la de
los corredores argentinos. Pero, llamativamente, a él también le hacen esas
preguntas. Sus amigos lo tratan de loco, desquiciado, un sinsentido. Y finalmente
de eso se trata. Correr por correr, correr para acordarse de que se está vivo,
correr para encarnarse con la naturaleza, ser parte. Antoine de Saint-Exupéry
escribe en primera persona en El Principito: ¨Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes
boa (…), y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la
gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera
de pintor(…)Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es
muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones¨. Para
los corredores es igual, no es necesario dar tantas explicaciones, lo hacen
para volver a su esencia de niños que juegan e inventan mundos. Estos cuatro
corredores inventaron un reinado vasto y su conquista fue por momentos puesta
en duda.
Esa
noche, anterior a la salida de las carreras, ponen la mesa temprano para
sentarse a comer. Todos ayudan a acomodar los platos y vasos. Parece que va a
ser una gran cena, y lo es. En el menú sólo pasta con algo de queso. En las
caras, pura expectativa y alegría por lo que se viene.
Al
otro día, Chamonix entero madruga para ver la salida de la carrera CCC. Los
corredores se levantan a las seis de la mañana a tomar su desayuno. A las 7:30
salen los buses hacia Courmayeur del lado Italiano desde donde Alejandro, con la camisetaArgentina puesta para correr, y
Federico salen a hacer sus 100km de Mont Blanc. Se espera un día de muchísimo
calor, lo que puede hacer el desafío aún más duro. Faltan sólo 10 segundos para
la largada y el público sostiene sus celulares y cámaras con los brazos en alto
con la esperanza de poder tener registro del rostro de alegría de quienes
vinieron a acompañar. Un niño tiene una bandera de Japón en alto. Los anuncios
se dicen en tres idiomas. Se escuchan personas tratando de entenderse en
diferentes lenguas. Es realmente un evento internacional. 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4,
3, 2, y largan finalmente.
A la
tarde Esteban y Javier salen del departamento. Desde el balcón Benjamín saluda
con la mano a su papá que le grita: ¨Benja, acordate de decirle a mamá que te
traiga acá enfrente que está la casa de Los Tres Chanchitos!¨, y señala una
casita de madera como de dibujos animados que hay frente al departamento.
Benjamín le sonríe. Cuando se están yendo a la salida de la carrera Javier lo
abraza a Esteban y así caminan juntos. Se alistan con el resto de los
corredores en la largada de la UTMB. Llega el momento, suena un estruendo y
salen. Los primeros del pelotón van saludando al público. Dentro de los 2600 valientes, están Javier y
Esteban ya concentrados en su camino. Su mente y espíritu puestos en la
carrera. El resto ya no importa. Estiman aproximadamente 40 horas para correr,
9 picos, 9500 metros de subidas acumuladas, dos noches sin dormir.
Al
atardecer me dediqué a observar el Cerro señorial de 4800mts y pude dimensionar
a lo que los corredores venidos de una tierra llana se estaban enfrentando.
Terminar 100 y 170 km de montaña, de esa montaña, es la real conquista de cada
una de sus almas. Eso tal vez buscó Shakelton cuando se embarcó hacia la
Antártida, Da Cunha en el Amazonas o encontró Alvar Nuñez Cabeza de Vaca cuando
vio la inmensidad de las Cataratas del Iguazú por primera vez. Eran más que
simples conquistadores, su real tesoro estaba en el interior. Ellos, en algún
punto, también estaban jugando a correr por correr.
El
primero en llegar de los cuatro es Federico que levanta los brazos y cruza la
meta mirando hacia el cielo. Dice que fue la carrera más dura de su vida y agradece
haber abandonado la última carrera en Chile antes de venir a Francia, ya que
con esos puntos de más le hubieran permitido anotarse en los 170 km! Después de
una media hora se corrige y comenta que sabe que el mayor poder lo tiene la
mente. Si hubiera estado mentalizado a correr el doble de kilómetros el cuerpo
seguro se hubiera adaptado. ¨El cuerpo se acomoda, somos flexibles si se tiene un
entrenamiento adecuado¨, comenta, ¨pero finalmente es la mente la que pone las
reglas en el juego¨.
Cuando
llega al departamento se comunica con su familia y recibe cantidad de mensajes
de felicitaciones. Luego se levanta y rengueando hasta el baño dice ¨Voy a
tratar de bañarme¨, enfatizando el verbo tratar. El nuevo desafío es
recuperarse.
Más tarde
Federico y las dos amigas, como soldados en guardia, esperan la llegada de
Alejandro que se reconoce a distancia por la camiseta de Argentina. Cuando
cruza la meta, está agotado y agarrotado, pero contento de haberlo logrado. El
porcentaje de abandonos es alto, de 1900 corredores 742 decidieron dejar la
carrera en algún punto del camino. Como siempre después de estos desafíos tan
extremos los corredores sienten que no quieren más de estas experiencias, pero
siempre se pasa cuando después de un tiempo algún amigo lo entusiasma con un
nuevo recorrido.
Esa
noche sólo podemos pensar en Javier y Esteban que siguen su camino, ya es su
segunda noche de correr casi sin parar. Inimaginable. Increíble. Inaudito.
Esperando
en la meta al otro día a que aparezcan Esteban y Javier se sienten las lágrimas
y los besos, los gritos y los abrazos, las palmadas, los saltos de logro. Los
corredores llegan con niños en sus brazos, con banderas, con sus esposas y
esposos, novios y novias que son partícipes del esfuerzo mutuo en los últimos
metros de carrera, algunos llegan con sus perros y otros con narices de payaso.
Algunos llegan y se desvanecen del cansancio, otros están solos. Nadie los
abraza ni los felicita. Cada uno de los que cruzaron esta meta es un Rey, hasta
el último.
Esteban
corre con Benjamín en sus brazos y su esposa a su lado. Javier llega unas horas
más tarde llorando y saltando con los palos de trekking arriba como queriendo
alcanzar algo en el cielo. Creo que lo alcanzó y creo también que es consciente
de ello. Terminó la UTMB, no abandonó, pudo ir más allá de sus miedos y de sus
límites.
La
carrera superó las expectativas de los corredores. Federico dice que fue increíble que sucediera eso ya que al
venir con tantas ilusiones de que esta va a ser la carrera de tu vida es
difícil ir más allá. Ahora es tiempo de descansar, ya que se los ve consumidos
y más débiles. Se hacen comentarios de las ampollas y de los dolores, pero la
satisfacción que sienten supera cualquier molestia pasajera. Comen despacio para
que no les caiga mal la comida después de dos días de gastar el cuerpo. Revisan
la carrera y cuentan de los encuentros con otros corredores. Alejandro corrió
gran parte del camino con un Cordobés y cuando llegaron a la meta se abrazaron
como si fueran amigos de toda la vida. Es en estas situaciones extremas que uno
pierde el miedo a demostrar sentimientos y se priorizan los lazos y el contacto
con otros.
Llega
el final de la fiesta. Esteban se va con su familia y Federico para Italia en
un auto. Alejandro y Javier viajan en otro auto hacia el lado contrario. Se
despiden y prometen juntarse en Argentina a comer y ver las fotos del
viaje. Nadie abandonó, ni los corredores ni los acompañantes que
prepararon las comidas y se levantaron a las 4 o 5 de la mañana para verlos
llegar. Al terminar la carrera siempre hubo un ofrecimiento de ¨¿Querés un café
Javi? ¿Un te Ale? Vení, sentáte de este lado así no caminas hasta esa silla.¨.
En las
calles de Chamonix ya no hay gritos de aliento y alegría en todas las esquinas.
El arco de llegada y el escenario se desarmar durante la mañana y se barren las
últimas lágrimas de alegría que dejaron los corredores al llegar a la meta. Veo
un Petit Prince imaginario que saluda con la mano desde la cima del Monte y
sale corriendo. Chamonix vuelve a la normalidad y los corredores también pero
con una sensación de haber crecido, de ser reyes, de haber sido una vez más fiel a sí mismos.
Regina
Candel Martinez
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