Mostrando entradas con la etiqueta Estados Unidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estados Unidos. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de junio de 2018

Amalia viaja 3. New Orleans. Estados Unidos.

Amalia viaja 3. Estados Unidos. Amalia tiene 8 meses.

Este viaje llevó mucha planificación para que las cosas salieran bien. Cambió muchísimo mi manera de viajar. Antes no hacía reservas de hotel, hoy viajamos con todo reservado. No quiero sorpresas al llegar a una ciudad con Amalia cansada. Elegí hoteles que nos ofrecieran departamentos con cocina y cuna con colchón. Llamativamente en Estados Unidos los hoteles ofrecen lo que ellos llaman Pack and Play, una especie de practicuna, pero la ofrecen sin colchón ni sábanas de bebé. Tuvimos que
pedir específicamente que inventaran algún tipo de colchón. Hay que insistir con esto, y hacerlo con tiempo. La cocina me permitió seguir una dieta sana para Amalia, procurando que los platos no tengan sal ni azúcar. Para comer, como Amalia se sentaba pero aun con posibilidad de caerse de la silla, usé un cinto mío alrededor de una silla que la sostenía a Amalia en caso de querer irse hacia adelante. Fue una idea práctica y fácil.

Viajar es adaptación, es tratar de preveer algunas cosas pero sabiendo que vamos a tener que ser prácticos y más flexibles. En casa Amalia tiene su plato y cuchara; de viaje usamos cualquier plato y cuchara, en casa usamos el vasito vertedor; de viaje le damos agua con un vaso común, en casa juega con sus juguetes; de viaje juega con algunos elementos de cocina que no sean peligrosos.
Los vuelos también fueron bien planificados. Amalia ya pesaba más de diez kilos (el máximo para que Aerolíneas Argentinas te de una cuna), pero igualmente pedimos la cuna tres meses antes. No tuvimos suerte. Cuando hicimos el check-in en el aeropuerto nos indicaron que todas las cunas estaban ocupadas, lo que resultó mentira. Los asientos estaban ocupados, pero no había ningún bebé en el avión más que Amalia.

Tomamos algunas decisiones muy buenas para viajar con una beba. Reservamos tres asientos, en vez de dos, a pesar de que con menos de dos años los bebés pueden no pagar asiento y viajar arriba de un adulto. Esto nos permitió descansar bien, disfrutar del vuelo. Es más dinero, pero vale totalmente la pena. La segunda buena decisión fue viajar de día, sin modificar el sueño. A lo largo del viaje también decidimos viajar siempre de día y hacer noche en hoteles en la ruta. Esto nos permitió descansar a todos bien. Al otro día estábamos frescos para seguir andando, con ganas de seguir en el camino más que de llegar.

Siempre hay cosas por hacer con una beba, claro que se limitan algunos tiempos y salidas. Salir a cenar afuera lo descartamos, a no ser una cena muy tempranera, tipo 7/8 de la noche para poder volver al hotel y dejar descansar a la beba. Es verdad igualmente que los bebés se adaptan, pero en algún momento demuestran su malestar. Nosotros solo hicimos dos salidas, para ver un poco la noche de New Orleans, de lejos, esa noche que ya no me interesa. Cambian las prioridades y las ganas. Prefiero hoy volver al hotel, bañar en paz a Amalia, acostarla y quedarme charlando tomándome una cerveza o bien acostarme a leer. Al otro día arranca el show nuevamente, el show de Amalia, así que hay que descansar.

La gente le sonríe, ella feliz. Viajar para un bebé es presentarle un mundo de estímulos nuevos. Rostros, idiomas, olores, colores, texturas, ruidos, comidas. Es verdad que no se va acordar del Acuario de New Orleans, del paseo en bote por el pantano, de sentarnos en Stanley, esa esquinita tan hermosa de la ciudad. Pero todo, absolutamente todo, aporta a su desarrollo sensorial y neurológico. No es lo mismo ponerle una pantalla delante que llevarla a pasear por el Barrio Francés, no es lo mismo darle de comer fideos todos los días que dejar que prueben sabores nuevos desde ahora, no es lo mismo que escuchen el idioma español toda su vida que estar expuesta al inglés, italiano y francés aunque sea de vez en cuando. Sus ganas de ampliar el mundo, de curiosidad se estimulan también, en eso también estamos trabajando.


miércoles, 27 de julio de 2016

Miami: La ciudad de los ísimos.

En Bayside Market


Me encontré con Miami por primera vez en mi segundo viaje a este monstruo de ciudad. Caminaba una tarde calurosa, calurosísima por Bayside Market. Paseo dominguero. Uno se imagina familias o grupos de amigos caminando, mirando vidrieras, haciendo alguna compra o tomando algo en Hard Rock Café. Pero no. Lo que me encontré fue un gran escenario con una bahía y cantidad de botes, lanchas, veleros y yates de fondo. Sobre el escenario una mujer de unos sesenta años rubia pelo largo, pollera de cuero negra, medias de red negras y botas hasta la rodilla de taco alto doradas.  Frente a ella un micrófono y a su alrededor cuatro músicos de pelo largo, remeras metaleras negras obviamente, alguno con un sombrero de cowboy, todos de sesenta años para arriba. Actitud rockera. Espíritu metalero. Alma de música pesada. Comienzan a tocar y de pronto reconozco indicios de salsa, bachata y cumbia colombiana en su repertorio. Sale el publico a bailar a la pista. Una muchacha preciosa, delgada, chaleco de jean, short de jean y tacos altos, piernas larguísimas. Nada la detiene y con su sonrisa y aretes grandes rosados saca a bailar a un hombre con pinta de venezolano. Camisa blanca, sonrisa gigante tipo colgate y el pelo con gomina atado con una colita. Sus kilos de mis no significaron nada a la hora de bailar con la muchacha. Los dos se reían. Mientras la mama, tía y abuela de la muchacha, las tres con caras latinísimas, la filmaban y aplaudían desde la tribuna. Alguien me empuja y cuando me corro veo tres chinas de unos 40 años con unas ganas locas de bailar que se mueven apresuradas a la pista. No saben los movimientos ni entienden la letra. Solo bailan y se ríen. Mas lejos veo a un hombre solo. Negro. Altísimo. Todo vestido de blanco hasta el sombrero. Sus movimientos son del tipo Mick Jagger pero creo que sólo es porque está borracho. Se lleva la vida por delante. Por un momento me imagino que su semana es rutinaria , aburrida, solo tomando sentido cuando llega el fin de semana y se prepara para este evento. Su domingo en Bayside Market. Es su chance de ser alguien inventado. Hay mujeres con vestidos largos y otras con vestidos cortísimos y escotes pronunciados. Hay mujeres que no son mujeres con tetas gigantes. Hay hombres blancos gordos con remeras que no le tapan la panza y mucha barba. Hay hombres de 70 años que bailan como si tuvieran treinta. Hay familias con niños rubios y blanquísimos. Hay negras exuberantes con peinados de trenzas y calzas tapando colas gigantes. Hay cubanos, colombianos, venezolanos, brasileros, chinos, indios, y algún que otro norteamericano. Así comienzo a conocer Miami. La ciudad donde todo es ísimo. La ciudad donde una banda rockera toca bachata para latinos y chinos. Si, definitivamente eso es Miami.