Siempre vuelvo a este rincón, el de las mis palabras, buenas o malas, no importa. El rincón donde me expreso, y con eso me basta. Varias vidas en un blog. Viajes, viajes y más viajes. Luego hijos, familia e hijos de los otros. Y más tarde de nuevo, viajes, viajes y más viajes. Cuando algo se lleva en el alma, cuando algo es tan íntimo de tu esencia, resiste, se aferra y vuelve a aparecer, ¿no te parece?
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lunes, 17 de mayo de 2010
Caracas y Playa Colorada.
Cambiamos de país, cambiamos de costumbres comerciales. Como en otros países sudamericanos, pero a diferencia de Brasil y Argentina, las terminales son un pequeño caos bajo control relativo. Los pasajes se venden en los pasillos y plataformas por gente que grita los destinos al viento. Y Mengueche sabe lo que valen los pasajes de verdad. En las ventanillas de algunas empresas se exponen precios y horarios. En la ventanilla no hay nadie. "¿Dónde está el vendedor de La Guayanesa?"; gritando destinos en alguna parte de la terminal. "Bajito, moreno y de bigotes". Lo encontramos. Nos vende el pasaje a diez bolívares más caro que lo que dice el cartel en la ventanilla de la empresa. "Es que aumentó". Discutimos. No le compramos. Nos pasamos cuatro horas esperando para otra compañía. El pasaje lo venden sólo una hora antes de la salida del micro, cuando llega el empleado. Con nostros viaja un hombre que compró en La Guayanesa y se quedó abajo en la puerta del ómnibus por sobreventa de pasajes. Finalmente viajamos.
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