Hace casi un año entero que no escribo, ni en el blog ni en
ningún otro lado. Sé que mi inspiración aparece como por arte de magia cada vez
que se acerca un viaje. De pronto aparecen unas necesidades extrañas de
escribir. Siento que de alguna manera con la proximidad de una nueva aventura
me permito abrir todos los sentidos al mundo: comienzo a oler y degustar, a
mirar y no solo ver, a prestarle atención a las cosas mínimas y extrañas que
suceden en mi mundo…reducido hasta que me subo al avión y la realidad se
ensancha.
Dos veces lloré al estar llegando a un destino, en la
llegada a Ushuaia en el año 2002 y en el aterrizaje en Beijing el 1 de enero
del 2013. En el primer caso estaba sola y estaba llegando a dedo, en el auto de
una pareja. Era una gran hazaña para mí estar pisando Tierra del Fuego, el fin
del mundo, luego de bastante discusión
con mis padres que rechazaban las ideas viajeras que tenía. Ya era grandecita,
22 años, ya tenía en mis hombros un viaje de tres meses por Europa. No veía por
qué no podía llegar al extremo sur de mi país. Las lágrimas no paraban de salir
cuando comenzamos a divisar Ushuaia desde la ruta.
Lo mismo me pasó cuando el avión comenzó a descender sobre
el aeropuerto de Beijing. Simplemente no
lo podía creer. Un nuevo extremo en mi lista de destinos. Esto es lo más lejos
que puedo estar de casa. China…Esta vez no estaba sola. Al lado Fabi me sonrió
y me agarró la mano. En este preciso momento la magia se manifestó y varios de
los problemas que veníamos arrastrando desaparecieron. Sabíamos que este viaje
iba a funcionar como bisagra en nuestras vidas. Siempre sabiendo que sea cual
fuera la decisión, todo iba a ser para mejor.
El 5 de marzo, cuando pegamos la vuelta a casa, después de
dos meses de aventuras, las sensaciones eran otras. Volvimos felices. Toda la última
etapa del viaje estuvo dividida en dos países: el norte de Vietnam y el sur de
China.
No es fácil escribir tratando de recordar lo que pasó hace
un año atrás en un país tal lejano. No es sólo por el hecho de no recordarlos
nombres de los lugares adonde estuvimos o no poder ordenar los eventos como
sucedieron. Pasa algo más extraño aún. El transportarse a otras formas de vida,
con otros idiomas, otras formas de vestir y de comer; viajar a lugares donde
uno es el extraño, al punto que te rodean y te observan cual oso panda comiendo
una caña de bambú, donde los olores te parecen extremos (o te morís del placer
o te dan nauseas), donde todo es nuevo para estimular nuestros sentidos…llego a
la conclusión que viajar es entrar en una dimensión distinta, el concepto de tiempo
y del espacio se modifican, los días parecen cortos, pero en realidad te
permiten hacer mucho y lo que uno ve en el mapa y dice:¨¿Cómo voy a hacer para
llegar tan lejos?¨, finalmente se transforma sólo en kilómetros, no es más que
eso, kilómetros recorridos…y si uno piensa: Si hago 30 km para llegar desde
Santa Fe a Paraná, ¿por qué no hacer 170km más la próxima y llego a La Paz?, y
después un poco más y un poco más y llego a Las Cataratas del Iguazú…y así uno
se va moviendo y al final de la cuenta…no es más que recorrer kilómetros.
Piensen algo, ¿Cuántas personas de sus conocidos se van de esta vida con el
deseo de haber conocido Iguazú? Y nunca se animaron a hacerlo, a moverse, a enfrentar el cambio
constante que significa viajar.
Vietnam
Finalmente pudimos salir de Ho Chi Ming, después de que
pasara la locura del Fin de año Chino. No nos quedó otra que tomar el primer
bus que nos sacara de la ciudad y fue hacia Nha Trang. Valió la pena. Es un
lugar bastante turístico sobre la costa, así que hicimos vida de playa y
barcito a la noche durante algunos días, descansando de la vorágine que había
sido nuestra pasada por Ho Chi Ming. El Hostel, el Mojzo Inn (http://www.hostels.com/hostels/nha-trang/mojzo-inn/61102?p=9#propertyAnchor=p61102)
donde conseguimos cama a 7 dólares cada uno ayudó a nuestro descanso. Todo era
impecable, la habitación era compartida, pero con baño dentro de la misma a y a
la mañana servían un desayuno de baguette, huevo a la plancha y jugo que
ayudaba a comenzar el día con energías.
Lo interesante fue
conocer a dos fotógrafos Vietnamitas:
Long Thanh (http://www.elephantguide.com/longthanh/galleries/index.htm)
tiene una galería bastante imponente, trabaja todo en blanco y negro y por lo que
nos contó vende muchísimo a los extranjeros. Realmente daban ganas de traerse algunas
de sus fotos, pero no eran trabajos que estuvieran dentro de nuestro
presupuesto. Nos habló de lo difícil que es en Vietnam conseguir los insumos
para hacer las copias, ya que él revela todo analógicamente. Un gran artista!
Mai
Loc (http://mailocphotos.com/)
también tiene una galería interesante. Es otro tipo de trabajo, todo con
digital y se nota en la calidad final de la foto. Investigando sobre este
fotógrafo encontré en el blog de un viajero exactamente la misma historia que
Mai Loc nos contó a nosotros en cuanto pusimos un pie adentro de la galería. Es
una historia muy loca, pero ¿por qué no creerle?
Cuando Mai
Loc era pequeño y
tenía 12 años, se ganaba la vida vendiendo cigarros en la estación de tren.
Desde 1985 hasta 1989, se ganaba la vida con el contrabando del café.
Ya en el año 1989 entró en la bancarrota, y su vida giró en torno a la búsqueda
de oro en las montañas a unos 35km al este de Saigón (Ho Chi Minh) cerca
del Parque Nacional Nam Cat Tien. Según dice, mucha gente fue
contagiada por la Malaria, la cual ,él contrajo también y estuvo cerca de 3
meses muy mal. Desde que dejo esa vida, de 1990 a 1998 se dedico al ciclo-taxi.
En 1994, empezó a estudiar inglés.
Un día de 1995, unos turistas llamados Gunnar
Simonsen y Eva W. Mellquist, una pareja de noruegos que estaban
de vacaciones en Vietnam, cogieron el ciclo-taxi de Mai Loc. Ellos encontraron
en él su interés por el aprendizaje del inglés, y le prometieron que le pagarían
sus clases de enseñanza. Ese matrimonio, formaron con el conductor una bonita
amistad, tanto, que los dos siguientes años fueron a verle de nuevo. Cuando Mai
Loc, organizó su boda, el matrimonio noruego fue invitado, y como regalo de
boda, le regalaron una pequeña cámara fotográfica.
En 1998, justo antes de que Gunner muriera de
una enfermedad terminal, él le envió a Mai Loc $6.000 con los que pudo empezar
su nueva vida. Con ello monto su propia empresa de tours, con las
que junto a su cámara que le habían regalado, pudo aprender de la fotografía.
En 2002, cuando Eva volvió a Vietnam, se quedo impresionada por
la calidad fotográfica que tenia, y lo primero que hizo cuando volvió a
Noruega, fue presentar sus fotos a distintas galerías. Eso le proporciono que
fuera invitado a distintos eventos. El único inconveniente para Mai Loc, era el
tema del visado, ya que era muy difícil conseguirlo. Así que en el año 2006, elFestival de Fotografía de
Nordiclight en Kristiansund, invitó a Loc, que junto con la
Asociación de Fotógrafos de Noruega y el Gobierno, hicieron posible su sueño de
pisar el país y comenzar una nueva vida como fotógrafo profesional.
Creer o reventar, yo elijo creer sino no podría viajar.
Hasta mañana, que seguiré relatando algunas historias de
Vietnam…
