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jueves, 3 de enero de 2019

¨Running en el Mont Blanc, la crónica de una aventura fascinante¨ de revista En Femenino

Escribí esta crónica en el año 2016 cuando viaje con los corredores a Chamonix, Francia a seguir su carrera y finalmente salió publicada hace unos días en la revista española En Femenino. Una aventura de cuatro corredores argentinos que se animan a la superación personal constante. Pueden ver el artículo en el siguiente link: 

https://www.enfemenino.com/ejercicios/running-mont-blanc-s2988173.html

Si alguna vez has sentido la necesidad de ponerte un desafío, esta es una historia inspiradora de cuatro corredores que cumplieron su sueño de correr en el Mont Blanc. ¡No te la pierdas!
Todos nos imaginamos alguna vez haciendo algo que nos haga sentir que merece la pena estar vivo. La montaña siempre ofrece esa adrenalina, en cada ondulación hay una expectativa de lo que viene, de cómo sigue el camino. La montaña nos enfrenta con nuestra fortaleza y con nuestros miedos. Esta es una historia de reyes que dominan el territorio más complicado: su propia alma. Cuatro corredores que enfrentaron el desafío de la UTMB (Ultra Trail Mont Blanc) en Chamonix, Francia.

La persecución de un sueño

Cuatro corredores argentinos se animaron al gran desafío de correr 100 y 170 km en el Mont Blanc, que con 4800 mts es el pico más alto de los Alpes. El desafío era correr la UTMB (Ultra Trail Mont Blanc) y la CCC (Chamonix, Champex, Courmayeur), dos carreras emblemáticas dentro del mundo del Trail Running. Fueron 7500 corredores en total que se movilizaron junto a amigos y familiares hasta Chamonix en Francia para participar de esta gran fiesta. Una enorme celebración de cinco carreras diferentes durante una semana alrededor de la imponente presencia del Cerro Blanco y su manto de nieve glaciar, una enorme celebración que unió tres países para su organización (Francia, Suiza e Italia), y donde personas de 87 naciones estuvieron presentes. 2000 voluntarios, 34 médicos y 65 enfermeros, 340.000 euros recolectados para donar a organizaciones solidarias. Números gigantes para un evento que ya tiene 16 años de vida.
A esto se enfrentaban Javier, Alejandro, Federico y Esteban cuando decidieron participar en la carrera. Para poder ser parte de la UTMB tuvieron que juntar 15 puntos en carreras anteriores en las cuales corrieran más de 60 kilómetros con desnivel para tener la posibilidad de inscribirse. Fueron dos años de esfuerzo viajando para participar en carreras de Trail y poder terminarlas, entrenando en su ciudad natal que está a nivel del mar. Cuando tuvieron los puntajes fueron a sorteo. Un día recibieron la gran noticia: estaban dentro de la carrera. Los cuatro irían juntos hasta Francia para finalmente dar el gran paso. Ya la sola idea los emocionó y los movilizó para entrenar con más ganas.

Esteban viajó a Chamonix con su esposa y con su hijo de tres años, Benjamín, el pequeño príncipe de esta historia. Javier, Federico y Alejandro fueron acompañados por dos grandes amigas. Cuando yo llego a Chamonix, me encuentro con el grupo completo. Están los cuatro corredores sentados en la mesa de un apartamento alquilado mirando cada uno su recorrido, como en una reunión de planificación. Sus miradas y sus gestos exagerados, sus risas, su imposibilidad de quedarse quietos demuestran la felicidad que sienten de estar allí. Javier responde con una sonrisa enorme cuando le pregunto cómo se siente. Es un hombre callado pero no se precisan las palabras, sus ojos me dicen todo lo que tengo que saber. Llegó después de tanto esfuerzo a estar acá, en Chamonix a punto de correr la gran carrera de Trail del mundo. A Javier se le escaparon estas palabras: ¨ Vivo los deportes con mucha emoción porque soy consciente de todo lo que me brindan¨.

Alejandro, como siempre, responde con un chiste. Señala la ventana que nos regala al Mont Blanc, un paisaje de revista y dice: ¨¡¿Cómo querés que me sienta!? ¡Mira la vista horrible que nos tocó!¨, siguiente paso es sonreír como un niño y que se le formen arrugas al costado de sus ojos. Alejandro es el anti-runner. No hace entrenamientos muy duros, no va al gimnasio sino que juega al fútbol, no tiene ropa ni accesorios técnicos, no consume geles, ni se compra zapatillas cada seis meses. Pero cuando le pregunto qué es lo que hace mientras corre, él hace un gesto de no saber qué contestar y sólo dice: ¨Voy poco a poco, solo me propongo llegar al siguiente puesto, me concentro en el momento y me pongo de novio con algún otro corredor que hable castellano y vamos hablando de la vida¨. Este dominio de su ansiedad es lo que lo define como corredor y lo que le ha permitido terminar muchas carreras de 100 kilómetros.

Tienen en sus manos un gráfico de las pendientes a lo largo de la carrera. Federico y Alejandro tienen 100km por delante de la CCC y hasta 26 horas para hacerla. Estas carreras internacionales tienen puntos de corte. Ale estima 24 y se ríe de eso. Calcula que si al primer puesto puede llegar después de dos horas de empezar, él va a llegar en una hora y 59 minutos y así con el resto de los puestos. Por otro lado Javi y Esteban van a animarse a la UTMB con 170 km de camino y un cálculo de entre 35 y 40 horas. No importa tanto. Los números son parte de la anécdota.

Como parte del juego, miran su recorrido una y otra vez y hacen cálculos de donde les conviene consumir un gel o donde van a tener agua y comida. Se dan consejos, se animan entre sí y se hacen chistes. Esteban lo mira a Javier y llama la atención sobre lo que cambió como runner desde el año 2006. Le toca el hombro como empujándolo con cariño y le dice: ¨¿Quién te hubiera visto comprando vasos de marca Salomon a diez euros?¨. Javier sonríe pícaro y se trata de explicar diciendo que era el más económico, que por eso lo había comprado. Todo el grupo se ríe. Los cuatro son corredores amateur, y como tal fueron de a poco adquiriendo accesorios ya que en Argentina todo cuesta mucho dinero y no es tan sencillo acceder a ciertos productos. Por ejemplo, un par de zapatillas de runningestán el doble de lo que le puede costar a un europeo. Correr no es una actividad económica, principalmente cuando se quiere dedicar al Trail Running que demanda un equipo más técnico.

La preparación previa

Federico se prueba la mochila ya preparada con la lista de cosas que deben llevar: un pantalón largo, camiseta térmica, manta térmica, linterna minera y pilas de repuesto, celular con señal, pasaporte. Se la saca y se la vuelve a poner. Incluye dos botellas con agua y salta en el lugar para sentir el peso. Está contento como con juguete nuevo. Luego, saca su número de corredor y se lo prueba en la camiseta. Se siente orgulloso de haber llegado allí y aun no corrió.

Para irse a registrar a la carrera y buscar su kit y número Esteban tiene que llevar todos los elementos de la lista de obligados. Prepara la mochila tal cual va a correr y sale con su mujer y su hijo Benjamín que lo acompañaron a esta aventura. Cuando un corredor se pone uno de estos objetivos, no sólo es un esfuerzo personal sino de la familia entera. Son horas en casa dedicadas al entrenamiento y no a estar compartiendo con la familia, son fines de semana de viaje para correr en distintos puntos del país, son miles de pesos invertidos en esta pasión.


La tarde de descanso anterior al comienzo de su carrera, Javier, sentado a la mesa mirando el monte por la ventana me cuenta ¨desde chico sentí una inclinación natural hacia los deportes, con el tiempo y casi sin darme cuenta me convertí en deportista amateur. Creo que el cuerpo en movimiento por sus propios medios es la forma ideal de recorrer paisajes y ser parte activa de la naturaleza¨.

Tal vez en esta frase sencilla está la respuesta a la pregunta que tantos se hacen: ¿Por qué? ¿Por qué correr? ¿Por qué tener que hacer tremendo esfuerzo? ¿Por qué viajar 14.000km para participar en una carrera? Estando en Chamonix pude conversar con un corredor de Singapur, del otro lado del mundo, con una cultura muy diferente en tantos aspectos a la de los corredores argentinos. Pero, llamativamente, a él también le hacen esas preguntas. Sus amigos lo tratan de loco, desquiciado, un sinsentido. Y finalmente de eso se trata. Correr por correr, correr para acordarse de que se está vivo, correr para encarnarse con la naturaleza, ser parte.

Esa noche, anterior a la salida de las carreras, ponen la mesa temprano para sentarse a comer. Todos ayudan a acomodar los platos y vasos. Parece que va a ser una gran cena, y lo es. En el menú sólo pasta con algo de queso. En las caras, pura expectativa y alegría por lo que se viene.

Comienza la carrera...

Al otro día, Chamonix entero madruga para ver la salida de la carrera CCC. Los corredores se levantan a las seis de la mañana a tomar su desayuno. A las 7:30 salen los buses hacia Courmayeur del lado italiano desde donde Alejandro, con la camiseta Argentina puesta para correr, y Federico salen a hacer sus 100km de Mont Blanc. Se espera un día de muchísimo calor, lo que puede hacer el desafío aún más duro. Faltan sólo 10 segundos para la largada y el público sostiene sus celulares y cámaras con los brazos en alto con la esperanza de poder tener registro del rostro de alegría de quienes vinieron a acompañar. Un niño tiene una bandera de Japón en alto. Los anuncios se dicen en tres idiomas. Se escuchan personas tratando de entenderse en diferentes lenguas. Es realmente un evento internacional. 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, y largan finalmente.

A la tarde Esteban y Javier salen del departamento. Desde el balcón Benjamín saluda con la mano a su papá y le sonríe. Javier lo abraza a Esteban por el hombro y así caminan juntos hacia la largada. Se alistan con el resto de los corredores en la largada de la UTMB. Llega el momento, suena un estruendo y salen. Los primeros del pelotón van saludando al público. Dentro de los 2600 valientes, están Javier y Esteban ya concentrados en su camino. Su mente y espíritu puestos en la carrera. El resto ya no importa. Estiman aproximadamente 40 horas para correr, 9 picos, 9500 metros de subidas acumuladas, dos noches sin dormir.

Al atardecer me dediqué a observar el Cerro señorial de 4800mts y pude dimensionar a lo que los corredores venidos de una tierra llana se estaban enfrentando. Terminar 100 y 170 km de montaña, de esa montaña, es la real conquista de cada una de sus almas. Eso tal vez buscó Shakelton cuando se embarcó hacia la Antártida, Da Cunha en el Amazonas o encontró Alvar Nuñez Cabeza de Vaca cuando vio la inmensidad de las Cataratas del Iguazú por primera vez. Eran más que simples conquistadores, su real tesoro estaba en el interior. Ellos, en algún punto, también estaban jugando a correr por correr.

La llegada a la meta

El primero en llegar de los cuatro es Federico que levanta los brazos y cruza la meta mirando hacia el cielo. Dice que fue la carrera más dura de su vida y agradece haber abandonado la última carrera en Chile antes de venir a Francia, ya que con esos puntos de más le hubieran permitido anotarse en los 170 km! Después de una media hora se corrige y comenta que sabe que el mayor poder lo tiene la mente. Si hubiera estado mentalizado a correr el doble de kilómetros el cuerpo seguro se hubiera adaptado. ¨El cuerpo se acomoda, somos flexibles si se tiene un entrenamiento adecuado¨, comenta, ¨pero finalmente es la mente la que pone las reglas en el juego¨.

Cuando llega al departamento se comunica con su familia y recibe cantidad de mensajes de felicitaciones. Luego se levanta y rengueando hasta el baño dice ¨Voy a tratar de bañarme¨, enfatizando el verbo tratar. El nuevo desafío es recuperarse.

Más tarde Federico y las dos amigas, como soldados en guardia, esperan la llegada de Alejandro que se reconoce a distancia por la camiseta de Argentina. Cuando cruza la meta, está agotado y agarrotado, pero contento de haberlo logrado. El porcentaje de abandonos es alto, de 1900 corredores 742 decidieron dejar la carrera en algún punto del camino. Como siempre después de estos desafíos tan extremos los corredores sienten que no quieren más de estas experiencias, pero siempre se pasa cuando después de un tiempo algún amigo lo entusiasma con un nuevo recorrido.

Esa noche sólo podemos pensar en Javier y Esteban que siguen su camino, ya es su segunda noche de correr casi sin parar.

Al otro día los vamos a esperar a los dos corredores que faltan. Esteban pasa la línea de llegada con Benjamín en sus brazos y su esposa a su lado. Javier llega unas horas más tarde llorando y saltando con los palos de trekking arriba como queriendo alcanzar algo en el cielo. Creo que lo alcanzó y creo también que es consciente de ello. Terminó la UTMB, no abandonó, pudo ir más allá de sus miedos y de sus límites.

Un sueño más cumplido

La carrera superó las expectativas de los corredores. Federico dice que fue increíble que sucediera eso ya que al venir con tantas ilusiones de que esta va a ser la carrera de tu vida es difícil ir más allá. Ahora es tiempo de descansar, ya que se los ve consumidos y más débiles. Se hacen comentarios de las ampollas y de los dolores, pero la satisfacción que sienten supera cualquier molestia pasajera. Comen despacio para que no les caiga mal la comida después de dos días de gastar el cuerpo. Revisan la carrera y cuentan de los encuentros con otros corredores. Alejandro corrió gran parte del camino con un cordobés y cuando llegaron a la meta se abrazaron como si fueran amigos de toda la vida. Es en estas situaciones extremas que uno pierde el miedo a demostrar sentimientos y se priorizan los lazos y el contacto con otros.

Llega el final de la fiesta. Esteban se va con su familia y Federico para Italia en un auto. Alejandro y Javier viajan en otro auto hacia el lado contrario. Se despiden y prometen juntarse en Argentina a comer y ver las fotos del viaje. Nadie abandonó, ni los corredores ni los acompañantes que prepararon las comidas y se levantaron a las 4 o 5 de la mañana para verlos llegar.

En las calles de Chamonix ya no hay gritos de aliento y alegría en todas las esquinas. El arco de llegada y el escenario se desarmar durante la mañana y se barren las últimas lágrimas de alegría que dejaron los corredores al llegar a la meta. Chamonix vuelve a la normalidad y los corredores también pero con una sensación de haber crecido, de ser reyes, de haber sido una vez más fieles a sí mismos.
Artículo elaborado en colaboración con Regina Candel Martínez, autora del blog Uniendo Caminos

martes, 28 de octubre de 2014

Artículo en revista Nosotros de El Litoral. 25 de octubre de 2014

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2014/10/25/nosotros/NOS-07.html

Por el placer de correr
Por el placer de correr

Una experiencia única que permitió combinar dos placeres, correr y viajar, es la que se relata aquí. Se trata de la media maratón de Puerto Iguazú que se concretó a fines de septiembre; una oportunidad de poner a prueba cuerpo y mente.
TEXTOS REGINA CANDEL. FOTOS. REGINA CANDEL y MONICA PATRICIA MARTINEZ
No me defino como corredora, aunque hace ya un año y medio estoy entrenando con un grupo (liderado por el Prof. Horacio Pernicano). Las mejoras en capacidad muscular y cardiovascular son notables. Pero la importancia reside en que correr me enseñó a ser más positiva y a creer en mi misma. Coraje y confianza son dos hermosas palabras para explicar lo que correr significa para muchos que arrancan y no pueden parar.
El running, otra palabra del inglés que se naturaliza y casi pasa a ser parte de nuestro diccionario, se ha masificado notablemente en los últimos años. Cada carrera es un evento que une a personas de todas las edades e intereses. Hay siempre un grupo de elite que va a hacer buen tiempo, a competir, mientras que la mayoría vamos a participar y a sentir la libertad de correr por correr, como cuando éramos niños; tratar de llegar a la meta final y si se puede hacer un tiempo un “poquitín” mejor que la carrera anterior.
Hace poco leí un artículo en la Revista “Ñ”, donde Daniel Ulanovsky Sack decía: “Correr es democrático; en una carrera de 10 km. se pueden encontrar, en primera línea, a algunos corredores de elite y, en el fondo, a una familia con sobrepeso que empieza a tomar el toro por las astas”. Pero no sólo es el entrenamiento o el estilo de vida que hace al deporte tan igualitario. Pensemos en países como Kenia. Hoy día los keniatas son los atletas campeones del mundo, se destacan notablemente. Niños que tienen casi nada, muchas veces ni zapatillas, logran con constancia y entrenamiento ser adultos reconocidos mundialmente por los tiempos que hacen. Las ganas de salir de la pobreza los acercan al deporte, tienen una motivación clara y disfrutan del proceso con alegría. Si las cosas en el mundo se manejaran de esta manera, sólo los que realmente se esfuerzan, se ponen metas y son felices en el proceso de lograrlas podrían conseguir algo. Viviríamos en una real democracia. El running permite eso.
EN SUS MARCAS
Mi meta era correr mi primera carrera de 21 km., o sea una Media Maratón. Una amiga me propuso que para que realmente me sintiera motivada a entrenar tenía que combinar la carrera con un viaje. Así fue que seleccioné la Media Maratón de Puerto Iguazú organizada por Run Argentina. La competencia comienza en el mismo momento en que uno se inscribe. Todo se modifica. Una comienza a pensar bien lo que come y trata de no beber más que agua y jugos, las salidas se limitan un poco ya que si se sale el viernes, el sábado a la mañana no se tiene la energía necesaria para que el entrenamiento sea completo. Algunos amigos te llaman “la rompe asados” ya que muchas veces tenés que decir que no vas. Dormir y comer bien son esenciales para que el entrenamiento realmente esté concentrado en lograr un objetivo.
Mi esposo también iba a correr conmigo, pero finalmente no pudo por trabajo. Yo decidí que aunque fuera sola hasta Iguazú, la carrera la hacía como sea. Me había preparado. No podía echarme atrás. Lo que iba a ser un viaje de placer en pareja se transformó en un doble desafío: no solo transitar mis primeros 21 km., sino también enfrentarlo sola.
En estas carreras, el esfuerzo de los últimos kilómetros está motivado por llegar al abrazo de tus amigos o familiares. Yo me ví llegando a la meta a abrazar un árbol (por suerte en Puerto Iguazú hay muchos, imaginen si la carrera era en el desierto de Atacama). Creo que esta imagen conmocionó a mi madre de tal manera que dejó todo lo suyo por acompañarme y estar presente en ese momento tan importante para mí. Luego se sumó una amiga; así que ya éramos tres las aventureras hacia la selva misionera.
Con todos los preparativos -auto revisado, zapatillas en el bolso, mate y budín casero- salimos a la ruta. Cruzando desde Entre Ríos a Corrientes nos paró, primero, la policía y nos pidió los papeles. Todo en orden, seguimos viaje. A los 10 minutos nos paró un gendarme. Un hombre morocho, grandote, calculo que a punto de jubilarse. Nos pidió los papeles y mi madre le comentó que ya nos los habían pedido poco tiempo atrás. El hombre solo contesta: - ¿Entonces para qué se los voy a pedir de vuelta? Sigan nomás-. Me dio mucha ternura su confianza. Cuando viaja, uno despierta los sentidos y descubre en pocas palabras grandes significados.
Cañaverales, timbúes, lapachos rosados, palmeras, aromitos. Estas bellezas adornan el camino. Ñandúes y caranchos se hacen notar . Es la sexta vez que voy a Misiones, siempre entré y me fui feliz. Está como la recuerdo. Su vegetación, su tierra roja y principalmente su gente hacen de ésta la provincia más increíble del país. Lástima la selva que por momentos se ve chiquita, tratando de ganar espacio por debajo de los pinos productivos. Es como si la selva fuese la vaga de la clase, la que no se merece el tiempo de cuidado, mientras que los pinos son trabajadores, altivos, con un destino definido. Es triste pero cierto.
LA CARRERA
La primera parada la hicimos en San Ignacio, llegamos de noche, con lluvia. En un supermercado, la mujer me ofrece repetidas veces carne entrerriana, la mejor. Aunque no pensábamos hacer ningún asado, me dieron ganas de comprar sólo por la energía y la buena atención de la mujer.
Segundo día de ruta con destino a Puerto Iguazú. Parece un sube y baja de la plaza. Cada vez que bajamos descubrimos un paisaje nuevo con casas de madera a los costados, algún puestito de venta de orquídeas o algún camino de tierra que lleva vaya uno a saber dónde. Llegamos cansadas. Aparecen carteles amarillos al costado de la ruta anunciando que puede cruzarse un coatí en el camino. Bajamos la velocidad al ritmo de la selva.
Si esto fuera un cuento, diría que estamos en el climax. La emoción sube y este viaje se siente en algún punto como una peregrinación. Y es en este momento que me pregunto: ¿Por qué me vengo de tan lejos a hacer algo que puedo hacer en casa?
Esa misma tarde voy a buscar el kit de corredora. Soy la número 179. Tengo mi remera y mis medias de regalo. Con el kit también vienen las ganas de correr. Charla técnica. Somos 500 corredores escuchando atentamente cómo va a ser el recorrido y dónde van a estar los puestos de hidratación. Nos preparan mentalmente a enfrentar no sólo los 21 km. sino las subidas pronunciadas y la lluvia probable para el día siguiente.
Al otro día nos levantamos temprano, el desayuno es completo. Me visto de corredora y salimos hacia la entrada del Parque Nacional desde donde parte la carrera. La emoción crece, es un sentimiento extraño que no lo entendía en otros hasta que corrí mi primera carrera de 10 km. en Santa Fe, en 2013. Comienza, salimos todos con alegría. La lluvia cae pero no molesta. Me alegro de no haber corrido con música. Pude interactuar con otros corredores venidos de Brasil, Chile y de los lugares más lejanos de Argentina. Pude escuchar los ruidos de la selva, algún ave, los árboles que se movían por la brisa. También pude escuchar los gritos de la gente que pasaba en autos y colectivos que nos alentaba a seguir.
Fui a mi ritmo, poco a poco cubrí los kilómetros, los disfruté. Cuando estaba en los últimos minutos de carrera ví a una familia en una curva y les pregunté cuánto faltaba: “estás a 300 metros del final”. En ese momento sentí una adrenalina que me hizo subir la velocidad, se me caían lágrimas de los ojos. Estaba emocionada, lo había logrado. Crucé la meta y ahí estaban mi mamá y mi amiga para abrazarme.
FINAL Y NUEVO COMIENZO
El viaje no terminaba allí. Después de la carrera entramos al Parque Nacional. El espectáculo es impactante ya que el caudal es enorme este año. Me ha tocado ir otros años con casi nada de agua, que también está bueno porque se puede cruzar a la isla San Martín y ver la Garganta del Diablo. Esta vez todo era agua.
En el recorrido vimos mariposas amarillas y azules, coatíes y muchos monos, que lamentablemente se acercan a la gente ya que muchos siguen dándoles comida cuando cada vez hay más carteles que avisan que está prohibido.
Al siguiente día cruzamos a Brasil, comimos comida brasilera, compramos feijao y farofa en un supermercado y quisimos ir a ver las Cataratas, pero el precio nos pareció excesivo. No hay precio Mercosur, por lo que los argentinos tenemos que pagar lo mismo que paga un canadiense. No tiene mucha lógica, así que volvimos a Puerto Iguazú.
Había que organizar el regreso a Santa Fe. Lamentablemente la lluvia torrencial hizo varios destrozos en la ruta, fuimos despacio, disfrutando de las últimas horas rodeadas de selva y dormimos en Apóstoles, al sur de Misiones, casi cayéndonos a Corrientes, donde comienza la ruta de la Yerba.
Llegamos con tormenta fuerte, truenos, relámpagos y hasta piedras, pero llegamos. La rotisería donde compramos la pizza era atendida por dos hermanos, igualitos. Eran en realidad dos varones y dos mujeres; cuatrillizos. Únicos por no ser producto de ningún tratamiento de inseminación artificial. Son 7 hermanos en total. Siete vidas duras, de estudio y de trabajo sumado a una mamá que se tuvo que ir a Río Gallegos a trabajar de maestra jardinera ya que en Misiones la búsqueda de empleo nunca fue sencilla. Desde allá a lo lejos la madre siempre los ayudó económicamente. Las mujeres de la familia, embarazadas desde chicas. Una familia numerosa. Lo que me impactó fue cómo nos contaron su vida tan abiertamente en unos pocos minutos. Justo cuando llegaban al tiempo presente de su relato la pizza ya estaba en su caja. Historias de vidas reales que una conoce en la ruta.
* * *
Llegamos a casa. Como yo, otras 500 personas deben estar sintiendo lo mismo. Haber cumplido una meta.
Hay miles en el mundo que entrenan y se proponen año a año cruzar sus propios límites. Y lo hermoso es que cualquiera que dice “no, no...yo no puedo correr. No sirvo para eso”, puede salir cualquier día y empezar a probar. Con el tiempo se va a dar cuenta que se puede. Lo digo con total conocimiento de causa, ya que yo era una de esas personas. Pensándolo con más detenimiento, tal vez ahora sí me defina como corredora. Si al final de cuentas, es cuestión de ponerse una meta y disfrutar del camino... Como viajar.
+info
PARA PARTICIPAR
Para anotarse en la próxima edición de la carrera (y en otras carreras alrededor del país): www.runargentina.com
10_COATI SOBRE ARBOL COPIA.JPG
coatí sobre un árbol.
10_FLOR RARA COPIA.JPG
extraño exponente de la flora local.
10_AGUA EN MOVIMIENTO COPIA.JPG
postal majestuosa de las cataratas.