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lunes, 25 de enero de 2016

La vaca sagrada y la mujer menospreciada. Publicación en el Litoral 23 de enero 2016.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2016/01/23/nosotros/NOS-05.html


La vaca sagrada y la mujer menospreciada - Revista Nosotros Nosotros

La vaca sagrada y la mujer menospreciada
TEXTOs Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.
La vaca sagrada y  la mujer menospreciada
Una mujer en Taj Mahal.
Las recorro en detalle con el lente de la cámara, tratando de acercarme al menos un poco a lo que su mirada y sus gestos gritan. Estas mujeres me fascinan y me conmueven. Juego con la imaginación recreando diálogos en los andenes del tren. Busco en un diccionario interno qué puedo llegar a tener en común con ellas y descubro una palabra mágica: amor. Todos amamos, en todas partes del mundo. Me intriga qué significa amor para ellas.
Más del 80% de la población india es hinduísta. En su mitología está Kámadeva, una especie de Cupido casado con Rati, el amor sensual. No le fue muy bien a este dios del Amor cuando enojó a Shiva por despertarlo de una meditación con su flecha para tratar de que se enamore de Parvati. Shiva no dudó en atacarlo y lo mató. Con este hecho desaparecía el deseo sexual entre los humanos. Luego le tuvo compasión y lo resucitó para asegurarse la continuidad de la especie.
Me pregunto la cantidad de miedos que estos cuentos pudieron despertar en la población femenina. Aún hoy, son pocas las mujeres indias que tienen la chance de elegir y conocer el amor. ¿Cómo conocer y amar la esencia de otro ser si los matrimonios son arreglados?
En la India el divorcio es legal, pero está aún muy mal visto. Sólo se separan el 1,1% de los matrimonios. Por lo que la mujer está atada a un hombre que no conoce. Elizabeth Bumiller, autora de “Serás madre de cien hijos” cuenta que una mujer le dijo que amaba a su marido porque éste le proveía de comida y ropa, y otra directamente confesó que si no amaba a su marido, entonces éste le pegaba.
En las calles de Varanasi se ven miles de hombres y mujeres, adorando a vacas y toros, muy bien alimentados, peinados, cuidados. Nadie los corre de las calles caóticas. ¿Cómo puede ocurrir, sea en la cultura que sea, que la vaca sea sagrada y la mujer mutilada?
EL CUERPO, LA CULPA Y EL KAMASUTRA
Caminando por los templos de Khajuraho, veo a un fotógrafo y a su modelo vestida con sari amarillo y rosa, con muchísimas pulseras y aros: brilla. Este complejo de templos era la capital religiosa de los Chandelas, un clan rajput del norte de la India. Comenzaron como un pequeño pueblo y luego se extendió abarcando gran parte del Estado de Madhya Pradesh.
Los Chandela se consideraban descendientes de la Luna (la diosa Chandra), muy unida a los cultos de la fertilidad. Eran creyentes de los poderes del tantrismo y durante su reinado tuvo lugar el florecimiento de esta doctrina. La cultura de los Chandela entendía la unión carnal, el sexo, unido al placer de origen divino, ligado a la necesidad de procrear y desprovisto de cualquier pecado. Se le otorga espiritualidad al acto sexual. Esto está representado en las figuras de los templos que hacen honor al Kamasutra, libro escrito por Vatsyayana en el siglo III d.c.
Hoy, este libro profético ha sido manipulado y convertido en meras imágenes de posiciones sexuales extrañas, pero en realidad es un texto que tiene mucho para enseñarnos de la libertad mental y sensorial de la época.
Con sus gestos ante la cámara, esta bailarina modelo me lleva por un segundo a otros tiempos, cuando cuerpo no era asociado a culpa. A lo largo de los tiempos, la mujer fue excluida de la gran mayoría de las actividades sociales y de aprendizaje, devotas a sus esposos considerados dioses. A pesar de esto, el Kamasutra es el primer y único tratado de la época que se dirige a hombres y mujeres por igual, donde la mujer debe ser partícipe del acto sensual y erótico, debe tener satisfacción al igual que el hombre.
El reinado de los Chandelas terminó tras varias invasiones musulmanas y, con este cambio, India pasó a tener una cultura de tabúes. Ashraf Ali es dueño de un hostel en Jaisalmer, viajero, con una mentalidad más abierta. Me cuenta que está mal visto besarse en público, fumar y tomar alcohol. Como también caminar sola de noche puede ser considerado una ofensa. Mujeres tapadas y hombres que se excitan por ver el tobillo de una mujer o darle la mano cual saludo de despedida. Viajando una se adapta a esas reglas y las comienza a naturalizar. En Agra, antes de entrar al Taj Mahal, veo a una joven india con musculosa y shorts. ¡Me parece desubicada! Lo normal pasa a ser taparse, en vez de abrirse al mundo. En 20 días de viaje comienzo a normalizar el concepto de tapar el cuerpo, me imagino lo difícil que va a ser salir de una cultura de miles de años de esconderse.
Según Ashraf, la vieja sociedad india aún se maneja con las mismas reglas y manipula para que las mujeres no conozcan sus derechos. “Las mujeres están en la casa la mayor parte del tiempo, por falta de una educación apropiada y por el absoluto control de los hombres sobre la vida social”, me dice. Según las estadísticas mostradas por el Banco Mundial, en el año 2013 sólo el 24 % de las mujeres indias pertenecían a la población trabajadora. Y menos del 1 % de mujeres iban a escuela primaria y secundaria en relación a los hombres. Un panorama preocupante.
SER MADRE EN INDIA
Ser mamá en la India es casi obligación, es un acto natural en toda mujer, incluso en aquellas que quieren otras cosas para su vida. Sobre el tren hacia Varanasi viaja una mujer de 30 años, que trabaja en la Armada India y que tuvo a su hijo a los 28 y no a los 20 años. Es de aquellas mujeres que no siguen el mandato. A pesar de tener este espíritu más aventurero, se sorprende cuando pregunta mi edad: 35 años y sin hijos, como tantas otras mujeres de esta parte del mundo. ¿Qué sentirán ellas cuando nos ven?
Luego me explican que una de las razones por las cuales las mujeres de todos los estratos sociales están preocupadas por tener hijos es que el gobierno no garantiza ninguna jubilación, por lo que los hijos terminan cuidando de sus padres, son quienes aseguran su bienestar. Es por este motivo que también se prefiere que tengan hijos varones. Tener sólo hijas mujeres se puede transformar en una maldición. Sucede que si quedan embarazadas de una mujer, muchas veces son obligadas a abortar. Aunque el aborto es aún ilegal en India, en Delhi se ven clínicas con un aspecto dudoso promocionando la realización de esa práctica.
Hay una segunda opción, llamada “bride burning” (esposa quemada). Las mujeres que no pueden tener un varón son quemadas vivas y se hace pasar por un accidente casero. Algunos grupos afirman que de 300 casos, sólo uno se reporta. Muchas no mueren, pero quedan deformes.
CUESTIÓN DE STATUS
En Mumbai visité a Rajashree Khalap. Una mujer hermosa de unos 42 años, delicada, y cuidadosa en su aspecto. Me pareció, en la primera impresión, una persona muy organizada y con una agenda ocupada. Me invitó a su departamento y acepté encantada ya que iba a conocer algo de la intimidad de una mujer india. Me pasó a buscar en su auto, pero no era ella quien manejaba, sino su chofer. Es muy común contratar a un chofer en la India por la incomodidad que es conducir y estacionar, pero principalmente por la seguridad que le da a una mujer sola estar en la calle con un hombre. En este caso, el chofer se encarga del auto y a veces hace otras actividades domésticas como, por ejemplo, sacar a pasear a los perros de Rajashree.
Entramos a su departamento. Ella prepara dos tazas de té y nos sentamos a hablar. Me cuenta que hay un sector privilegiado de la sociedad, educado, en el que las mujeres son independientes y tienen las mismas oportunidades que los hombres. Estas mujeres, entre las cuales se cuenta, viajan, ganan buenos sueldos y tienen una vida libre. Pueden elegir a sus parejas o bien nunca casarse, o casarse y divorciarse sin ser mal vistas. Su caso es un ejemplo claro. Rajashree nunca se casó aunque está viviendo con su pareja. Nunca tuvo hijos y no se siente presionada por tenerlos. Lamentablemente, aunque este segmento de la sociedad representa a un gran número de mujeres, sigue siendo una minoría comparado con el porcentaje total de mujeres indias.
Rajashree me explica que las mujeres de familias menos educadas y conservadoras están generalmente menos cómodas económicamente y tienen una vida sin libertades. El status de la mujer también varía según la región y la cultura que represente. En algunos estados las mujeres están totalmente restringidas, especialmente en algunos del norte de India como Haryana o en Uttar Pradesh. Mientras que en otros estados más al sur, como en Meghalaya o Kerala, las sociedades son menos patriarcales, aunque nunca llegan a ser matriarcales.
El rol de la mujer cambia, incluso, entre comunidades. Por ejemplo en la comunidad Marwari, que son castas de gente de negocios de Rajasthan, incluso las mujeres de las generaciones jóvenes tienen sus matrimonios arreglados y tienen restricciones a la hora de elegir a qué se quieren dedicar; es más, algunas no tienen poder de decisión para trabajar o no.
Antes de despedir a Rajashree, me da algo de esperanza de que las cosas han ido cambiando. En 1925 Sarojini Naidu fue la primera mujer elegida como Presidente del Congreso Nacional, la segunda fue Nellie Sengupta en 1933. En 1966 aparece Indira Ghandi en escena, que ayuda a que las cosas cambien aún más. Hija única de Jawaharlal Nehru, primer ministro de India luego de la liberación de Gran Bretaña en el año 1947, comienza su activa participación en política en la década del ‘30 hasta que muere asesinada en el año 1984. Fue una líder fuerte, de carácter y muy poderosa. Fue quien se animó a sacarle beneficios a los Maharaja, reyes y príncipes, de la India para comenzar a ser una verdadera República. Hoy en día hay mujeres médicas y ministras de gobierno, aunque aún siguen siendo minoría y tienen que trabajar con mayor esfuerzo para alcanzar la misma posición que puede tener un hombre.
EL (MAL) TRATO DE LOS HOMBRES
Creo que lo más difícil del viaje es manejar el trato con los hombres, viniendo de una cultura donde es común saludar a un hombre con un beso en la mejilla. Las miradas son constantes y penetrantes, por lo que se recomienda no mirar nunca a un hombre a los ojos, ya que es signo de seducción; conviene bajar la cabeza y mirar al piso.
A pesar de que hay leyes nacionales que protegen los derechos de las mujeres, en los últimos años los casos de abuso se han transformado en un problema nacional. Hubo un caso de abuso y asesinato en el año 2012 en Delhi que marcó un antes y un después en relación con este tema. Desató escándalo en toda la nación. Desde ese momento muchas leyes y regulaciones comenzaron a ser revisadas y son cada vez más los casos que llegan a la justicia. De hecho, en la televisión India hay varios programas que tratan el tema para concientizar a las mujeres sobre sus derechos y sobre que el maltrato puede ser también psicológico.
Por miedo, sólo el 10% de los casos de violencia doméstica son reportados y casi ninguno es ganado por la mujer. Ellas, hermosas y coquetas, con sus docenas de pulseras en cada mano, el henna que las decora de manera sutil, las sedas de los colores más espectaculares que las cubren y su esfuerzo por mantener su casa en orden y ofrecer hasta lo que no tienen, son mujeres aún muy sufridas. El hombre mira fijamente, parece que de alguna manera invade su privacidad en forma constante.
Algunas se callan, otras están tomando otros caminos. En el año 2011, en Lucknow, nació un grupo que se llama La Brigada Roja. “We are not safe in our home, we are not safe out of home” (No estamos a salvo en nuestras casas, no estamos a salvo fuera de nuestras casas), razón por la cual nace esta organización, para luchar contra la violencia sexual y el abuso, me explica su fundadora Usha Vishwakarma. Ellas son jóvenes mujeres que en algún momento de su vida sufrieron algún abuso, en general de un familiar o vecino. Se juntaron para comenzar a tener una voz.
Ya son 31.000 las mujeres que pasaron por su programa de entrenamiento en artes marciales. Tienen un programa de concientización que se llama “Good Touch Bad Touch” (Buen contacto, mal contacto) donde trabajan con niños para comenzar a enseñarles a no naturalizar ciertas conductas. A su vez salen a las calles a mirar lo que sucede y, si saben de un caso de abuso, toman poder en el asunto y enfrentan al agresor. Finalmente trabajan cerca de las víctimas de abusos sexuales, las ayudan a salir adelante y a enfrentar la situación en la justicia. Me explica que son varias las razones por las cuales hay tantos casos de abuso sexual en la India: el acceso a la pornografía ha crecido en el país, no hay educación sexual en las escuelas ni en la casa y la mujer es un objeto en los medios de comunicación.
* * *
Me despido de la India con cansancio pero con la idea de que voy a volver, necesito volver para tratar de seguir entendiendo. Hablo con un taxista que es de un pueblito de Bihar y hace 15 años vive en Mumbai con su esposa. Ella, al principio, se tapaba la cara y las manos para salir a la calle. Después de un tiempo dejó de hacerlo. Tal vez es eso lo que se precisa: tiempo. “Las mujeres son diosas del amor. Tienen el gran poder del perdón”, me dice Ashraf. Se puede ser diosas, pero sin olvidarse de que son diosas con derechos.
India es gigante, imposible conocerla en 30 días de viaje. Pero al menos me llevo un pantallazo de imágenes, sensaciones y muchísimas dudas. Pude caminar por ciudades grandes como Delhi, Jaisalmer, Varanasi, Khajuraho, Goa, Mumbai; recorrer caminos de tierra en el desierto de Rajhastan o en los alrededores de algún Parque Nacional, y esperar en alguna estación de tren. Mirar, tratar de entender. De eso se trata el viaje. De eso se trata esta crónica.

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Una modelo posa entre los templos de Khajuraho.
UNA RÉPLICA HUMANA DE LA PIEDAD
El tren hacia Varanasi va a 50 kilómetros por hora hasta que para. Por algún motivo siempre para. Desde la puerta del vagón observo varias imágenes, todas con una carga de tristeza, dolor, mugre, pobreza. Nadie sonríe. Es la India que no es tan increíble, la que no nos venden las revistas de viajes. La imagen que más me impacta es una réplica exacta de La Piedad. Ella, con su cabeza cubierta con un trapo marrón, debe pertenecer a las castas más bajas. Sus manos de uñas largas y mugrientas se toman entre sí para hacer de cuna a su bebé, a quien tiene en brazos arropado con telas blancas. Esa mujer parece no tener nada más que lo que veo en ese momento.
Está agotada. El bebé no eligió nacer. Ella lo mima, lo acaricia, lo alimenta mientras puede darle de mamar. Le da todo lo que tiene: su amor de madre. Y ahí me pregunto: ¿es suficiente el amor? ¿Qué va a pasar cuando amamantar no sea una opción? Es tal la ternura con que esa madre mira a su hijo a los ojos que dudo de mi respuesta. Más adelante le pintará los ojos con khol negro al niño para protegerlo de un mundo mágico de demonios y maldades.
El tren avanza y yo sigo a La Piedad con la mirada.
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Una madre con su bebé, desde la puerta del tren hacia Varanasi.
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Desde una ventana.
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LA MINORÍA
Las mujeres de las ciudades grandes y cosmopolitas como Bombay, las de las castas más altas, las más blancas, las de las películas de Bollywood, tienen una visión más occidental del rol femenino. Son profesionales, estudiantes universitarias, usan bikini en la playa de Goa y pueden elegir a su pareja. Estas son las poquísimas mujeres que pueden ocupar un rol en el gobierno. Sólo el 10% del parlamento está representado por mujeres. Eso también es India.
Pero entonces ¿por qué es que la mayoría aún es manipulada y maltratada? ¿Por qué no pueden tomar decisiones en sus casas? Fue llamativo no encontrar mujeres en la búsqueda que hice por Couchsurfing. Todos los perfiles que encontré eran de hombres solos de entre 30 y 40 años.

lunes, 16 de noviembre de 2015

El Litoral Artículo sobre Patagonia ¨La Ruta delos Milagros¨

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/11/14/nosotros/NOS-09.html

Las rutas de los milagros
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Parque Nacional Monte Leon, sobre la ruta 3.

Este es el relato de una travesía hecha a dedo, más de diez años atrás, por la Patagonia a lo largo de las rutas 3 y 40, con encuentros, redes de amistades y solidaridad en el camino. La autora volvió a viajar este año, esta vez en auto: más confort y menos riesgo, pero la misma fascinación por un paisaje inigualable.
TEXTO Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.
Saliendo de la provincia de Buenos Aires y entrando a Río Negro vi en la ruta a varias parejas de mochileros. Más tarde, en las calles grises y áridas de Río Gallegos, tuve un reencuentro con una de ellas: eran franceses. No me habían reconocido, por eso se mostraron extrañados cuando los empecé a saludar con alaridos argentinos desde el otro lado de la vereda.
Obviamente, días más tarde los volví a ver cuando entraban caminando al Parque Nacional Tierra del Fuego. Yo salía para despedirme de Ushuaia. Digo “obviamente” porque es así cómo funcionan las rutas 3 y 40. Están llenas de reencuentros con personas totalmente ajenas a una en el mundo de la rutina y de lo habitual; pero en el universo paralelo, ese que tiene como cielo el infinito y como tierra la banquina, estas mismas personas significan experiencias compartidas y son compinches de ruta.
Es así como los siete motoqueros fueron apareciendo y reapareciendo a lo largo del camino, preguntándome dónde estaba parando y hacia dónde me movía al otro día. Es así como Loic, un francés callado y tímido que había conocido en Ushuaia, aparecía saludando desde una camioneta cuando salía a dedo del Parque Nacional Los Glaciares; y reaparecía caminando por las calles del pequeño Chaltén... Y lean lo que sigue porque no lo van a poder creer. Antes de volver a mi ciudad pasé por Buenos Aires, donde visité a un amigo que había conocido dos años atrás en Praga. Cuando le estaba mostrando las fotos de Ushuaia, me mira sorprendido, señala a Loic y me comenta entre risas que había conocido al francés en Mongolia en uno de sus viajes. El mundo es en verdad muy chico y los encuentros no dejan de sorprender.
EN EL CHALTÉN
Llegar a El Chaltén desde Calafate no fue sencillo, pero salir fue una total odisea. Después de que el viento fuerte de la montaña me dejara sin carpa y que los precios me asustaran bastante, decidí -sin dudarlo- abandonar el pueblo.
El Chaltén parece un pueblito sacado de un cuento. Muy pocas casas, total contacto con la naturaleza y el Fitz Roy que te recibe ya en la ruta. Lamentablemente, el clima no acompañó mis ganas de pasar unos días en el lugar. Para salir, queridos mochileros, recomiendo hacer una previa investigación de los camiones que entran y salen. El tránsito es prácticamente nulo. Así fue como convencí a un camionero para que me llevara hasta Calafate ¡Pero no estaba sola! Éramos 10 mochileros a la espera de la salvación. Entre ellos, había dos chicas de Mar del Plata a quienes conocía (y seguimos con los encuentros milagrosos). Fue así como simil-ganado pudimos salir de El Chaltén con la esperanza de volver y que, en la próxima, el clima no nos asuste.
OTRO REENCUENTRO
Comodoro Rivadavia me recibió cansada, sucia y hambrienta. Habían sido tres días de esperar camiones, hacer tiempo en estaciones de servicio, comer poco. Y, bueno, hasta una dama en esta situación aguanta una uña rota y el pelo desastroso.
Una tarde, mientras estaba caminando por las calles del centro, me sorprendió la presencia de una mochila conocida: ¡Tomás! -grité alegre. Había conocido a Tomás dos meses antes en un encuentro de mochileros y, aunque sabía que iba a estar dando vueltas por la Patagonia, no esperaba encontrarlo. Una vez más fue un milagro, de esos que ocurren en la ruta, donde una aprende que las distancias son en realidad relativas, donde el tiempo y el espacio cambian sus dimensiones.
REGRESO EN CAMIÓN
Mi viaje concluyó en El Bolsón, donde pasé seis días. El día en que decidí irme del lugar, me asusté cuando en la ruta ví alrededor de diez parejas de mochileros tratando de conseguir quién los llevara hacia Bariloche. Yo, que estaba sola, me acerqué a un camionero que estaba a punto de encender motores. David no tuvo ningún problema en sacarme de El Bolsón, pero me previno sobre el hecho de que íbamos a estar viajando cerca de cuatro días antes de llegar a Buenos Aires.
Esa mañana me dieron el título de camionera amateur y acompañé a David hasta el final, pasando por Esquel, Bariloche, Chipoletti y otros pueblitos más. La ruta me permitió recrearme y jugar por unos días dentro de otra realidad, en la cual pude compartir un buen asado junto a otros camioneros y disfrutar de los mejores amaneceres desde el camión y en el medio de la nada.
Siempre quedan lugares que descubrir en nuestro extenso sur. Hay muchísimas tierras vírgenes por explorar todavía; es por eso que siempre hay una buena excusa para volver. ¡Tanto es lo que te da la ruta! Experiencias sorprendentes, personas interesantes, reencuentros inesperados. Y me pregunto: ¿Qué, sino estas uniones milagrosas de almas callejeras, hace que la vida misma tenga sentido?
* * *
Escribí este texto después de un viaje a dedo por la Patagonia, Argentina, en el año 2004. Esa Patagonia ya lejana, cuando la entrada a El Chaltén era aún de tierra y el pueblo sólo tenía 200 habitantes. Este febrero del 2015 volví a recorrer las rutas 40 y 3, esta vez en auto. Sea como sea que uno se mueva por esas tierras encantadas, no deja de sorprender, de maravillar, de provocar sueños de posibles vidas pasadas o presentes.
La vida me ha enseñado que lo único que vale la pena es sentirse viva, sentir pasión por algo. Y sólo con el movimiento y los cambios esto es posible. La vida es corta. Hay que animarse a saltar aunque la pileta esté vacía. Para muchos salir de viaje provoca miedos a lo nuevo, a lo desconocido. A mí, después de 14 años viajando, me sigue costando desengancharme de estos temores, pero viaje a viaje me voy soltando. Y sigo aprendiendo.
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Parque Nacional Perito Moreno, sobre la ruta 40.
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martes, 7 de julio de 2015

Publicación en Nosotros de El Litoral el 4 de Julio de 2015

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/07/04/nosotros/NOS-06.html?origen=newsletter

Ruta 40, camino de vientos y silencio
Ruta 40, camino de vientos y silencio
Objetivo de este viaje: aislarse, desconectarse, desenchufarse, encontrarse, respetar los tiempos de la mente y el cuerpo, desaparecer un poquito. La Patagonia es el lugar adecuado para lograrlo, donde todo es tiempo y espacio eterno.
TEXTOs Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.

Salimos una mañana de febrero desde casa con tranquilidad. Teníamos un poco más de un mes por delante de incertidumbres y aventuras por la tierra de lo lejano y lo desconocido. Auto listo y de pronto notamos que cada vez llevamos más cosas. ¡Tan diferente iba a ser este viaje a aquel que hice en 2002 de mochilera! Que no falte nada para recorrer la preciada Ruta 40.
La primera noche, luego de 1.200 km y 16 horas de auto, la pasamos en el hotel de ruta de Casa de Piedra. La noche fue perfecta. Descansados y bien desayunados, salimos hacia Bariloche para hacer noche en Colonia Suiza. Ya con los pies y las ruedas en la Patagonia se comenzó a sentir poco a poco otro aire, tierra rala, aroma a frutos rojos y a ripio. El camino fue inmejorable, con algún que otro camión que nos hacía bajar la velocidad a 40. El paisaje ya prometía, con El Chocón a la izquierda y Piedra del Águila cerca. Finalmente llegamos a Bariloche. Paramos en la estación de gas con mejor vista del mundo: el azul del Nahuel Huapi en su inmensidad mezclado con algunos picos nevados de fondo, entre ellos el Cerro Catedral.
Esa noche armamos campamento en el camping de la playa de Colonia Suiza. Lamentablemente, la música de nuestros vecinos nos acompañó hasta las 5 de la mañana y no nos dejó dormir. Hay gente que no sabe escuchar cuando la Patagonia le habla.
La segunda parada fue en El Bolsón, luego de parar en los lagos Gutiérrez y Guillermo a tomar mates y de una cerveza Berlina en un parador de El Foyel. Tengo una conexión especial con El Bolsón ya que era el lugar elegido por mi abuelo para llevar a mi papá a pasar las vacaciones de verano. Allí estaban dos meses parando en una hostería que aún los recuerda. A mi abuelo nunca llegué a conocerlo; por eso fue raro ser reconocida como la nieta de Candel López.
Seguimos viaje rumbo a Lago Puelo. Fuimos a la playita donde mi papá solía ir todos los veranos. Desde el tronco que aún se ve dentro del lago, él y sus amigos se tiraban y jugaban a ser marineros o piratas. Lo imagino a mi abuelo mirando a Danielito desde la orilla. Dejamos recuerdos imaginados de lado y seguimos. El camino nos hizo pasar por Cholila y, finalmente, el Parque Nacional Los Alerces. El camping que elegimos nos sorprendió con un espacio al lado del lago y rodeado de arrayanes. Un fogoncito y las estrellas para terminar otro día de camino por esta Patagonia inmensa.
Al siguiente día almorzamos en Trevelin, pueblo hermano mellizo de Gaiman por sus antepasados galeses. Uno en cada extremo de la Patagonia. Aquellos pobladores nuevos que se animaron a más, se movilizaron hacia la zona de la cordillera y fundaron Trevelin, que uno nunca sabe dónde acentuar para pronunciar. Desde allí salimos despacio hacia el sur con destino a Río Mayo.
EN CAMINO
Ya tenemos a la Ruta 40 como guía. Nos da mucha curiosidad ver qué sigue, cómo se va a dejar dominar esta ruta mítica que no quiere ser menos que la misma Cordillera de los Andes y que por eso decidió acompañarla de sur a norte. Es raro cómo el km. 0 está -en realidad- en Cabo Vírgenes, sobre el Océano Atlántico, como si un imán la hubiera desviado hacia la cordillera y ya nunca más se hubiesen podido despegar.
Sentimos que aquí empezaba el camino desconocido, aquel con el cual expedicionarios y aventureros soñaron y Francisco P. Moreno como mayor representante y figura destacada a lo largo de toda la ruta 40. Hay un pueblo, un Parque Nacional y un glaciar con su nombre.
Pasamos por Tecka. Paramos en la estación YPF donde había una larga cola para cargar nafta. A partir de aquí comienzan a escasear las posibilidades de llenar el tanque. Parte de la organización del viaje consta en tener bien en claro dónde están las estaciones de servicio y si la carga que hacemos va a ser suficiente para el trayecto siguiente. En varios recorridos tuvimos que llevar nafta en un bidón extra.
Kilómetro a kilómetro vamos entrando en La Patagonia. Ya estamos en Santa Cruz. Nos recibieron guanacos y choiques en la ruta. Al aproximarnos al Lago Buenos Aires, ya en Los Antiguos, sentimos que estábamos al lado del mar. Era tanto el viento que parecían olas de surf que se acercaban a la orilla del lago. Nos asustamos un poco con la idea de acampar,así que conseguimos una cabaña económica.
PAISAJES Y RECUERDOS
Las vistas de la montaña nevada mezclada con meseta, lago y río aturden por su belleza. Si algo envidio de estos lugares es la tranquilidad con la que vive la gente. Puertas abiertas, no hay rejas, las bicicletas en la calle y sin candado. El otro lado de la moneda es el clima que agota. Viento constante, eterno compañero de este paisaje erosionado. Es maravilloso lo que la mano del pionero ha conseguido. Con árboles y un buen aprovechamiento del agua para riego lograron chacras donde se cosechan kilos y kilos de cerezas para exportación y grandes espacios verdes. Vida dura. Gente sonriente. Combinación rara para lo que estamos acostumbrados. De todo se aprende.
Listos para salir. Auto cargado, tanque lleno, mapa a mano para recorrer los 120 km. que separan Los Antiguos de Lago Posadas por el camino interno, conocido como el Camino del Monte Zeballos. Fue entrar a una dimensión paralela, vimos 4 camionetas en dos días, los costados del camino no dejaban de mostrar rarezas, una al lado de la otra, como si uno pasara por varios lugares diferentes del mundo, todos concentrados en unos pocos kilómetros.
Pasamos una noche a mitad de camino. Armamos carpa, fogón y cocinamos. La noche no nos trató muy bien hasta las 2 de la mañana, hora en que finalmente calmaron los vientos y la naturaleza nos dejó descansar. La mañana fue mágica. Nos levantamos con un sol calentito sobre la carpa, el sonido del río corriendo, las aves cantando y las montañas gigantes rodeándonos. Disfrutamos de una caminata, armamos todo y salimos hacia Lago Posadas (o Hipólito Yrigoyen, como aún aparece en los mapas). Es un pequeño pueblo a 80 km. de ripio por la Ruta 40. Desde aquí se sale a recorrer los Lagos Posadas y Pueyrredón. Llegamos agotados al pueblo y con tierra en todos lados. Un buen baño y una buena cena en una posada nos relajaron.
Pasamos dos días al lado del Lago Pueyrredón, en un camping. Silencio. Silencio es lo que finalmente encontramos. En las playitas donde hicimos paradas a comer o sólo a juntar piedritas de los más variados colores. Silencio en la bajada al Arco de Piedra, formación rocosa en medio del Lago Posadas. Silencio e inmensidad en el Cañón del Río Oro, donde uno se recuesta sobre una piedra y mira hacia abajo para encontrar el río corriendo a 100 metros bajo nuestras narices. Es indescriptible la sensación. Ni siquiera sacamos fotos. No tenía sentido ya que sólo iba a estropear el real recuerdo del lugar. Silencio armando nuestra carpa al lado del lago. Silencio frente al fogón con un vino tinto de compañía. Silencio en los atardeceres perfectos donde el sol pegaba contra las montañas y las teñía de cálido. Silencio mientras leía un libro y tomaba un mate. Silencio: te fuimos a buscar y te encontramos.
DE CUEVAS Y LEONAS
Salimos de Lago Posadas hacia la Cueva de las Manos. Dormimos en una estancia desde donde sale un camino de ripio de 20 km. y un trekking de 45 minutos para llegar a la central de guías de las cuevas. Es un paseo más que interesante.
Partimos a la mañana siguiente hacia el Parque Nacional Perito Moreno, uno de los que recibe menos cantidad de visitas al año, a 70 km. desviándose desde la Ruta 40 por camino de ripio. En invierno suele pasar que los guardaparques se quedan aislados por la nieve que hay en el camino. El paisaje nos siguió regalando momentos íntimos con guanacos, liebres y choiques corriendo al costado de la ruta y escapando de nosotros. Fueron dos días de camping libre en el parque.
Viento, viento, viento y más viento constante. Las caminatas se disfrutaron más cuando estábamos entre dos montañas, protegidos. No vimos ni huemules ni pumas. Pero la chance de ver a cualquiera de los dos eran reales y por eso nos manteníamos siempre alertas con la cámara preparada. Dejamos atrás el parque.
EL ÚLTIMO TRAMO
La próxima parada fue en Gobernador Gregores. Llegamos muy cansados y sucios de los dos días de casi no dormir y de no bañarnos. Conseguimos alquilar una cabaña donde pudimos descansar, recuperar fuerzas para el último tirón de esta parte del viaje que concluiría en El Chaltén.
Viajamos desde Gregores hasta el Parador La Leona, que queda a 120 km. de El Chaltén. Supuestamente le pusieron este nombre a fines del siglo XIX recordando cuando Francisco P. Moreno fue atacado por un puma en la zona. Fue paso de los laneros que debían llevar su producción en carretas hasta el puerto sobre el Atlántico. Fue estancia de Butch Cassidy y su patota antes de tener que escapar hacia Chile por el robo al banco de Río Gallegos. Fue el paso y hogar de grandes alpinistas que se animaron al Cerro Torre, al lado del Fitz Roy, considerado una de las cimas más difíciles del mundo.
A la noche llegó un nuevo acampante: Francois. Francés. Ciclista. Muy bien equipado. Armó su carpa de kilo y medio y sacó todo lo necesario para cocinar fideos con atún. Se sumó a la charla y nos aceptó una cerveza. Nos contó de un viaje a Botsawa, África, donde escuchó desde su carpa cómo varios leones atacaban a una hiena a solo metros del lugar. También nos contó de un viaje en velero con su esposa e hijas. Se quedaron dormidos y chocaron. Perdieron todo. Tuvieron que pasar unos días en una isla desierta hasta que encontraron a unos pobladores. A los pocos días volvieron a casa. Nos contó también del viaje a Patagonia. Lleva 2.400 km. de pedaleo, día tras día, la mayoría solo. Nos contó finalmente que había optado por este viaje luego de la muerte de su esposa. Ella tenía 67 años. Él tiene 70. Me había olvidado de mencionar este detalle. La vida pasa rápido, pero cuando hay camino recorrido parece mucho, muchísimo más larga.
* * *
Final del viaje. Se ve el Fitz Roy nevado desde la ruta. Llegamos a El Chaltén. En estas tierras, Argentina usa guardapolvos blancos y tiene como juguete de cabecera el soldadito de plástico verde. En estas tierras, Argentina no tiene rejas ni puertas de seguridad. En estas tierras, Argentina parece otra.
HISTORIAS
• A la gente le gusta contar historias, las propias y las de otros. Estoy sentada sola en la plaza del pueblo, un hombre se me acerca de a poquito. Quería contarme cómo había cambiado su vida. Se jubiló y se vino de Adrogué a este pueblo. Se construyó la casa, “y que ahora me vengan a visitar los nietos”.
Una profesora de inglés decidió cambiar rotundamente su vida. Se vino con 45 años y sus hijos a cubrir el puesto de teacher que tenía la escuela secundaria. De cobrar 4.000 pesos pasó a un básico de 10.000, sin contar antigüedad ni zona desfavorable, y pasó de tener 300 a 25 alumnos.
Ruta 40, camino de vientos y silencio
Los guanacos, fieles compañeros de ruta por Santa Cruz.
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Una de las tantas postales que la Patagonia regala al viajero.
EL CACIQUE INACAYAL
En Tecka está el mausoleo del cacique Inacayal y toda su familia. Él y su gente tuvieron una vida de guerreros apoyando al Estado argentino, hasta que fueron menospreciados y echados de sus tierras. Los mandaron a Buenos Aires como ganado a cumplir roles de servidumbre.
Francisco P. Moreno les regaló al menos un poco de decencia llevándolos a trabajar al Museo de La Plata. El cacique falleció lejos de su tierra. Sus restos fueron trasladados después de muchos años y enterrados finalmente en Tecka.
+datos
CONTACTO
Regina Candel Martínez: e-mail: regicandel@hotmail.com; en Internet: www.uniendo-caminos.blogspot.com.ar.


domingo, 19 de abril de 2015

Artículo sobre El Chaltén en El Litoral del 18/04/2015

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/04/18/nosotros/NOS-18.html?origen=newsletter

Chaltén, la capital del trekking
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Rodeado de montañas, El Chaltén es un pueblo tranquilo, prolijo y con mucho respeto por los espacios públicos.
En un viaje de 35 días por Patagonia, viene bien hacer una parada un poco más larga a mitad de camino. La tierra, el ripio, el viento y las rutas que parecen eternas llegan a cansar hasta al viajero más aventurero. Para esa pausa, la autora eligió El Chaltén.
TEXTO. REGINA CANDEL MARTÍNEZ. FOTOS. REGINA C. MARTÍNEZ Y ARCHIVO.
Fueron días intensos desde que salimos de Gobernador Gregores. Después de dejar el Parador La Leona atrás encaramos para El Chaltén, al encuentro con Caro y su familia y a la espera de Felipe, un amigo que llegaba ese día desde Rio de Janeiro.
Caro es una de esas mujeres que se animó a un cambio radical en su vida, esas personas a las cuales admiro por su valentía y espíritu de movimiento. De vivir en Capital Federal se fue una temporada a conocer y trabajar en El Chaltén, y la encantó de tal manera que nunca más se pudo ir. Conoció a Jorge con quien hoy tiene tres hijos hermosos: Juana, Pedro y la pequeña Olivia, que me conquistó con su sonrisa simpática.
En El Chaltén son todos inmigrantes de otras partes del país o de otros países latinoamericanos. Porteños, misioneros, jujeños, colombianos, paraguayos y etceteras han conformado lo que hoy es la capital del trekking. Todos van en busca de una vida más tranquila y en contacto con la naturaleza (ya que el pueblo está dentro del Parque Nacional Los Glaciares ) o de un mejor pasar económico, ya que los sueldos en general son bastante más altos de lo que estamos acostumbrados en el centro y el norte del país. O simplemente van en busca de un cambio y la montaña los atrapa.
Es un pueblo que nació hace poco y está en pleno crecimiento. Hoy son 800 habitantes, 550 personas más de cuando lo visité en el año 2003, muchas más casas y muchas en construcción. Muchos más comercios y hoteles preparados para recibir centenares de viajeros con perfil de mochila.
Todos los viajeros parecen figuritas repetidas, vestidos con Montagne o North Face, mochila al hombro, palitos de trekking, calzado adecuado. Recorren varios kilómetros por día de los senderos que ofrecen en la oficina de Guardaparques. Otros van con expectativas mucho más altas. Montañistas amateurs o profesionales que pagan miles de pesos/dólares a un guía para tener la experiencia de sus vidas enfrentando cerros, glaciares, viento, nieve y sus propios medios. Nos cuentan que una expedición de entre 6 y 20 días, dependiendo del clima, puede costar 5000 dólares. La mayoría sale bien y todos vuelven a casa contentos. Otras veces hay que llorar a los que desaparecen. A veces me sorprende hasta dónde el ser humano se exige más allá de los límites normales. No entiendo la pasión de los montañistas que son capaces de entregar sus vidas por enfrentar el cerro Torre, uno de los más difíciles del mundo, para tocar la cima, no tanto por su altura sino por la pared recta a la cual el hombre debe colgarse para lograr su objetivo. Un paso en falso y listo, ya no pueden contar más historias. Las pasiones superan definitivamente cualquier razonamiento.
Caro y Jorge nos prestaron una casilla al fondo de su casa. Nos instalamos y dormimos muy bien después de un día de encuentros. A la mañana siguiente fue hermoso levantarse y descubrir las montañas nevadas atrás de la casilla. Armamos una mesa y sillitas, y desayunamos afuera para planificar los días que teníamos por delante.
EL CLIMA TIENE LA ÚLTIMA PALABRA
El clima es tema común en las preocupaciones de la gente en El Chaltén. Todo depende de si va a llover o no, si el viento va a dejar caminar o es mejor quedarse adentro ya que, si sopla demasiado fuerte puede hasta ser peligroso. Es muy cambiante. No es un clima que quisiera tener, pero uno se acostumbra a todo. Nos cuentan que algunos chaqueños vuelven a su casa en el norte y se quieren volver rápidamente a los cambios climáticos patagónicos. Prefieren eso al calor y los mosquitos. Yo me quedo con lo último. No me imagino levantarme a las 6 de la mañana en pleno invierno con horas de noche por delante y tener que salir de mi casa a la nieve para ir a trabajar. Caro, por el contrario, dice disfrutar de salir temprano y ser la primera que deja marcas de las ruedas en la nieve. Cada ser humano va buscando y encontrando su camino; ninguno es definitivo, lo importante es cada tanto mirar donde uno está parado y preguntarse si en ese preciso momento está feliz o si cambiaría algo. ¿Cuál es nuestro lugar en el mundo? Búsqueda eterna.
La última noche hicimos un asado patagónico con cordero y nos despedimos a puro baile y risas con los hijos de Caro. Fueron días de mucha compañía, de brindis y niños jugando alrededor, de caminatas largas con buena charla y de vistas panorámicas como nunca vi en mi vida.
No viviría en El Chaltén, principalmente por el clima cambiante y la presencia del viento casi constante. Todo es lejos. Al punto que es un pueblo donde nadie nace y nadie muere. A los hijos hay ir a tenerlos a Rio Gallegos, a casi 500 km del pueblo. Y los muertos son enterrados en Calafate, a 240 km. El acceso a internet es casi nulo: solo en una hostería tienen una conexión fluida por pagar servicio satelital. No hay horizonte: el pueblo está rodeado de montañas. Pero no se puede negar que tiene su encanto, ese que se logra por vivir dentro de un Parque Nacional. Hay prolijidad, limpieza y respeto por los lugares públicos, hay conciencia ecológica y una tranquilidad difícil de encontrar en otras partes del país.
Nos despedimos con alegría de la familia de Caro y de la casilla-refugio frente a montañas que pasaron a ser nuestras al menos por un rato.
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El cerro Torre, uno de los más difíciles del mundo por la pared recta que hay que sortear antes de llegar a la cima.
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Vista del lago del Desierto, ubicado a 30 km. de el Chaltén, en inmediaciones de la frontera con Chile.

domingo, 25 de enero de 2015

Artículo sobre India en El Litoral. 25 de enero 2015.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/01/24/nosotros/NOS-11.html

India, un país de contrastes
Cientos, miles, millones de habitantes en una tierra en la que conviven el lujo y la miseria, y la tradición con los mandatos, a punto tal que la mujer todavía va “detrás” del hombre.


Llegar desde el Aeropuerto de Delhi hasta la estación de trenes de la parte antigua de la ciudad no fue difícil. Fue cuando tuvimos que tomar un subte que todo se transformó en algo salido de un cuento lleno de incongruencias. Al bajar unas escaleras nos encontramos de golpe a cientos de personas haciendo cola para entrar al subte. Y cientos y cientos no es una “forma de decir”. Era una multitud, una gran masa de personas dentro de la pequeña parada.
Ya desde el principio India nos recibió presentándonos a algunos de sus millones de habitantes. El gran problema es que cada vez son más: en los últimos 20 años su población aumentó en 300 millones, o sea 8 veces la población argentina.
Una de las cosas que nos llamó la atención es que las mujeres, en general y por tradición, van tapadas. No importa que seamos de otro país, no se ve bien que las mujeres estén en musculosa y short. Tan así es que nos llamó mucho la atención el día en que vimos a una muchacha india usando un pantalón corto que, para el lugar, era bastante provocativo.
Las mujeres van detrás del hombre. Nos dio la sensación de que la mujer en general no puede tomar muchas decisiones en sus casas: buscando gente de Couchsurfing para conocer, descubrimos que la mayoría son hombres solos de entre 30 y 40 años, y nosotras queríamos conocer la palabra de las mujeres, sus opiniones, sus deseos y sus gustos. Durante el viaje no logramos hablar con muchas de ellas. Sólo con algunas que fueron criadas en la ciudad, más cosmopolitas y con una visión más abierta y global del mundo.
LEJOS DE LA PAZ, CERCA DEL CAOS
La gente es muy amable. Pero, al menos en los lugares donde estuvimos, no pudimos sentir esa paz y armonía con la que se relaciona a la India. Todo es muy caótico, muchos tuc-tuc, motos y bicicletas por todos lados. Sumado a eso, las vacas, perros y monos sueltos, y la cantidad de personas constantemente yendo de acá para allá.
Las bocinas no paran de sonar nunca, sean o no necesarias. Y a todo hay que sumarle una gran cantidad de basura en las calles. No hay un sistema de recolección, no hay sistema de drenaje de agua desde las casas, y por costumbre la gente termina una botella de agua y la tira directamente a la vía pública como si fuera el basurero.
Por eso pienso que India es el gran país de las incoherencias. La gente hace yoga todas las mañanas, acepta la diversidad y en la paz entre las diferentes creencias y estilos de vida, pero no vimos el respeto por la naturaleza ni por el espacio común que esperábamos. Hasta las vacas, que son sagradas, comen de la basura en las calles.
CUIDADOS EXTREMOS
Fuimos con la idea de cuidarnos al extremo en las comidas y en el consumo de alimentos crudos y de agua. Así, no nos enfermamos ni perdimos días de viaje con una descompostura. Lamentablemente, sí nos perdimos comidas que parecían deliciosas en los puestos de calle, pero continuamos con los cuidados.
Para lavarnos los dientes o para tomarnos un mate hervíamos agua con pastillas potabilizadoras. Fue extremo, pero cauteloso. Hasta los mismos indios nos recomendaban no tomar el agua de la canilla de ninguna manera.
Nos tuvimos que cuidar hasta de aceptar un té o café preparado por un indio; tampoco podíamos tomar ninguna bebida que no viniera envasada. Es difícil esto a la hora de tener que decir que no a las invitaciones, cuando para ellos es bastante rudo que no se acepte su hospitalidad. Pero también comprenden que nuestro sistema inmunológico no es el de ellos.
Para muestra: en un negocio, rodeada de especias de todos los colores, comencé a toser y no podía parar. El hombre no dudó en ir a pedir agua. Yo le decía que estaba bien, que no se preocupe, mientras me seguía ahogando... Creo que porque me ponía nerviosa la idea de tener que aceptar ese vaso de agua. Cuando volvió, trajo en vez de un vaso de agua, una botella de agua mineral cerrada. Volví a respirar, se la quise pagar pero el hombre me dijo que no se le niega agua a nadie. Fue muy amable.
LA TRAVESÍA
Desde Delhi fuimos directamente a Jaisalmer, hacia el oeste del país, en el extremo de la zona de Rhajastan, que es desértico. Paramos en el hostal Mystic Jaisalmer, de un couchsurfer que se llama Ashraf. Fue muy interesante la charla con él, y el servicio del hostel era impecable. Con un grupo hicimos una salida que llaman “Desert Safari”, con un recorrido en camello y durmiendo en el desierto, sólo con unas mantas. Con la luna llena sobre nuestras cabezas fue realmente una experiencia inolvidable. Pudimos conocer unos pueblitos muy pequeños con gente súper simpática.
Desde Jaisalmer partimos a Jhodpur. Allí visitamos el fuerte, donde hasta hace poco vivía la familia real, el Maharaja. Sucedió que después de la independencia de Inglaterra (1948), se decidió hacer de la India una República Democrática, siendo el único país que pasó a ser una democracia después de haber sido colonia europea. Fue así que con Indira Ghandi, alrededor de los ‘60, los Maharaja de India pierden todos sus beneficios y, para conservar los edificios históricos, abrieron sus puertas a los turistas.
Se preguntarán dónde viven los actuales hijos y nietos de esos Maharajas. No viven en una choza, sino en palacios: mitad hotel, mitad residencia. En Jhodpur es un palacio construido por un arquitecto británico, uno de los palacios más grandes del mundo. O sea que a pesar de haber perdido los beneficios de príncipes y princesas, la vieja realeza vive aún como tal. Alrededor del palacio, cientos y cientos de personas duermen en las calles, pero siguen idolatrando a estas personas como si fueran dioses, sucesores del dios Rama.
Desde Jhodpur tomamos un tren a Agra. Allí es donde se encuentra el famoso Taj Mahal. ¡Absolutamente impactante! No hay palabras para describir lo que el emperador musulmán Shah Jahan, de la dinastía mogola, mandó a crear para su mujer, Mumtaz Mahal, su tercera esposa y el amor de su vida.
Como dijo Gaby, mi compañera de viaje, es verdad que nos van imponiendo iconos a lo largo de nuestra vida, pero creo que en este caso está bien merecido. El símbolo absoluto de la India es llamativamente de origen musulmán, mientras que hoy solo el 18% de la población es musulmana y el 80% hindú.
Maravillosa India. Un país de contrastes.

martes, 28 de octubre de 2014

Artículo en revista Nosotros de El Litoral. 25 de octubre de 2014

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2014/10/25/nosotros/NOS-07.html

Por el placer de correr
Por el placer de correr

Una experiencia única que permitió combinar dos placeres, correr y viajar, es la que se relata aquí. Se trata de la media maratón de Puerto Iguazú que se concretó a fines de septiembre; una oportunidad de poner a prueba cuerpo y mente.
TEXTOS REGINA CANDEL. FOTOS. REGINA CANDEL y MONICA PATRICIA MARTINEZ
No me defino como corredora, aunque hace ya un año y medio estoy entrenando con un grupo (liderado por el Prof. Horacio Pernicano). Las mejoras en capacidad muscular y cardiovascular son notables. Pero la importancia reside en que correr me enseñó a ser más positiva y a creer en mi misma. Coraje y confianza son dos hermosas palabras para explicar lo que correr significa para muchos que arrancan y no pueden parar.
El running, otra palabra del inglés que se naturaliza y casi pasa a ser parte de nuestro diccionario, se ha masificado notablemente en los últimos años. Cada carrera es un evento que une a personas de todas las edades e intereses. Hay siempre un grupo de elite que va a hacer buen tiempo, a competir, mientras que la mayoría vamos a participar y a sentir la libertad de correr por correr, como cuando éramos niños; tratar de llegar a la meta final y si se puede hacer un tiempo un “poquitín” mejor que la carrera anterior.
Hace poco leí un artículo en la Revista “Ñ”, donde Daniel Ulanovsky Sack decía: “Correr es democrático; en una carrera de 10 km. se pueden encontrar, en primera línea, a algunos corredores de elite y, en el fondo, a una familia con sobrepeso que empieza a tomar el toro por las astas”. Pero no sólo es el entrenamiento o el estilo de vida que hace al deporte tan igualitario. Pensemos en países como Kenia. Hoy día los keniatas son los atletas campeones del mundo, se destacan notablemente. Niños que tienen casi nada, muchas veces ni zapatillas, logran con constancia y entrenamiento ser adultos reconocidos mundialmente por los tiempos que hacen. Las ganas de salir de la pobreza los acercan al deporte, tienen una motivación clara y disfrutan del proceso con alegría. Si las cosas en el mundo se manejaran de esta manera, sólo los que realmente se esfuerzan, se ponen metas y son felices en el proceso de lograrlas podrían conseguir algo. Viviríamos en una real democracia. El running permite eso.
EN SUS MARCAS
Mi meta era correr mi primera carrera de 21 km., o sea una Media Maratón. Una amiga me propuso que para que realmente me sintiera motivada a entrenar tenía que combinar la carrera con un viaje. Así fue que seleccioné la Media Maratón de Puerto Iguazú organizada por Run Argentina. La competencia comienza en el mismo momento en que uno se inscribe. Todo se modifica. Una comienza a pensar bien lo que come y trata de no beber más que agua y jugos, las salidas se limitan un poco ya que si se sale el viernes, el sábado a la mañana no se tiene la energía necesaria para que el entrenamiento sea completo. Algunos amigos te llaman “la rompe asados” ya que muchas veces tenés que decir que no vas. Dormir y comer bien son esenciales para que el entrenamiento realmente esté concentrado en lograr un objetivo.
Mi esposo también iba a correr conmigo, pero finalmente no pudo por trabajo. Yo decidí que aunque fuera sola hasta Iguazú, la carrera la hacía como sea. Me había preparado. No podía echarme atrás. Lo que iba a ser un viaje de placer en pareja se transformó en un doble desafío: no solo transitar mis primeros 21 km., sino también enfrentarlo sola.
En estas carreras, el esfuerzo de los últimos kilómetros está motivado por llegar al abrazo de tus amigos o familiares. Yo me ví llegando a la meta a abrazar un árbol (por suerte en Puerto Iguazú hay muchos, imaginen si la carrera era en el desierto de Atacama). Creo que esta imagen conmocionó a mi madre de tal manera que dejó todo lo suyo por acompañarme y estar presente en ese momento tan importante para mí. Luego se sumó una amiga; así que ya éramos tres las aventureras hacia la selva misionera.
Con todos los preparativos -auto revisado, zapatillas en el bolso, mate y budín casero- salimos a la ruta. Cruzando desde Entre Ríos a Corrientes nos paró, primero, la policía y nos pidió los papeles. Todo en orden, seguimos viaje. A los 10 minutos nos paró un gendarme. Un hombre morocho, grandote, calculo que a punto de jubilarse. Nos pidió los papeles y mi madre le comentó que ya nos los habían pedido poco tiempo atrás. El hombre solo contesta: - ¿Entonces para qué se los voy a pedir de vuelta? Sigan nomás-. Me dio mucha ternura su confianza. Cuando viaja, uno despierta los sentidos y descubre en pocas palabras grandes significados.
Cañaverales, timbúes, lapachos rosados, palmeras, aromitos. Estas bellezas adornan el camino. Ñandúes y caranchos se hacen notar . Es la sexta vez que voy a Misiones, siempre entré y me fui feliz. Está como la recuerdo. Su vegetación, su tierra roja y principalmente su gente hacen de ésta la provincia más increíble del país. Lástima la selva que por momentos se ve chiquita, tratando de ganar espacio por debajo de los pinos productivos. Es como si la selva fuese la vaga de la clase, la que no se merece el tiempo de cuidado, mientras que los pinos son trabajadores, altivos, con un destino definido. Es triste pero cierto.
LA CARRERA
La primera parada la hicimos en San Ignacio, llegamos de noche, con lluvia. En un supermercado, la mujer me ofrece repetidas veces carne entrerriana, la mejor. Aunque no pensábamos hacer ningún asado, me dieron ganas de comprar sólo por la energía y la buena atención de la mujer.
Segundo día de ruta con destino a Puerto Iguazú. Parece un sube y baja de la plaza. Cada vez que bajamos descubrimos un paisaje nuevo con casas de madera a los costados, algún puestito de venta de orquídeas o algún camino de tierra que lleva vaya uno a saber dónde. Llegamos cansadas. Aparecen carteles amarillos al costado de la ruta anunciando que puede cruzarse un coatí en el camino. Bajamos la velocidad al ritmo de la selva.
Si esto fuera un cuento, diría que estamos en el climax. La emoción sube y este viaje se siente en algún punto como una peregrinación. Y es en este momento que me pregunto: ¿Por qué me vengo de tan lejos a hacer algo que puedo hacer en casa?
Esa misma tarde voy a buscar el kit de corredora. Soy la número 179. Tengo mi remera y mis medias de regalo. Con el kit también vienen las ganas de correr. Charla técnica. Somos 500 corredores escuchando atentamente cómo va a ser el recorrido y dónde van a estar los puestos de hidratación. Nos preparan mentalmente a enfrentar no sólo los 21 km. sino las subidas pronunciadas y la lluvia probable para el día siguiente.
Al otro día nos levantamos temprano, el desayuno es completo. Me visto de corredora y salimos hacia la entrada del Parque Nacional desde donde parte la carrera. La emoción crece, es un sentimiento extraño que no lo entendía en otros hasta que corrí mi primera carrera de 10 km. en Santa Fe, en 2013. Comienza, salimos todos con alegría. La lluvia cae pero no molesta. Me alegro de no haber corrido con música. Pude interactuar con otros corredores venidos de Brasil, Chile y de los lugares más lejanos de Argentina. Pude escuchar los ruidos de la selva, algún ave, los árboles que se movían por la brisa. También pude escuchar los gritos de la gente que pasaba en autos y colectivos que nos alentaba a seguir.
Fui a mi ritmo, poco a poco cubrí los kilómetros, los disfruté. Cuando estaba en los últimos minutos de carrera ví a una familia en una curva y les pregunté cuánto faltaba: “estás a 300 metros del final”. En ese momento sentí una adrenalina que me hizo subir la velocidad, se me caían lágrimas de los ojos. Estaba emocionada, lo había logrado. Crucé la meta y ahí estaban mi mamá y mi amiga para abrazarme.
FINAL Y NUEVO COMIENZO
El viaje no terminaba allí. Después de la carrera entramos al Parque Nacional. El espectáculo es impactante ya que el caudal es enorme este año. Me ha tocado ir otros años con casi nada de agua, que también está bueno porque se puede cruzar a la isla San Martín y ver la Garganta del Diablo. Esta vez todo era agua.
En el recorrido vimos mariposas amarillas y azules, coatíes y muchos monos, que lamentablemente se acercan a la gente ya que muchos siguen dándoles comida cuando cada vez hay más carteles que avisan que está prohibido.
Al siguiente día cruzamos a Brasil, comimos comida brasilera, compramos feijao y farofa en un supermercado y quisimos ir a ver las Cataratas, pero el precio nos pareció excesivo. No hay precio Mercosur, por lo que los argentinos tenemos que pagar lo mismo que paga un canadiense. No tiene mucha lógica, así que volvimos a Puerto Iguazú.
Había que organizar el regreso a Santa Fe. Lamentablemente la lluvia torrencial hizo varios destrozos en la ruta, fuimos despacio, disfrutando de las últimas horas rodeadas de selva y dormimos en Apóstoles, al sur de Misiones, casi cayéndonos a Corrientes, donde comienza la ruta de la Yerba.
Llegamos con tormenta fuerte, truenos, relámpagos y hasta piedras, pero llegamos. La rotisería donde compramos la pizza era atendida por dos hermanos, igualitos. Eran en realidad dos varones y dos mujeres; cuatrillizos. Únicos por no ser producto de ningún tratamiento de inseminación artificial. Son 7 hermanos en total. Siete vidas duras, de estudio y de trabajo sumado a una mamá que se tuvo que ir a Río Gallegos a trabajar de maestra jardinera ya que en Misiones la búsqueda de empleo nunca fue sencilla. Desde allá a lo lejos la madre siempre los ayudó económicamente. Las mujeres de la familia, embarazadas desde chicas. Una familia numerosa. Lo que me impactó fue cómo nos contaron su vida tan abiertamente en unos pocos minutos. Justo cuando llegaban al tiempo presente de su relato la pizza ya estaba en su caja. Historias de vidas reales que una conoce en la ruta.
* * *
Llegamos a casa. Como yo, otras 500 personas deben estar sintiendo lo mismo. Haber cumplido una meta.
Hay miles en el mundo que entrenan y se proponen año a año cruzar sus propios límites. Y lo hermoso es que cualquiera que dice “no, no...yo no puedo correr. No sirvo para eso”, puede salir cualquier día y empezar a probar. Con el tiempo se va a dar cuenta que se puede. Lo digo con total conocimiento de causa, ya que yo era una de esas personas. Pensándolo con más detenimiento, tal vez ahora sí me defina como corredora. Si al final de cuentas, es cuestión de ponerse una meta y disfrutar del camino... Como viajar.
+info
PARA PARTICIPAR
Para anotarse en la próxima edición de la carrera (y en otras carreras alrededor del país): www.runargentina.com
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coatí sobre un árbol.
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extraño exponente de la flora local.
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postal majestuosa de las cataratas.