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jueves, 6 de febrero de 2014

Hanoi, la capital.


Ahora que lo veo desde lejos Hanoi es una mezcla bastante extraña: tiene barrios calamitosos combinados con calles al mejor estilo Parisino y lagos rodeados de Pagodas bellísimas. Aun conservan muchísimo de la arquitectura francesa consecuencia de las épocas de ocupación, como también quedan resquicios de una época aún anterior con el Hoam Kien Lake y el Templo de la Literatura.

A diferencia del sur de Vietnam, el norte es muy húmedo y lluvioso. Calculo que esto sumado a las circunstancias políticas con las cuales los Vietnamitas del Norte han tenido que lidiar durante casi todo el siglo XX hacen de su gente bastante más amarga, fría y mal educada que en el sur.

Estar en Hanoi durante 5 días nos agotó bastante, principalmente por este motivo. La gente literalmente te golpea caminando, no hay ningún respeto de parte de las motos por el mínimo espacio que los comercios dejan sobre las veredas, por lo que al peatón no le queda otra que tener que ir esquivando motos y autos cuando le toca caminar por la calle. Ni hablar lo que significa cruzar una calle. La técnica es caminar muy despacio pero de manera constante, las motos de esta manera te pueden esquivar ya que pueden predecir tus movimientos. En los negocios los vendedores son simpáticos sólo si les comprás, sino te tratan con bastante menosprecio…y obvio que acá continúa el continuo tira y afloje con los precios. Todo esto sumado a una lluvia bastante constante nos cansó y realmente teníamos ganas de dejar Vietnam atrás.

 A pesar de todo esto Hanoi nos regalómomentos hermosos, entre ellos el tour que hicimos por Halong Bay. Este tour lo compramos desde el hotel, por recomendación de nuestros amigos Vicky y Tero a 45 U$ cada uno. Incluía traslado a la bahía, el paseo en barco con una noche en camarote y todas las comidas. Lo cómico era que en los traslados los buses paraban en unos lugares de venta de estatuas gigantes de patio, como si uno comprara esas cosas así como si nada, tal vez me entraba una en la mochila. Ayudó a que el paseo sea agradable el hecho de que conocimos un grupo de gente con la cual armamos un grupo de ¨latinos¨: dos españoles, una chilena y tres argentinos en Halong Bay. La charla y compañía fue bárbara, nos reímos muchísimo, parecía que nos conocíamos hacía años. Éramos personas que tal vez en nuestros respectivos lugares no nos hubiéramos dado ni la hora: totalmente diferentes, con intereses dispares, con pasados más o menos extraños, pero en ese preciso instante el tiempo nos juntó y nos hizo sentir cercanos. ¿Entienden lo hermoso que es viajar?.


Halong Bay es una bahía al norte de Vietnam que tiene unas formaciones tipo islotes, miles de ellas y uno puede navegar entre ellas. Llegamos a un pueblo flotante de pescadores, en medio de los islotes. Increíble realmente que haya familias viviendo a varias horas a bote de tierra firme, con el sólo recurso de los peces que pueden sacar del mar. Allí bajamos del barco para hacer un poco de kayak metiéndonos en unas cuevas increíbles, silencio absoluto, sólo nosotros dos y el ruido del agua cuando la golpeábamos con los remos.

A la noche jugamos al chancho con el grupo ¨latino¨. Con ellos nos volvimos a encontrar una noche a la vuelta en Hanoi. Como también una noche nos encontramos con Ina Egermann, una alemana que habíamos conocimos en la estación de tren de Nha Trang. Con ellas fuimos por primera vez a comer a un lugar en la calle. El menú era el siguiente. Uno agarraba un palito tipo brochet y pinchabas carnes y verduras variadas ya cortadas y lavadas. Te lo cocinaban y luego pagabas por las elecciones realizadas. Estaba muy rico y parecía todo muy limpio, pero uno siempre desconfía un poco en comer en la calle. Ina era una mujer realmente valiente. De joven había viajado mucho, pero luego con el ajetreo de haberse recibido y haber comenzado atrabajar, había desechado la aventura de su vida…hasta que se cansó. Dejó todo, armó su mochila y salió de viaje por Africa, Sudeste Asiático, Nepal y Australia. Sin planes, solo con la idea de trabajar en el camino. Cada tanto seguimos recibiendo mails de ella con sus aventuras.

En Hanoi no podíamos dejar de visitar el mausoleo de Ho Chi Minh. Allí lo tienen embalsamado. Para ingresar hay muchísimo protocolo, entre otras cosas, al entrar a la sala uno tiene que caminar constantemente por donde le indican, los brazos tienen que estar estirados al costado del cuerpo, no se puede hablar ni hacer muecas, no se puede entrar con cámaras de fotos ni celulares. El más absoluto respeto al héroe nacional.









Nos despedimos de Hanoi desde una estación de tren hacia la frontera con China, hacia Yangshuo, tierra de sueños.

martes, 4 de febrero de 2014

Hue, Ciudad Imperial.



Dejando atrás la tranquilidad de la playa, seguimos subiendo por la costa más al norte de Vietnam para hacer parada en Hue, The Heritage City, nombrado por la UNESCO como Patrimonio Histórico y Cultural.

En cuanto llegamos decidimos sacar el pasaje de tren para que dentro de tres días pudiéramos viajar sin problemas hacia Hanoi. Yo cuidaba las mochilas mientras que Fabi se adentraba en el mundo de los colados.  Especialmente los hombres Vietnamitas
no tienen un concepto muy claro de lo que es ¨hacer fila¨, hasta que llegó un policía a los gritos y los muchachos se organizaron. En la foto no se lo ve muy feliz a Fabi pero fue prueba superada. ¡Pudo conseguir los tickets con éxito!

Frente al río Sông Hương ( río Perfume para los amigos)
En Hue nos concentramos más en la historia de Vietnam. Conocimos algo de su historia antigua visitando lo que alguna vez fue la Ciudad Imperial de Vietnam (comparado a la Ciudad Prohibida de Beijing…la de la peli ¨El último Emperador¨, ¿se acuerdan? Aunque claro que la peli no se filmó allí mismo). Luego viajamos más cerquita en el tiempo y nos adentramos en la Guerra de Vietnam haciendo una visita tipo tour a lo que se llama el ¨Paralelo 17¨o DMZ (o sea Zona Desmilitarizada).

En algún punto estos dos momentos de la historia se unen. Cuando ingresamos a la Ciudad Imperial lo primero que nos preguntamos es por qué faltaban la mayoría de los edificios, casi todos están demolidos y algunos fueron reconstruídos. La respuesta es sencilla. Con la cantidad de bombardeos que sucedieron durante la guerra contra los Franceses primero y luego los Norteamericanos los edificios históricos fueron casi eliminados.  Tanto esfuerzo de tantos años convertidos en cenizas. Por este motivo entrar a la Ciudad Imperial resulta bastante triste en un primer momento.

A medida que uno camina por la ciudad va descubriendo muchos espacios aún conservados bellísimos que transportan a lo que fue la Capital de Vietnam hace aproximadamente 400 años atrás con la Dinastía Nguyen como último resquicios del poder imperial, hasta 1945 que abdican frente a Ho Chi Minh.  Es maravilloso pensar que hasta hace no mucho las tradiciones milenarias de las dinastías Chinas y Vietnamitas aún persistían.  El que me conoce sabe que no comprendo que un pueblo le pueda dar tanto poder a una sola persona o familia contando con grandes beneficios mientras que el pueblo se muere de hambre. A pesar de esto, el mundo de estas dinastías atrapa y no sé por qué dan ganas de saber sobre sus protocolos, sus vestimentas, los roles dentro del imperio.

Haciendo un salto grande en el tiempo llegamos a la DMZ, que es el área sobre el paralelo 17 que rodea lo que en algún momento fue el límite entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Va desde la frontera con Laos hasta la costa.  Este área fue testigo de batallas duras con muchísimas pérdidas humanas como también destrozos ambientales. Visitamos los restos de una base militar Estadounidense y los Túneles de Vinh Moc. Estos eran túneles que conectaban espacios donde las familias vietnamitas tuvieron que vivir bajo tierra por un período muy largo de tiempo tratando de defenderse de los ataques aéreos constantes. Hasta los niños llegaban a las escuelas por medio de túneles para no tener que salir a la superficie. Eran cómicas las preguntas que hacían unas señoras norteamericanas clase media bien acomodadas sentadas al lado nuestro en el tour. Casi que les faltaba preguntar: ¿Y quiénes eran los bueno y los malos entonces? ¡Porque en las películas que produce mi país, Los Estados Unidos de América, los malos siempre tenían ojos chiquitos!¨. Por momentos era para callarlas, pero no daba….sin saber demasiado, igual se habían animado al viaje lejos de casa, a querer conocer, y se animaron a preguntar…que muchos por no pasar vergüenza se quedan en la ignorancia.


Hue nos mostró mucho de Vietnam. Fue un pueblo muy sufrido y se ven las consecuencias hoy día en el carácter de la gente, el trato diario. Son fuertes, defienden lo propio…y es que después de tantos años de pasarla mal, muy mal…no le queda otra a un pueblo.

Hue funcionó entonces como una separación entre el norte y el sur de Vietnam, que por momentos funcionan como regiones totalmente diferentes,  al norte nos esperaba Hanoi.

domingo, 2 de febrero de 2014

Vuelven las ganas de escribir...


Hace casi un año entero que no escribo, ni en el blog ni en ningún otro lado. Sé que mi inspiración aparece como por arte de magia cada vez que se acerca un viaje. De pronto aparecen unas necesidades extrañas de escribir. Siento que de alguna manera con la proximidad de una nueva aventura me permito abrir todos los sentidos al mundo: comienzo a oler y degustar, a mirar y no solo ver, a prestarle atención a las cosas mínimas y extrañas que suceden en mi mundo…reducido hasta que me subo al avión y la realidad se ensancha.

Dos veces lloré al estar llegando a un destino, en la llegada a Ushuaia en el año 2002 y en el aterrizaje en Beijing el 1 de enero del 2013. En el primer caso estaba sola y estaba llegando a dedo, en el auto de una pareja. Era una gran hazaña para mí estar pisando Tierra del Fuego, el fin del mundo,  luego de bastante discusión con mis padres que rechazaban las ideas viajeras que tenía. Ya era grandecita, 22 años, ya tenía en mis hombros un viaje de tres meses por Europa. No veía por qué no podía llegar al extremo sur de mi país. Las lágrimas no paraban de salir cuando comenzamos a divisar Ushuaia desde la ruta.
Lo mismo me pasó cuando el avión comenzó a descender sobre el aeropuerto de Beijing.  Simplemente no lo podía creer. Un nuevo extremo en mi lista de destinos. Esto es lo más lejos que puedo estar de casa. China…Esta vez no estaba sola. Al lado Fabi me sonrió y me agarró la mano. En este preciso momento la magia se manifestó y varios de los problemas que veníamos arrastrando desaparecieron. Sabíamos que este viaje iba a funcionar como bisagra en nuestras vidas. Siempre sabiendo que sea cual fuera la decisión, todo iba a ser para mejor.

El 5 de marzo, cuando pegamos la vuelta a casa, después de dos meses de aventuras, las sensaciones eran otras. Volvimos felices. Toda la última etapa del viaje estuvo dividida en dos países: el norte de Vietnam y el sur de China.

No es fácil escribir tratando de recordar lo que pasó hace un año atrás en un país tal lejano. No es sólo por el hecho de no recordarlos nombres de los lugares adonde estuvimos o no poder ordenar los eventos como sucedieron. Pasa algo más extraño aún. El transportarse a otras formas de vida, con otros idiomas, otras formas de vestir y de comer; viajar a lugares donde uno es el extraño, al punto que te rodean y te observan cual oso panda comiendo una caña de bambú, donde los olores te parecen extremos (o te morís del placer o te dan nauseas), donde todo es nuevo para estimular nuestros sentidos…llego a la conclusión que viajar es entrar en una dimensión distinta, el concepto de tiempo y del espacio se modifican, los días parecen cortos, pero en realidad te permiten hacer mucho y lo que uno ve en el mapa y dice:¨¿Cómo voy a hacer para llegar tan lejos?¨, finalmente se transforma sólo en kilómetros, no es más que eso, kilómetros recorridos…y si uno piensa: Si hago 30 km para llegar desde Santa Fe a Paraná, ¿por qué no hacer 170km más la próxima y llego a La Paz?, y después un poco más y un poco más y llego a Las Cataratas del Iguazú…y así uno se va moviendo y al final de la cuenta…no es más que recorrer kilómetros. Piensen algo, ¿Cuántas personas de sus conocidos se van de esta vida con el deseo de haber conocido Iguazú? Y nunca se animaron a  hacerlo, a moverse, a enfrentar el cambio constante que significa viajar.

Vietnam

Finalmente pudimos salir de Ho Chi Ming, después de que pasara la locura del Fin de año Chino. No nos quedó otra que tomar el primer bus que nos sacara de la ciudad y fue hacia Nha Trang. Valió la pena. Es un lugar bastante turístico sobre la costa, así que hicimos vida de playa y barcito a la noche durante algunos días, descansando de la vorágine que había sido nuestra pasada por Ho Chi Ming. El Hostel, el Mojzo Inn  (http://www.hostels.com/hostels/nha-trang/mojzo-inn/61102?p=9#propertyAnchor=p61102) donde conseguimos cama a 7 dólares cada uno ayudó a nuestro descanso. Todo era impecable, la habitación era compartida, pero con baño dentro de la misma a y a la mañana servían un desayuno de baguette, huevo a la plancha y jugo que ayudaba a comenzar el día con energías.

Lo  interesante fue conocer a dos fotógrafos Vietnamitas:
Long Thanh (http://www.elephantguide.com/longthanh/galleries/index.htm) tiene una galería bastante imponente, trabaja todo en blanco y negro y por lo que nos contó vende muchísimo a los extranjeros. Realmente daban ganas de traerse algunas de sus fotos, pero no eran trabajos que estuvieran dentro de nuestro presupuesto. Nos habló de lo difícil que es en Vietnam conseguir los insumos para hacer las copias, ya que él revela todo analógicamente. Un gran artista!
Mai Loc (http://mailocphotos.com/) también tiene una galería interesante. Es otro tipo de trabajo, todo con digital y se nota en la calidad final de la foto. Investigando sobre este fotógrafo encontré en el blog de un viajero exactamente la misma historia que Mai Loc nos contó a nosotros en cuanto pusimos un pie adentro de la galería. Es una historia muy loca, pero ¿por qué no creerle?
Cuando Mai Loc era pequeño y tenía 12 años, se ganaba la vida vendiendo cigarros en la estación de tren. Desde 1985 hasta 1989, se ganaba la vida con el contrabando del café.

Ya en el año 1989 entró en la bancarrota, y su vida giró en torno a la búsqueda de oro en las montañas a unos 35km al este de Saigón (Ho Chi Minh) cerca del Parque Nacional Nam Cat Tien. Según dice, mucha gente fue contagiada por la Malaria, la cual ,él contrajo también y estuvo cerca de 3 meses muy mal. Desde que dejo esa vida, de 1990 a 1998 se dedico al ciclo-taxi. En 1994, empezó a estudiar inglés.
Un día de 1995, unos turistas llamados Gunnar Simonsen y Eva W. Mellquist, una pareja de noruegos que estaban de vacaciones en Vietnam, cogieron el ciclo-taxi de Mai Loc. Ellos encontraron en él su interés por el aprendizaje del inglés, y le prometieron que le pagarían sus clases de enseñanza. Ese matrimonio, formaron con el conductor una bonita amistad, tanto, que los dos siguientes años fueron a verle de nuevo. Cuando Mai Loc, organizó su boda, el matrimonio noruego fue invitado, y como regalo de boda, le regalaron una pequeña cámara fotográfica.
En 1998, justo antes de que Gunner muriera de una enfermedad terminal, él le envió a Mai Loc $6.000 con los que pudo empezar su nueva vida. Con ello monto su propia empresa de tours, con las que junto a su cámara que le habían regalado, pudo aprender de la fotografía.
En 2002, cuando Eva volvió a Vietnam, se quedo impresionada por la calidad fotográfica que tenia, y lo primero que hizo cuando volvió a Noruega, fue presentar sus fotos a distintas galerías. Eso le proporciono que fuera invitado a distintos eventos. El único inconveniente para Mai Loc, era el tema del visado, ya que era muy difícil conseguirlo. Así que en el año 2006, elFestival de Fotografía de Nordiclight en Kristiansund, invitó a Loc, que junto con la Asociación de Fotógrafos de Noruega y el Gobierno, hicieron posible su sueño de pisar el país y comenzar una nueva vida como fotógrafo profesional.
Creer o reventar, yo elijo creer sino no podría viajar.

Hasta mañana, que seguiré relatando algunas historias de Vietnam…

Videos nuestros y de amigos...

No sé por qué motivo se complica poner videos directamente a lapagina principal del blog,así que decidí compartirlos por medio de You Tube. Acá agrego los links:

1) Video realizado por Vicky y Tero, con quienes tuvimos el placer de compartir ya varios viajes, entre ellos la primer parte del viaje por China y Tailandia (año 2013):

http://www.youtube.com/watch?v=R5SqSa8XpgM

2) Mini resumen de nuestro viaje por el Sudeste Asiático,algunas imágenes para recordar (año2013):

http://www.youtube.com/watch?v=_a3hI3BkLGU


martes, 28 de mayo de 2013

Vietnam, El río Mekong y Ho Chi Min



Vietnam existe mucho más allá de la guerra con Estados Unidos. Es más, atravesó más conflictos que aquel que fue el más retratado por el cine y la literatura, y recibió influencias de otros países. En esta nota, un recorrido por una región en la que el río es presencia absoluta.
TEXTOS Y FOTOS. REGINA CANDEL.

¿Qué se viene a la cabeza cuando escuchamos o leemos la palabra Vietnam? De seguro pensamos en la palabra “guerra”. Pareciera que este país sólo existiera porque lo vimos en fotos y películas de la Guerra de Vietnam, nombre impuesto por los Estados Unidos. Pero si nos ponemos a pensar bien, en realidad esta guerra fue sólo una de los tantos enfrentamientos que los vietnamitas tuvieron con otras potencias. Por este motivo es que prefieren llamarla la Guerra Americana, ya que ellos también tuvieron su guerra con los franceses, con los camboyanos, con los japoneses y con los chinos. Tantas guerras marcaron a esta tierra y a su gente, destruyendo ecosistemas enteros y cambiando los sistemas sociales.
Llegar a Vietnam fue fácil. Unos meses antes, cuando habíamos decidido viajar y nos pusimos de acuerdo en el recorrido, habíamos hecho el trámite para sacar la visa e ingresar al país sin problemas. Nosotros la hicimos por medio de una empresa de turismo de Santa Fe, a quien le pagamos $100 de más por visa para ir a Buenos Aires y presentar todos los papeles en el consulado. La visa también se puede obtener en Internet, pero sale un poquito más caro.
Nuestro cruce de frontera fue desde Phnom Phen, en Camboya. Pensamos en varias opciones, pero la que más nos convenció -para evitar varios medios de transporte para cambiar de país- fue tomarnos un bote rápido por 23 dólares cada uno, que nos llevó por el río hasta el puesto fronterizo. Allí bajamos e hicimos sellar los pasaportes. Y seguimos sin problemas hasta el primer pueblo vietnamita sobre el río Mekong: Chau Doc.
Ya desde el bote vimos varios asentamientos de casas al lado del río o directamente sobre el agua, lo que ellos llaman casas o barrios flotantes. En esta parte del mundo, el Mekong es la guía, el eje, la columna vertebral de las vidas humanas. Del río comen, sobre el río viven, por el río se transportan en canoas, barcos y botes. Los niños se bañan en el río y esperan que pasen las embarcaciones para saludarlas desde la orilla. Este primer pantallazo nos hizo acordar mucho al viaje que realizamos en el año 2010 por el Amazonas, en Brasil. Allí también vimos casas flotantes, escuelas, comedores, pueblos enteros sobre el río. Las necesidades de la gente también se parecen. Las casas son muy humildes y los niños salen acelerados en sus canoas a pedir que la gente sobre los barcos les tire comida o dinero. La mayor diferencia entre los dos ríos está en la cantidad de población que vive en sus orillas. En Vietnam hay una población de 90 millones en una superficie que se equipara a poner tres veces la provincia de Santa Fe. ¡Es demasiada gente y se nota! Todo está colapsado y el río lo sufre. La contaminación es alta ya que todo lo que sale de las casas termina en las aguas cada vez más marrones. En cambio, en el Amazonas la densidad de población en mucho menor, por lo que el río no siente tanto la presencia humana.
EL TRÁNSITO, UN VERDADERO CAOS
Desde Chau Doc nos movimos a My Tho en bus para pasar sólo una noche y luego seguir hasta Ho Chi Min, ex Saigón. Nuestros primeros viajes en colectivo ya nos dieron una pauta del caos que es el tráfico en Vietnam. La cantidad de motos es un tercio al número de la población del país. ¿Se imaginan? Son casi 30 millones de motos haciendo ruido y tocando bocina cons-tan-te-men-te. Y si, la verdad es que llega a saturar bastante. Los viajes en colectivo son casi imposibles de soportar. Casi no se ve campo abierto cuando uno va por la ruta, hay población viviendo a todo lo largo de las carreteras, por lo que el colectivo va tocando bocina casi sin parar a las motos, bicicletas, niños, perros y búfalos de agua que se le cruzan por el camino. Ni pensar de viajar de noche, ya que aunque la población, perros y búfalos están durmiendo, la tendencia de tocar bocina continúa, como si fuera una moda. Sucede que cuando se logra conciliar mínimamente el sueño, los bocinazos te despiertan durante toda la noche. Optamos entonces por los viajes en tren que, aunque cuesta un poco más caro, nos permitió aprovechar para viajar de noche y dormir en los camarotes.
Este mismo caos se vive en las ciudades, pero empeora ya que ahora uno es un peatón. Caminar por las veredas y cruzar las calles puede volverse complicado. Prácticamente todas las veredas están siempre ocupadas por motos estacionadas o por puestos de comida que sacan sus mesas y sillas a la calle. Esto implica tener que bajarse del cordón, y caminar por donde están pasando miles de motos y bicicletas. Mientras que pasaban los días en Vietnam aprendimos que puede llevar más tiempo de lo esperado caminar unos cientos de metros en las grandes ciudades. Fueron en total 18 días, un poco más de lo esperado y creo también más de lo deseado. El caos constante en las calles llega a cansar. No es un desorden que vibra y dan ganas de conocer cosas nuevas o de meterse en los rincones, como me pasó en Marruecos, por ejemplo. Es más un desorden del cual dan ganas de salir corriendo.
COSTUMBRES, SABORES Y AÑORANZAS
Palacio de Reunificacion
La llegada a Ho Chi Min la hicimos con dos alemanes, padre e hijo, que estaban viajando 20 días por Vietnam. Con ellos charlamos durante todo el viaje en bus y como la estación de buses queda lejos del centro y no hay un buen servicio de colectivos locales para moverse en las ciudades, decidimos tomar un taxi entre los cuatro. Se recomienda, antes de subirse al vehículo, decirle al chofer que ponga el taxímetro, así uno puede tener un control de lo que le van a cobrar. Puede suceder que no lo pongan a propósito y después cobren un precio desorbitado sin que uno ni siquiera se de cuenta. En las guías de viaje siempre recomiendan algunas empresas de taxis de absoluta confianza. Nosotros tuvimos que tomar varios y nunca tuvimos problema. No fue así con las moto-taxi que cobran un precio muy alto si no se llega a un acuerdo previo.
La llegada fue sencilla, el problema fue salir. Habíamos leído que por el TET o Año Nuevo Vietnamita el país se colapsa de gente viajando y que todo es mucho más caro, pero no pensamos que iba a ser tan al pie de la letra. Quisimos sacar tickets de tren o de bus hacia Dalat, una ciudad en la montaña con un clima más fresco que en HCM, pero no había pasajes hasta después de 15 días. Luego de varias idas y vueltas terminamos sacando sin demasiado entusiasmo un ticket para movernos a Nha Trang tres días más tarde. Por este motivo estuvimos cinco días en HCM; así pudimos caminar sus calles, perdernos un poco en sus escondites, ir a los museos y conocer a Vu y su novio italiano.
Los conocimos por medio del grupo de Couchsurfing.org y nos invitaron a comer a un restaurante de comida tradicional. Una de las preguntas que teníamos para hacerles fue el motivo de unos sobres rojos que la gente colgaba de los árboles de flores amarillas y que se estaban vendiendo en todos lados. Al hacer esta pregunta, sacan de sus bolsillos dos sobres rojos, uno para mí y uno para mi esposo como forma de hacernos parte de su TET. La idea es poner un billete aunque sea de muy poco valor dentro del sobre y regalárselo a las personas que uno quiere. Es la forma de desear buena fortuna, buenos deseos y un buen año. Me emocionó muchísimo el gesto ya que apenas nos conocían y ellos le dan gran importancia a cada una de las costumbres.
Algo que nos hizo reír mucho fue entender cómo los sabores que uno considera ricos o feos cuando hablamos de comida están totalmente a merced de las costumbres que se traen de casa. Lo que para nosotros es incomible por lo picante, en Vietnam (que aunque menos que en China y en Tailandia, la comida siempre tiene un dejo de picante o al menos tienen siempre al lado del plato otro con condimentos rojos que arden de solo mirarlos) es normal y así la comida tiene sabor verdadero.
Vu nos contaba que cuando estuvo en Argentina hace unos años todo le parecía soso y desabrido, y que cuando pidió algo de condimento picante le trajeron... ¡chimichurri! Nos reímos mucho con esta anécdota que nos hizo entender que, al fin y al cabo, aunque viajar para muchos de nosotros es el mayor objetivo en la vida, no hay nada como volver a casa y disfrutar de lo que estamos acostumbrados.
No hablo sólo en relación con la comida. Se extrañan olores, costumbres, el saludo de la gente en la calle y hasta los ladridos de los perros que no te dejan dormir de noche. En un viaje que hice hace unos años, extrañaba el olor a las tostadas de la mañana mientras me tomaba un mate. Uno extraña las cosas más ridículas a veces.
LAS HUELLAS DE LA GUERRA





En HCM fuimos al “War Remnants Museum”, que muestra las consecuencias de la guerra en el país. Es impactante el sufrimiento por el que la población vietnamita tuvo que pasar para poder sobrevivir y finalmente lograr la unificación. Allí muestran fotografías de las actividades de los niños durante la guerra, haciendo sombreros y atravesando los túneles para ir a la escuela. También se cuenta de la oposición a la guerra que hubo en todas partes del mundo, las manifestaciones muy populosas en los Estados Unidos, Europa, y gran parte de Sudamérica. Se ven, también, fotos de las consecuencias de lo que se llamó el “Agente Naranja”. Este es un químico herbicida y defoliante que fue utilizado por el ejército norteamericano para destruir la vegetación en Vietnam y de esa manera impedir que los soldados vietnamitas se movieran por un medio que solo ellos conocían. Es que la selva era su medio y sabían cómo y por dónde moverse. Como consecuencia directa del uso de este químico (sumado a los bombardeos contantes) se destruyó casi la totalidad de la vegetación natural del país con pocas probabilidades de que vuelva a crecer, ya que el suelo quedó totalmente contaminado. Esta misma contaminación se transmite al agua de los ríos y por lo tanto a las plantaciones. Esa comida fue consumida por la población y el resultado fue un alto porcentaje de personas con deformaciones y retrasos. Es notable, principalmente en el sur, la cantidad de personas con malformaciones que están pidiendo dinero o comida en la calle. Hay algunas organizaciones ayudando a las personas que hoy en día siguen siendo afectadas por esto, pero nadie se hace cargo realmente, ni siquiera los Estados Unidos.
También visitamos el Palacio de Reunificación, un edificio muy moderno que nos recordó a las obras de Niemeyer en Brasil. Este lugar fue testigo de la llegada de los comunistas a Saigón en el año 1975. Vietnam del sur aún estaba bajo mando de un gobierno títere, controlado por los Estados Unidos. Llegaron los comunistas en sus tanques y tiraron abajo la reja de entrada. Cuando encontraron al General Minh que se estaba haciendo cargo del gobierno del sur, le dijo al oficial comunista: “Estaba esperándolos desde esta mañana temprano para transferirles el poder”, a lo que el oficial comunista contestó, sin pelos en la lengua: “No se puede dar lo que no se tiene”.
Lo más impresionante del Palacio de Reunificación es el bunker que se construyó en el sótano con la idea de poder dirigir cualquier problema de Estado desde allí y sobrevivir a cualquier bombardeo. Se aprendió esto del pasado, ya que antes del palacio actual había otro -de estilo francés- que fue destruido en el año 1962 por los bombardeos contra el presidente que tomó el poder luego de que los franceses abandonaran el territorio.
La historia de Vietnam no es fácil de comprender, pero lo importante es tener en claro que la guerra con los Estados Unidos fue sólo una más. Los franceses ocuparon Vietnam y el resto de lo que se conoció como Indochina (Tailandia y Camboya) a mitades del siglo XIX y cambiaron costumbres y arquitectura del país.
Tanto en Ho Chi Min como en Hanoi, al norte del país, esto es notable en las edificaciones afrancesadas. Y claro está, por donde pasaron los franceses dejaron la pasión por la baguette, que se consigue en todos lados. Dejamos atrás Ho Chi Min, luego de varios días de aventura, para dirigirnos a Nha Trang. Nuevos relatos sobre Vietnam esperan.

UNA FIESTA DE 14 DÍAS
Chau Doc es un típico pueblo (y cuando digo pueblo hablo de 120.000 habitantes) sobre estas aguas dulces, con miles de dueños de botes vendiendo a los turistas un paseo de una hora, dos o las que sean necesarias para conocer la zona. Cuando llegamos, caminamos hasta el hotel que habíamos reservado. La habitación tenía un balconcito que daba hacia el mercado central del pueblo. Quisimos salir a tomar unos mates al balcón, pero era tan abrasador el calor que decidimos quedarnos adentro, bajo la protección del aire acondicionado.
Caminando por el pueblo nos empezamos a dar cuenta de que algo estaba pasando; había un espíritu de alegría en las calles, cientos de vendedores de flores amarillas y rojas. Era claro: el TET o Año Nuevo Vietnamita estaba empezando. Esta es la celebración más importante de Vietnam y los chinos la llaman Chinese Lunar Year. Es una fiesta que dura aproximadamente 14 días. Durante esas dos semanas los vietnamitas tienen vacaciones y el país entero se está moviendo de una ciudad a otra para visitar a sus familiares. Hay muchas tradiciones durante estos días.
Antes de comenzar el año la gente limpia a fondo sus casas, pide perdón si es necesario, paga las deudas, hace todo lo posible para arrancar el año sin manchas, limpiando todo tanto física como espiritualmente. Pasan el tiempo en familia y se hacen regalos. El día en que terminó el año y comenzó el nuevo estábamos en Ho Chi Min y se celebró con un festival de música, muchas flores decorando largas calles, luces por todos lados y un show de fuegos artificiales como nunca ví. El hombre que estaba a nuestro lado con su hijo en brazos festejaba cada uno de las explosiones como si fuera, él también, un niño.