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| La foto es de Iban Aguinaga, fotógrafo profesional para el Diario de Navarra. |
Ni fu ni fa, ni blanco ni rojo. San Fermín es la ostia o te la da. Ocho días de marcha constante y 24 toros menos resumen bastante a los san fermines. Escuché a personas que ahorran todo el año para poder disfrutar estos días comiendo y tomando sin límites, y para cubrir el resto de los gastos que esta fiesta demanda, como son el parking y las prendas blancas, que terminan negras al final de la juerga. Otras muchas personas prefieren acercarse a Pamplona un día para algún evento particular, eligen de todos los momentos especiales de la fiesta; el encierro y la corrida para terminar desayunando churros con chocolate; el recital y los fuegos artificiales; el recorrido de los gigantes; todo siempre pausado por alguna parada de bar para seguir comiendo y tomando
La ciudad se tiñe de
blanco con detalles rojos, porque no solo es el detalle del pañuelo rojo
tradicional, sino que se pueden ver boinas rojas, sombreros rojos, carteras
rojas, zapatos de taco rojos, abanicos rojos y labios pintados de rojo que
avivan el outfit.
Hay en la calle un
espíritu de unidad, de pertenencia. Las peñas organizan recitales o comidas,
las familias se encuentran, los amigos se buscan y todos festejan; todos menos
los niños que van en carro sin entender mucho lo que está pasando, llorando por
el agobio del calor de julio en Pamplona y por las doce horas que ya pasaron y
aún no volvieron a sus cunas; todos menos los que no están vestidos de blanco,
los que no son blancos, los que te venden en una manta la boina roja, el gorro
rojo y el abanico rojo, los que no entienden la lengua, los que no entienden
qué pasa.
Yo tampoco entiendo bien
qué pasa en estas fiestas, tengo muy pocas imágenes y seguro, segurísimo que
hay más que solo esto que deberé seguir descubriendo con el tiempo.
Hoy salgo de viaje con
Amalia, viaje bastante épico. Escribo poco porque se hace la hora de levantarse
para tomar el bus. Las maletas están listas, nosotras creo que también.

