jueves, 28 de julio de 2016

Publicación de ¨Llamaba para contarte¨ en Pagina 12 de Rosario, 7 de julio de 2016


Jueves, 7 de julio de 2016
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http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/rosario/14-55388-2016-07-07.html

Llamaba para contarte

Por Regina Candel Martínez
/fotos/rosario/20160707/notas_o/ro08fo0107.jpg
Hoy no estoy de humor. Me levanté con pocas horas de sueño y encime tuve algunas pesadillas. Dejaba la puerta abierta, estaba con alguien adentro de mi casa, creo que mi mamá. Sí, sin duda era mi mamá. Entraba un hombre joven a la casa que nunca había visto. Tenía cara de medio loquito. Sí, me daba escalofríos. Sabía cuáles eran sus intenciones, pero no había forcejeo, todo se daba naturalmente. De alguna manera yo le seguía el juego para no generar conflicto. Pero sí gritaba alto, muy alto: "Mamá, llamá a la policía". Tan alto grito en el sueño que lo grito realmente y mi propia voz me despierta. Tan alto grité que no me pude volver a dormir. Mi mente comenzó a jugar con las mismas ideas de siempre, los mismos personajes, que nunca se sabe si son reales o inventados; claro, como si lo real existiera, ¿no? Todo al fin y al cabo es una creación nuestra. Hasta nosotros somos nuestra propia creación, algo así como Frankentein creó su monstruo, nosotros nos transformamos en ese ser espantoso que piensa constantemente, perdiendo tiempo y energía en sin sentidos. Sueño mucho últimamente, justamente lo último no es la mente en estos días. Está demasiado presente, más de lo que quiero y definitivamente más de lo que la necesito. Estoy con ganas de desaparecer. Me vuelve esta sensación cada tanto. Quiero acovacharme en la cama y no salir por días, quedarme eternamente en un costado del futón tapada, con un libro en una mano y un té en la otra, meterme en un cine donde pasen una película que dure mil horas, salir por la ruta con el auto sin destino y sin que nadie sepa dónde estoy. Claro que nunca termino haciendo nada de esto, no es más que una fantasía, una necesidad de estar más conmigo que con el mundo. Por qué siempre elijo al mundo aún no sé, creo que eso está cambiando, pero no quiero ser un avestruz y esconder la cabeza bajo la tierra. No sé qué quiero, pero eso seguro que no. Hoy no estoy de humor y no sé por qué. Hoy dije la palabra tristeza cuatro veces y me lo hicieron notar. Claro está que la pileta sucia no es triste, ni la silla destartalada con hojas arriba es triste, tampoco la relación de fulano con mengano es triste. Yo lo estoy viendo así por algún motivo, las palabras son poderosas. Hace diez años atrás usaba de manera compulsiva la palabra horror, luego fue la palabra complicado, hoy es la palabra tristeza. Llamativamente decimos que algo nos pone felices usando el objeto indirecto de manera correcta tanto para la gramática como para nuestro espíritu. Pero cuando algo nos pone tristes porque probablemente nosotros ya estemos tristes de antemano, impersonalizamos la frase y le echamos la culpa al objeto, hecho o evento. Lo ponemos por fuera. Hoy puede ser, sí, me levanté triste. Y cuando pasa eso cierro los ojos y pienso en el sol, un sol mitad amarillento mitad anaranjado, mezclado con la espuma del océano que conocí en KoSamui y en otro sol rojo enorme de horizonte en el mar que conocí en Goa. Los recuerdos de estos soles de amanecer y atardecer no son tristes ni alegres, simplemente son dos de mis momentos tesoro. Salgo del hospedaje de KoSamui cada mañana a las siete. Mi esposo aún duerme, pero lo saludo con un beso y me escapo a mi espacio de soledad en el viaje. No está lejos la playa, así que comienzo a trotar por el caminito que me lleva a la arena. Se abre la imagen entre unos árboles y visualizo el sol comenzando a asomar como tímido. No puedo dejar de mirarlo aunque me enceguece. Corro por la playa algunos días con zapatillas y otros descalza. Esos días la sal del mar queda pegada en los pies. Y me gusta, me gusta mucho. Veo en el recorrido a varias personas que están comenzando el día con los asanas del saludo al sol. No hay nadie más a la vista. Sólo las olas que no paran de ir y venir, moldeando los tiempos de mi respiración. Vuelvo al hospedaje con alegría, desayunamos y miramos mapas. En Goa, salgo a correr por la playa cuando el día termina. El sol es gigante, más grande incluso que un barco que se escapa hacia el fin del mundo. Voy esquivando hombres alemanes, mujeres rusas, vacas indias. De un lado cantidad de barcitos de playa, del otro el mar de escenario y una gran cortina roja de fondo. Y yo respiro y sonrío. Ese es mi saludo al sol. Hoy, me levanté de mal humor y triste, más que nada triste. No importa por qué. Ya no hay KoSamui, ¿será eso? Me gustaría tener ese amanecer todos los días, pero es parte de esas creaciones mentales de las que hablaba antes. Esto no puede ser. Al menos no es. Como tampoco puedo despedirme del día eternamente con un atardecer de película hollywoodense. A veces llueve, o hay niebla o simplemente una nube se cruza en el camino. Se termina este día. Me miro al espejo y me cuesta reconocerme. ¿Alguna vez hiciste la prueba? Miro cada detalle de mi rostro y los que más hablan son los ojos. Ellos me dicen que está todo bien, que realmente no pasa nada. Ellos me entienden y me susurran un arrorró. Me voy a dormir esperando no soñar, por primera vez no quiero soñar, ni dormida ni despierta. Sí, claro, nos hablamos. Hasta el próximo amanecer, que todos valen la pena.

miércoles, 27 de julio de 2016

Miami: La ciudad de los ísimos.

En Bayside Market


Me encontré con Miami por primera vez en mi segundo viaje a este monstruo de ciudad. Caminaba una tarde calurosa, calurosísima por Bayside Market. Paseo dominguero. Uno se imagina familias o grupos de amigos caminando, mirando vidrieras, haciendo alguna compra o tomando algo en Hard Rock Café. Pero no. Lo que me encontré fue un gran escenario con una bahía y cantidad de botes, lanchas, veleros y yates de fondo. Sobre el escenario una mujer de unos sesenta años rubia pelo largo, pollera de cuero negra, medias de red negras y botas hasta la rodilla de taco alto doradas.  Frente a ella un micrófono y a su alrededor cuatro músicos de pelo largo, remeras metaleras negras obviamente, alguno con un sombrero de cowboy, todos de sesenta años para arriba. Actitud rockera. Espíritu metalero. Alma de música pesada. Comienzan a tocar y de pronto reconozco indicios de salsa, bachata y cumbia colombiana en su repertorio. Sale el publico a bailar a la pista. Una muchacha preciosa, delgada, chaleco de jean, short de jean y tacos altos, piernas larguísimas. Nada la detiene y con su sonrisa y aretes grandes rosados saca a bailar a un hombre con pinta de venezolano. Camisa blanca, sonrisa gigante tipo colgate y el pelo con gomina atado con una colita. Sus kilos de mis no significaron nada a la hora de bailar con la muchacha. Los dos se reían. Mientras la mama, tía y abuela de la muchacha, las tres con caras latinísimas, la filmaban y aplaudían desde la tribuna. Alguien me empuja y cuando me corro veo tres chinas de unos 40 años con unas ganas locas de bailar que se mueven apresuradas a la pista. No saben los movimientos ni entienden la letra. Solo bailan y se ríen. Mas lejos veo a un hombre solo. Negro. Altísimo. Todo vestido de blanco hasta el sombrero. Sus movimientos son del tipo Mick Jagger pero creo que sólo es porque está borracho. Se lleva la vida por delante. Por un momento me imagino que su semana es rutinaria , aburrida, solo tomando sentido cuando llega el fin de semana y se prepara para este evento. Su domingo en Bayside Market. Es su chance de ser alguien inventado. Hay mujeres con vestidos largos y otras con vestidos cortísimos y escotes pronunciados. Hay mujeres que no son mujeres con tetas gigantes. Hay hombres blancos gordos con remeras que no le tapan la panza y mucha barba. Hay hombres de 70 años que bailan como si tuvieran treinta. Hay familias con niños rubios y blanquísimos. Hay negras exuberantes con peinados de trenzas y calzas tapando colas gigantes. Hay cubanos, colombianos, venezolanos, brasileros, chinos, indios, y algún que otro norteamericano. Así comienzo a conocer Miami. La ciudad donde todo es ísimo. La ciudad donde una banda rockera toca bachata para latinos y chinos. Si, definitivamente eso es Miami. 

Are Indian Women Treated As Human Beings? Through The Eyes Of A South American Woman [Part II]

Indian women and their lives are a mystery to western woman. Here is a look at the life of Indian women through the lens of a South American woman.
The train to Varanasi goes at a speed of 50 k/ph until it stops. For one reason or another it always stops. I am standing next to the door of the coach and observe what is happening outside. Nobody smiles. Three women are frowning and talking. I guess their conversation must be similar to three women having a chat inside a supermarket on the corner of my house in Argentina. They may be gossiping about someone’s lost love, about a naughty son or a piece of news on TV.
There is an image that moves me to tears. A réplica of Pieta. She is a young woman. I can see this though she has her head covered with a brown piece of cloth. She sits on some stones in the street. Her wrinkles appear only on the forehead and the mouth, which is reddish and pouting. She is so beautiful that she could be envied by any magazine model, but she is very far away from that world.

She has a nose stud and plenty of braceletswhich sound like a rattle when she moves. Her dirty hands are holding each other in order to create a cradle for her baby, who is wrapped in a white cloth. She does not seem to have more than what I see at this very moment. She is exhausted. One could tell that the baby did not decide to come to this world. She stares at him, she caresses him, she feeds him. Later, after some years, this mother will paint the child´s eyes with black kohl to protect him from a world of demons and evil. The train starts again. We go away, but the Pieta stays there. I stare at it until they become a tiny dot in the distance.
Being a mother in India is almost compulsory, it is a natural event in every woman’s life, even in those who want to experience other things in life. There is a thirty-year-old woman travelling on the train to Varanasi who works in the Indian Navy. She was a mother at the age of twenty eight, a little later than the average Indian women. Nevertheless, she is really surprised when she asks about my age: thirty-five years old and no children. What do Indian women feel when they see most women from the other side of the world with no desire to be a mother?
One of the reasons why women are so worried for having children, especially sons, is that government does not guarantee any retirement wage, so that children must take care of their parents when these grow old. Having only daughters can be considered a curse. Some women are forced to have an abortion when they realize they will have a daughter instead of a son. These are called ‘selected abortions’. Though abortion has been legalized in India, abortions determined by genre are not legal, but very common. As a consequence, there is currently an imbalance in the male-female population.


Another humiliating and horrifying practice is called ‘bride burning’. Spouses that can not have a son, or who haven’t got a good dowry, are often killed – burned alive and then claim that it was a home accident. Some groups report that only one case out of 300 gets to justice. Many women do not die but remain deformed.
Women living in cosmopolitan cities such as Bombay, those who belong to higher castes, those with whiter skin, those who appear in Bollywood movies, have a more open view of the female role in society. They are usually professionals or university students, they wear bikini at Goa Beach and can choose their couples. These are the few women who can actually take a seat at Parliament, which is represented by only 10% of women. This is India as well.
So, why is it that still most women are manipulated and humiliated? Why is it that they can not take decisions at home? It called my attention to the fact that in my search for Couchsurfing contacts, I only encountered profiles of 30-40-year old males living alone.
Rajashree Khalap lives in Bombay. She is a beautiful 42-year-old woman, delicate and extremely smart. At first sight, I had the impression she is a very organized lady, with a busy week. She invites me to her flat and I accept delighted by the idea of peeping in an Indian woman’s life. She picks me up with her car, but she is not driving. She has a driver, which is a common practice both for comfort and for security, since it is not very safe to be a woman driving her car alone in the chaotic streets.
We enter her apartment. She prepares two cups of delicious tea and we sit to chat. She tells me there is a privileged sector in society with educated and independent women who have the same opportunities as men. She is part of this group. She travels, has a free life and can make a living with her profession, she can choose her spouse, get married and then get divorced without being judged. She has never had the desire to be a mother and she is not pushed by anybody to feel differently. Unfortunately, these women are still a minority in society.
Rajashree explains that less educated and conservative women are usually less economically stable and have limited chances in life. Women’s status also varies according to region and culture. In some states, women are absolutely restricted, especially those to the North of the country, such as Haryana or Uttar Pradesh. While in some more southern states, such as Kerala, societies may be less patriarchal, though they are never fully matriarchal.
Before we say goodbye, Rajashree gives me some hope. Things have been changing for Indian women. In 1925 Sarojini Naidu was the first women chosen as National Congress President , the second one was Nellie Sengupta in 1933. In 1966 Indira Gandhi appeared on the scene, and triggered great changes. She was the only daughter of Jawaharlal Nehru, Indian Prime Minister after Independence from Great Britain in 1947. She started her active political participation in the 30’s until she is assassinated in 1984. She was a strong leader, with a powerful character. She was strong enough so as to eliminate all the benefits of the Maharajas in order to start building a true Republic.
Today, there are doctors and ministers that are women, though they are still a minority and have to work with greater effort in order to achieve what a man can.
History will tell us how life will continue changing for Indian women.

Regina Candel Martinez (Author) 


viernes, 10 de junio de 2016

Do Indian Women Have Any Sexual Rights? Looking At This Through The Eyes Of A South American Woman [Part I]

http://www.womensweb.in/2016/06/sexual-rights-of-indian-women/

Esta es la primera publicación que tengo en inglés! Una revista web india hecha por mujeres indias para mujeres del mundo!

Do Indian Women Have Any Sexual Rights? Looking At This Through The Eyes Of A South American Woman [Part I]


The author, a South American, tried understanding the sexual rights of Indian women, as an outsider to the culture, on her trip around the subcontinent.
I peep through the lens of the camera, trying to get a little bit closer to what their eyes and their gestures want to express. These women fascinate me, they move me. I recreate in my mind imaginary dialogues on train platforms or in the market.
I am from a far away land called Argentina, in South America. I look up for a word that can summarize what we may have in common and I finally find it: love. We all love, all around the globe. I wonder what love means to them.

The cows have it better

Hundreds of men and women are blessing cows in the streets of Varanasi. These animals are taken great care of – they are gods. Nobody pushes them away from the chaotic streets. So I wonder, regardless culture or religion, how is it possible that cows are sacred and women mutilated?

Khajuraho – relegated to the past

A model in the Khajuraho TemplesWalking around the Khajuraho Temples I see a photographer, and a model dressed up in a yellow and pink sari. She is wearing plenty of bracelets and earrings. She shines. This group of  temples was the religious capital of The Chandelas, a Rajput dynasty in Central and North India.
They started as a small community and then expanded and finally occupied most areas in the State of Madhya Pradesh. They considered themselves as the sons of the Moon (the Goddess Chandra) connected to the fertility cults. They believed in the power of Tantrism and they practiced this doctrine.
Chandelas understood that sex was united to pleasure of divine origin, that it was also needed to procreate and that it lacked any kind of sin. The sexual act was given a spiritual meaning. All this was represented on the walls of the temples that now honor the book Kamasutra, which was written in 3rd Century by Vatsyayana.
Continued below...
Today, this prophetic book has been manipulated and represents mere sexual images, but in fact it is an interesting text which teaches about mental and sexual freedom at that time.
Kamasutra is the first and only text that is directed both to women and men without discrimination. It says that women should be an active part of the erotic and sensual act of love, they should be as satisfied by it as men.
The Chandela dynasty finished after some Muslim invasions. After this, India started to build a society full of taboos.

Sexual rights of Indian women

More than 80% of the population in India is Hindu. In their mythology there is Káma, similar to Cupid, the God of Love, who is married to Rati, the representation of sensual love. Once, Shiva was meditating, when Káma woke him up with his arrow so that he would fall in love with Parvati. Shiva got so furious that he attacked and killed Káma. So that sexual desire among humans disappeared. Shiva was then compassionate and decided to bring him back to life. This way, humans could continue reproducing.
I wonder whether these stories could have aroused some fear among women. Sensual desire punished even in their mythology. Even today, according to what I could see in India, not many Indian women can choose and know what love really means. How is it possible to love and get to know the essence of your partner if marriage is arranged?
In India divorce is legal, but it is still not totally accepted by society. There are only 1.1% of people getting divorced. Women end up having a life lasting bond with a person they do not know. Elizabeth Bumiller, author of May You Be The Mother Of A Hundred Sons explains that a woman told her she loved her husband because he was a provider of food and clothes; another confessed that she was hit by the husband if she didn’t love him.

Normal is being totally covered

Ashraf is the owner of a hostel in Jaisalmer. He tells me that it is not a good practice to kiss someone in public, smoke or drink alcohol. Walking alone at night can be considered an offense. Women are completely covered as men get excited when seeing the ankle of a lady or when shaking a woman’s hand. Normal is being totally covered. No shorts, no mini skirts, no sweat shirts. I found this unnatural at the beginning but after some days in India I started to find it common – what suits the place, what brings no problems for me.
According to Ashraf, old Indian society still holds the same rules and manipulates women so that they are not acquainted with their rights. “Some women are home most of the time, they lack education and it is still men who dominate their social life,”Ashraf tells me. According to statistics built by the World Bank, in the year 2013 only 24% of Indian women were part of the paid work force. Less than 1% went to primary and secondary school. A scary picture.
I feel there are plenty of things to discover about Indian women. They have become a mystery for me, like a treasure to uncover. I will continue in my search.
Image credit: Regina Candel Martinez

miércoles, 25 de mayo de 2016

Te llamaba para contarte...

Mi mamá me avisó hace unos días de un concurso de relatos cortos, donde la obligación es que aparezca la palabra amanecer. Pueden ver las bases en esta página a quien le interese: http://www.zendalibros.com/amanecer/


 Te llamaba para contarte….




Hoy no estoy de humor. Me levanté con pocas horas de sueño y encime tuve algunas pesadillas. Dejaba la puerta abierta, estaba con alguien adentro de mi casa, creo que mi mamá. Sí, sin duda era mi mamá. Entraba un hombre joven a la casa que nunca había visto. Tenía cara de medio loquito. Sí, me daba escalofríos. Sabía cuáles eran sus intenciones, pero no había forcejeo, todo se daba naturalmente. De alguna manera yo le seguía el juego para no generar conflicto. Pero sí gritaba alto, muy alto ¨Mamá, llamá a la policía¨. Tan alto grito en el sueño que lo grito realmente y mi propia voz me despierta. Tan alto grité que no me pude volver a dormir. Mi mente comenzó a jugar con las mismas ideas de siempre, los mismos personajes, que nunca se sabe si son reales o inventados; claro, como si lo real existiera. Todo al fin y al cabo es una creación nuestra. Hasta nosotros somos nuestra propia creación, algo así como Frankentein creó su monstruo, nosotros nos transformamos en ese ser espantoso que piensa constantemente, perdiendo tiempo y energía en sin sentidos. Sueño mucho últimamente, justamente lo último no es la mente en estos días. Está demasiado presente, más de lo que quiero y definitivamente más de lo que la necesito. Estoy con ganas de desaparecer. Me vuelve esta sensación cada tanto. Quiero acobacharme en la cama y no salir por días, quedarme eternamente en un costado del futón tapada con un libro en una mano y un té en la otra, meterme en un cine donde pasen una película que dure mil horas, salir por la ruta con el auto sin destino y sin que nadie sepa dónde estoy. Claro que nunca termino haciendo nada de esto, no es más que una fantasía , una necesidad de estar más conmigo que con el mundo. Por qué siempre elijo al mundo aún no sé, creo que eso está cambiando, pero no quiero ser un avestruz y esconder la cabeza bajo la tierra. No sé qué quiero, pero eso seguro que no. Hoy no estoy de humor y no sé por qué. Hoy dije la palabra tristeza cuatro veces y me lo hicieron notar. Claro está que la pileta sucia no es triste, ni la silla destartalada con hojas arriba es triste, tampoco la relación de fulano con mengano es triste. Yo lo estoy viendo así por algún motivo, las palabras son poderosas. Hace diez años atrás usaba de manera compulsiva la palabra horror, luego fue la palabra complicado, hoy es la palabra tristeza.  Llamativamente decimos que algo nos pone felices usando el objeto indirecto de manera correcta tanto para la gramática como para nuestro espíritu. Pero cuando algo nos pone triste porque probablemente nosotros ya estemos tristes de antemano, impersonalizamos la frase y le echamos la culpa al objeto, hecho o evento. Lo ponemos por fuera. Hoy puede ser, sí, me levanté triste.  Y cuando pasa eso cierro los ojos y pienso en el sol, un sol mitad amarillento mitad anaranjado, mezclado con la espuma del océano que conocí en Ko Samui y en otro sol rojo enorme de horizonte en el mar que conocí en Goa. Los recuerdos de estos soles de amanecer y atardecer no son tristes ni alegres, simplemente son dos de mis momentos tesoro. Salgo del hospedaje de Ko Samui cada mañana a las siete. Mi esposo aún duerme, pero lo saludo con un beso y me escapo a mi espacio de soledad en el viaje. No está lejos la playa, así que comienzo a trotar por el caminito que me lleva a la arena. Se abre la imagen entre unos árboles y visualizo el sol comenzando a asomar como tímido. No puedo dejar de mirarlo aunque me enceguece. Corro por la playa algunos días con zapatillas y otros descalza. Esos días la sal del mar queda pegada en los pies. Y me gusta, me gusta mucho. Veo en el recorrido a varias personas que están comenzando el día con los asanas del saludo al sol.  No hay nadie más a la vista. Sólo las olas que no paran de ir y venir, moldeando los tiempos de mi respiración. Vuelvo al hospedaje con alegría, desayunamos y miramos mapas. En Goa, salgo a correr por la playa cuando el día termina. El sol es gigante, más grande incluso que un barco que se escapa hacia el fin del mundo. Voy esquivando hombres alemanes, mujeres rusas, vacas indias. De un lado cantidad de barcitos de playa, del otro el mar de escenario y una gran cortina roja de fondo. Y yo respiro y sonrío. Ese es mi saludo al sol. Hoy, me levanté de mal humor y triste, más que nada triste. No importa por qué. Ya no hay Ko Samui, ¿será eso? Me gustaría tener ese amanecer todos los días, pero es parte de esas creaciones mentales de las que hablaba antes. Esto no puede ser. Al menos no es. Como tampoco puedo despedirme del día eternamente con un atardecer de película hollywoodense. A veces llueve, o hay niebla o simplemente una nube se cruza en el camino. Se termina este día. Me miro al espejo y me cuesta reconocerme. ¿Alguna vez hiciste la prueba? Miro cada detalle de mi rostro y los que más hablan son los ojos. Ellos me dicen que está todo bien, que realmente no pasa nada. Ellos me entienden y me susurran un arrorró. Me voy a dormir esperando no soñar, por primera vez no quiero soñar, ni dormida ni despierta. Sí, claro, nos hablamos. Hasta el próximo amanecer, que todos valen la pena.
Regina Candel Martinez


lunes, 16 de mayo de 2016

Alguna que otra frustación...

Todos tenemos alguna que otra frustración en la vida, algunos con la pareja elegida, otros con su trabajo, algunos tienen frustraciones sexuales, otros sueñan con vivir en otro lugar y por uno u otro motivo se sienten siempre atados a donde nacieron, hay personas que quieren ser mamá o papá y no pueden, y hay otras que terminan teniendo hijos por complacer o por seguir el ritmo impuesto sobre sus vidas. En todos los casos aparecen verbos como querer, soñar, desear. Acciones que hacen referencia al preferir algo diferente de lo que tenemos. Acciones que van a contramano de la aceptación de lo que la vida nos regala.

Hace dos días llamé un taxi a domicilio, no vino. Volví a llamar dos veces más y nunca apareció. Finalmente tomé un taxi al azar en la calle. El chofer era una versión de Brandoni, como aporteñado. Un hombre grande con pocos pelos pero largos y blancos.Voz de bolichero viejo. Me cuenta que los médicos le mataron a su mujer. Si. En el parto. No salió más me dice. Me la mataron. pero ella siempre me señalaba una linda chica del barrio. De linda era,  ella me decía que si se moría yo tenía que juntarme con esa muchacha. Pero mirá si te vas a morir antes que yo. Dejá de decir pavadas. Y qué historia le voy a contar! esta muchacha estaba para monja. Y entre cosa y cosa me terminé casando con ella. Yo me quedé con la nena, aunque mi suegra no quería saber nada. Cómo iba a criarla solo y patatin patatero. Me gané a una vieja que venía a cuidarme a la nena mientras yo trabajaba. Volvía a la tarde y ella (chasquido de los dedos y mueca de ganador) se las piraba. La cuestión es que la señora ésta la empezó a dejar a la nena ir a jugar a lo de la muchacha , claro pobrecita, sino se aburría. Entre una cosa y la otra la muchacha la empezó a cuidar tiempo completo, y bueno, salimos un par de veces, a unos bolichongos, a tomar algo. Y nos pusimos de novio. El papá mucho no me quería. Pero era una buena piba, así que le pedí casamiento después de tres meses. Vamos 28 años. Y bueno, estamos acostumbrados. Nos hicimos una casa en Guadalupe. Ahhhh, no le falta nada. Trescientos cincuenta metros cuadrados de casa. Tenemos todo ahí. Y bueno, sí. Tranquilos. ¿Acá es ? Bien, son ciento sesenta pesos. Suerte eh?

Bajé del auto sorprendida de cómo se puede resumir una vida en 20 minutos de taxi. Claro que esta es la versión oficial, la que le cuenta a sus clientes. Probablemente la haya contado más de mil veces. ¿Cuántas otras versiones habrá?  ¿ Hablará alguna vez de su tristeza al perder a su esposa y tener que hacerse cargo sólo de una nena? ¿Alguna vez incluirá sus frustraciones en el relato? ¿Le gusta lo que hace día a día?  Versiones de la vida en 20 minutos. Un buen título para un libro. Todos tenemos ese libreto preparado y lo sacamos sin cuidado cuando nos preguntan cosas tales como: ¿Y vos qué hacés? ¿Cómo va la vida?. Uno cuenta lo superficial, lo que en realidad no importa. Bien, todo bien. Con muchos cambios como verás. Me separé y claro en la casa ya sola no podía vivir. Era demasiado trabajo para mí. Y sí, me está costando mucho establecerme económicamente y me salió una posibilidad en España. Me voy a trabajar con mi hermano que está allá. Si, si. Al principio viviría con él. ¿Los perros?. Y...tuve suerte. Casi por milagro, quienes me alquilan la casa, lo hacen con dos de los perros y a la tercera perra me la llevo conmigo a España. Sí, ya le compré la jaula. Enorme! Ahora vivo en la casa de una amiga por un tiempito, y otro tiempo en el departamento de mi ex, que sale de viaje por un mes y pico y me lo presta. Sí, un copado la verdad. No tengo palabras de agradecimiento. Sí, claro que me cuesta muchísimo irme, logré construir mucho a nivel social acá y me duele en el pecho separarme de ciertas personas. Sí, tal cual. Viste que yo soy una mina sociable...voy a poder hacer grupo en seguida allá. No, no lo dudo. ¿Hijos? No, no tengo. Y termina el relato con una reflexión de lo mucho más fácil que es hacer estos cambios sin hijos. Un libreto como cualquier otro. Algunos libretos parecen ser más interesantes porque incluyen viajes, nueva gente, aventura, pero en el fondo es todo lo mismo, lo único que cambia es el paisaje. Algunos pescan al aire que esto es la pintura, lo que se ve y te hacen preguntas como: ¿Pero estás feliz con la decisión? ¿No es tal vez una simple forma de escape? La casita de naipes que construis con tu relato se desmorona. 

Si me hubiera animado a hacerle alguna pregunta fuera de libreto al taxista, sus trescientos cincuenta metros cuadrados de casa hubieran cobrado otro significado y tal vez algunas paredes se hubieran derrumbado en su imaginación. De golpe la pileta hubiera estado sucia y con hojas, el quincho un total desorden y la mesa y las sillas de algarrobo se encontrarían adentro de la chimenea para calentar ya que habría un agujero en el techo. Momento de poner las cosas en su lugar, de comenzar a dejar de construir. Cuando el guionista cambia el libreto nos enfrentamos a lo que nos pasa realmente. Es un desafío sentarse a escribir la versión de vida que hacemos pública y verla como tal. Y tratar, tal vez, de ir más lejos, y descubrir alguna que otra frustración que nos hace ruido y no podemos identificar. 

viernes, 22 de abril de 2016

De vuelta al ruedo con Fotos de la muestra ¨Mujeres en el Mundo¨.

Hace ya bastante que no escribo nada en el blog, y ahora que lo pienso, en ningún lado...pasan cosas, cambios, idas y vueltas...y quiero, pero por algún motivo no lo hago. La escritura funciona como reflejo, como espejo. Uno descarga, se ve tal como es en la página...tal vez estos últimos meses anduve con más miedo de verme. Acá estoy finalmente, con renovadas ganas de enfrentarme, de encontrarme, de reflejarme, y por supuesto esto conlleva a la observación de lo que pasa alrededor y de cómo todo eso vuelve a hacer eco en lo que siento, en lo que pienso. 

Prometí hace tiempo un texto sobre Disney...ya vendrá, hoy no es el momento....me voy de vuelta a Miami y Disney en Julio...creo que voy a estar allí más despierta y un poco más ordenada para poder sentarme a ver qué me pasa con ese movimiento, con ese viaje.

Por lo pronto los dejo con algunas fotos de  la Muestra de ¨Mujeres en el Mundo¨ y con el texto con el  cual la presenté.

¨Siempre me gustó la palabra ¨mujer¨, la M que obliga a apretar los labios como en un beso y la J que tiene sonido de valiente. La mezcla perfecta entre la suavidad, la tranquilidad y lo aventurero, lo que demanda coraje. Los invito a esta muestra de fotos de momentos presentes de mujeres en distintas partes del mundo, para descubrir que aunque en la superficie parecemos tan diferentes, somo los mismo, somos mujeres.¨

¨Hace poco me convocaron para trabajar de coordinadora de niñas de 15 años en los viajes a Disney. Encantada de la propuesta acepté sabiendo que no iba a ser fácil dominar las rebeldías de 46 mujeres adolescentes. Fue finalmente una experiencia de mucha enseñanza que me dio fortaleza para enfrentar cambios en mi vida personal. Creo que es la primera vez que me enfrento a la palabra cambio y me da tanto miedo. Las mujeres vivimos del cambio, de la crisis contante. Pasamos de ser niñas tabla a de pronto comenzar a desarrollar busto y caderas que nos molestan tanto al principio y que luego, de adultas, deseamos tanto que hasta llegan algunas a entrar al quirófano para tenerlas. Pasamos de estar en plena armonía de carácter y de humor a gritarle con voracidad al vecino que deje de escuchar música tan alto cuando las hormonas se descolocan. Pasamos de querer ser solteras e independientes a de pronto desear estar en pareja y con hijos. Pasamos de la pasión alocada e inmadura de los 20 al saber qué estamos haciendo de los 30, y de ahí a la plenitud total de que hacemos lo que queremos y nada nos importa de los 40. De pronto nos acordamos que tenemos canas y arrugas, el cambio continua. Pasamos de usar cremas de piel normal a las anti-age. Pasamos de poder estudiar, cocinar y meditar al mismo tiempo a de pronto encontrar difícil concentrarnos. Pasamos de pronto a depender de otros para las cosas mínimas. El cambio es constante y armónico. Necesario. Lo que no cambia es la fuerza de siempre salir adelante, lo que no cambia es el amor con el que hacemos las cosas. Me veo rodeada de mujeres increíbles, cada una con sus problemas, sus miedos, sus alegrías, pero siempre enfrentando el cambio con un coraje admirable. Si miro y recuerdo mujeres que conocí en los países que visité es fácil darse cuenta que somos todas tan diferentes en lo externo. Color de piel y de ojos, costumbres, idiomas, comidas, hobbies. Pero de tanto observarlas y escucharlas me encuentro con la realidad más básica. Somos una sola, tenemos todas la misma capacidad de amar y esa es la única raíz de nuestra esencia, tan parecida que sorprende. 
Una de las niñas de 15 años, Melisa, me dijo sobre el día de los enamorados: ¨Regi, yo estoy enamorada de la vida¨. Y de pronto entendí todo. ¨Quiero hacer cosas siempre siendo consciente del presente. ¿Qué importa lo que pasó ayer o lo que va a pasar mañana?¿no?¨, me dijo Melisa. Yo sólo pude sonreírle y abrazarla. Esta niña adolescente me recordó lo hermoso que es ser mujer, que lo único que vale es lo que nos pasa en este momento. Entendí de pronto que las mujeres de todas estas fotografías son distintas versiones de lo mismo. La novia de Camboya enfrenta una nueva vida como la corredora que acaba de cumplir con una meta de terminar la carrera 5 minutos antes que la anterior. La niña Vietnamita juega con su atuendo típico como juega la bailarina India al vestirse como ya nadie lo hace. Las dos mujeres en Rio de Janeiro se cuentan historias y disfrutan de la compañía de su amiga como la de Aldea Protestante, acá cerquita en Entre Ríos, que con su expresión nos cuenta lo bien que la está pasando en la fiesta. La mujer de Lencois, Brasil, cuelga su ropa casi combinando colores como lo hizo la bailarina de Carnaval en Montevideo al maquillarse. Somos lo mismo. Somos esencia. Cuando las mujeres nos acordemos todos los días de esto vamos a poder aprender a realmente estar enamoradas de la vida.¨

Autorretrato en Salta.

Montevideo, Las Llamadas.

Lencois, Brasil. 
Piedras Blancas, Entre Rios, Argentina.

Aldea Protestante, Entre Rios, Argentina.

Salta Capital, Argentina.

Kajuraho, India.

Rio Amazonas, Brasil.

Kajuraho, India.

Desde el tren hacia Varanasi, India.

Jaisalmer, India.
Hue, Vietnam.


Siem Reap, Camboya

Paris, Francia.

Salinas Grandes, Jujuy, Argentina.

Rio de Janeiro, Brasil.

Agregué el blog a una página http://www.todoenlaces.tk/ que ayuda a publicitar los blogs y las página de internet. Parece interesante para poder dar a conocer el trabajo que uno hace.

domingo, 28 de febrero de 2016

Muestra Fotográfica ¨Mujeres en el mundo¨

Siempre me gustó la palabra ¨mujer¨, la M que obliga a apretar los labios como en un beso y la J que tiene sonido de valiente. La mezcla perfecta entre la suavidad, la tranquilidad y lo aventurero, lo que demanda coraje. Esta es una mirada de mujeres que en la superficie parecemos tan diferentes pero que en esencia, al fin y al cabo, nos parecemos tanto.

Muestra de Fotos de mujeres en el mundo.
Lugar: Colegio de Abogados de Santa Fe 3 de febrero 2761
Día: Jueves 10 de marzo
Hora: 19hs



lunes, 25 de enero de 2016

La vaca sagrada y la mujer menospreciada. Publicación en el Litoral 23 de enero 2016.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2016/01/23/nosotros/NOS-05.html


La vaca sagrada y la mujer menospreciada - Revista Nosotros Nosotros

La vaca sagrada y la mujer menospreciada
TEXTOs Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.
La vaca sagrada y  la mujer menospreciada
Una mujer en Taj Mahal.
Las recorro en detalle con el lente de la cámara, tratando de acercarme al menos un poco a lo que su mirada y sus gestos gritan. Estas mujeres me fascinan y me conmueven. Juego con la imaginación recreando diálogos en los andenes del tren. Busco en un diccionario interno qué puedo llegar a tener en común con ellas y descubro una palabra mágica: amor. Todos amamos, en todas partes del mundo. Me intriga qué significa amor para ellas.
Más del 80% de la población india es hinduísta. En su mitología está Kámadeva, una especie de Cupido casado con Rati, el amor sensual. No le fue muy bien a este dios del Amor cuando enojó a Shiva por despertarlo de una meditación con su flecha para tratar de que se enamore de Parvati. Shiva no dudó en atacarlo y lo mató. Con este hecho desaparecía el deseo sexual entre los humanos. Luego le tuvo compasión y lo resucitó para asegurarse la continuidad de la especie.
Me pregunto la cantidad de miedos que estos cuentos pudieron despertar en la población femenina. Aún hoy, son pocas las mujeres indias que tienen la chance de elegir y conocer el amor. ¿Cómo conocer y amar la esencia de otro ser si los matrimonios son arreglados?
En la India el divorcio es legal, pero está aún muy mal visto. Sólo se separan el 1,1% de los matrimonios. Por lo que la mujer está atada a un hombre que no conoce. Elizabeth Bumiller, autora de “Serás madre de cien hijos” cuenta que una mujer le dijo que amaba a su marido porque éste le proveía de comida y ropa, y otra directamente confesó que si no amaba a su marido, entonces éste le pegaba.
En las calles de Varanasi se ven miles de hombres y mujeres, adorando a vacas y toros, muy bien alimentados, peinados, cuidados. Nadie los corre de las calles caóticas. ¿Cómo puede ocurrir, sea en la cultura que sea, que la vaca sea sagrada y la mujer mutilada?
EL CUERPO, LA CULPA Y EL KAMASUTRA
Caminando por los templos de Khajuraho, veo a un fotógrafo y a su modelo vestida con sari amarillo y rosa, con muchísimas pulseras y aros: brilla. Este complejo de templos era la capital religiosa de los Chandelas, un clan rajput del norte de la India. Comenzaron como un pequeño pueblo y luego se extendió abarcando gran parte del Estado de Madhya Pradesh.
Los Chandela se consideraban descendientes de la Luna (la diosa Chandra), muy unida a los cultos de la fertilidad. Eran creyentes de los poderes del tantrismo y durante su reinado tuvo lugar el florecimiento de esta doctrina. La cultura de los Chandela entendía la unión carnal, el sexo, unido al placer de origen divino, ligado a la necesidad de procrear y desprovisto de cualquier pecado. Se le otorga espiritualidad al acto sexual. Esto está representado en las figuras de los templos que hacen honor al Kamasutra, libro escrito por Vatsyayana en el siglo III d.c.
Hoy, este libro profético ha sido manipulado y convertido en meras imágenes de posiciones sexuales extrañas, pero en realidad es un texto que tiene mucho para enseñarnos de la libertad mental y sensorial de la época.
Con sus gestos ante la cámara, esta bailarina modelo me lleva por un segundo a otros tiempos, cuando cuerpo no era asociado a culpa. A lo largo de los tiempos, la mujer fue excluida de la gran mayoría de las actividades sociales y de aprendizaje, devotas a sus esposos considerados dioses. A pesar de esto, el Kamasutra es el primer y único tratado de la época que se dirige a hombres y mujeres por igual, donde la mujer debe ser partícipe del acto sensual y erótico, debe tener satisfacción al igual que el hombre.
El reinado de los Chandelas terminó tras varias invasiones musulmanas y, con este cambio, India pasó a tener una cultura de tabúes. Ashraf Ali es dueño de un hostel en Jaisalmer, viajero, con una mentalidad más abierta. Me cuenta que está mal visto besarse en público, fumar y tomar alcohol. Como también caminar sola de noche puede ser considerado una ofensa. Mujeres tapadas y hombres que se excitan por ver el tobillo de una mujer o darle la mano cual saludo de despedida. Viajando una se adapta a esas reglas y las comienza a naturalizar. En Agra, antes de entrar al Taj Mahal, veo a una joven india con musculosa y shorts. ¡Me parece desubicada! Lo normal pasa a ser taparse, en vez de abrirse al mundo. En 20 días de viaje comienzo a normalizar el concepto de tapar el cuerpo, me imagino lo difícil que va a ser salir de una cultura de miles de años de esconderse.
Según Ashraf, la vieja sociedad india aún se maneja con las mismas reglas y manipula para que las mujeres no conozcan sus derechos. “Las mujeres están en la casa la mayor parte del tiempo, por falta de una educación apropiada y por el absoluto control de los hombres sobre la vida social”, me dice. Según las estadísticas mostradas por el Banco Mundial, en el año 2013 sólo el 24 % de las mujeres indias pertenecían a la población trabajadora. Y menos del 1 % de mujeres iban a escuela primaria y secundaria en relación a los hombres. Un panorama preocupante.
SER MADRE EN INDIA
Ser mamá en la India es casi obligación, es un acto natural en toda mujer, incluso en aquellas que quieren otras cosas para su vida. Sobre el tren hacia Varanasi viaja una mujer de 30 años, que trabaja en la Armada India y que tuvo a su hijo a los 28 y no a los 20 años. Es de aquellas mujeres que no siguen el mandato. A pesar de tener este espíritu más aventurero, se sorprende cuando pregunta mi edad: 35 años y sin hijos, como tantas otras mujeres de esta parte del mundo. ¿Qué sentirán ellas cuando nos ven?
Luego me explican que una de las razones por las cuales las mujeres de todos los estratos sociales están preocupadas por tener hijos es que el gobierno no garantiza ninguna jubilación, por lo que los hijos terminan cuidando de sus padres, son quienes aseguran su bienestar. Es por este motivo que también se prefiere que tengan hijos varones. Tener sólo hijas mujeres se puede transformar en una maldición. Sucede que si quedan embarazadas de una mujer, muchas veces son obligadas a abortar. Aunque el aborto es aún ilegal en India, en Delhi se ven clínicas con un aspecto dudoso promocionando la realización de esa práctica.
Hay una segunda opción, llamada “bride burning” (esposa quemada). Las mujeres que no pueden tener un varón son quemadas vivas y se hace pasar por un accidente casero. Algunos grupos afirman que de 300 casos, sólo uno se reporta. Muchas no mueren, pero quedan deformes.
CUESTIÓN DE STATUS
En Mumbai visité a Rajashree Khalap. Una mujer hermosa de unos 42 años, delicada, y cuidadosa en su aspecto. Me pareció, en la primera impresión, una persona muy organizada y con una agenda ocupada. Me invitó a su departamento y acepté encantada ya que iba a conocer algo de la intimidad de una mujer india. Me pasó a buscar en su auto, pero no era ella quien manejaba, sino su chofer. Es muy común contratar a un chofer en la India por la incomodidad que es conducir y estacionar, pero principalmente por la seguridad que le da a una mujer sola estar en la calle con un hombre. En este caso, el chofer se encarga del auto y a veces hace otras actividades domésticas como, por ejemplo, sacar a pasear a los perros de Rajashree.
Entramos a su departamento. Ella prepara dos tazas de té y nos sentamos a hablar. Me cuenta que hay un sector privilegiado de la sociedad, educado, en el que las mujeres son independientes y tienen las mismas oportunidades que los hombres. Estas mujeres, entre las cuales se cuenta, viajan, ganan buenos sueldos y tienen una vida libre. Pueden elegir a sus parejas o bien nunca casarse, o casarse y divorciarse sin ser mal vistas. Su caso es un ejemplo claro. Rajashree nunca se casó aunque está viviendo con su pareja. Nunca tuvo hijos y no se siente presionada por tenerlos. Lamentablemente, aunque este segmento de la sociedad representa a un gran número de mujeres, sigue siendo una minoría comparado con el porcentaje total de mujeres indias.
Rajashree me explica que las mujeres de familias menos educadas y conservadoras están generalmente menos cómodas económicamente y tienen una vida sin libertades. El status de la mujer también varía según la región y la cultura que represente. En algunos estados las mujeres están totalmente restringidas, especialmente en algunos del norte de India como Haryana o en Uttar Pradesh. Mientras que en otros estados más al sur, como en Meghalaya o Kerala, las sociedades son menos patriarcales, aunque nunca llegan a ser matriarcales.
El rol de la mujer cambia, incluso, entre comunidades. Por ejemplo en la comunidad Marwari, que son castas de gente de negocios de Rajasthan, incluso las mujeres de las generaciones jóvenes tienen sus matrimonios arreglados y tienen restricciones a la hora de elegir a qué se quieren dedicar; es más, algunas no tienen poder de decisión para trabajar o no.
Antes de despedir a Rajashree, me da algo de esperanza de que las cosas han ido cambiando. En 1925 Sarojini Naidu fue la primera mujer elegida como Presidente del Congreso Nacional, la segunda fue Nellie Sengupta en 1933. En 1966 aparece Indira Ghandi en escena, que ayuda a que las cosas cambien aún más. Hija única de Jawaharlal Nehru, primer ministro de India luego de la liberación de Gran Bretaña en el año 1947, comienza su activa participación en política en la década del ‘30 hasta que muere asesinada en el año 1984. Fue una líder fuerte, de carácter y muy poderosa. Fue quien se animó a sacarle beneficios a los Maharaja, reyes y príncipes, de la India para comenzar a ser una verdadera República. Hoy en día hay mujeres médicas y ministras de gobierno, aunque aún siguen siendo minoría y tienen que trabajar con mayor esfuerzo para alcanzar la misma posición que puede tener un hombre.
EL (MAL) TRATO DE LOS HOMBRES
Creo que lo más difícil del viaje es manejar el trato con los hombres, viniendo de una cultura donde es común saludar a un hombre con un beso en la mejilla. Las miradas son constantes y penetrantes, por lo que se recomienda no mirar nunca a un hombre a los ojos, ya que es signo de seducción; conviene bajar la cabeza y mirar al piso.
A pesar de que hay leyes nacionales que protegen los derechos de las mujeres, en los últimos años los casos de abuso se han transformado en un problema nacional. Hubo un caso de abuso y asesinato en el año 2012 en Delhi que marcó un antes y un después en relación con este tema. Desató escándalo en toda la nación. Desde ese momento muchas leyes y regulaciones comenzaron a ser revisadas y son cada vez más los casos que llegan a la justicia. De hecho, en la televisión India hay varios programas que tratan el tema para concientizar a las mujeres sobre sus derechos y sobre que el maltrato puede ser también psicológico.
Por miedo, sólo el 10% de los casos de violencia doméstica son reportados y casi ninguno es ganado por la mujer. Ellas, hermosas y coquetas, con sus docenas de pulseras en cada mano, el henna que las decora de manera sutil, las sedas de los colores más espectaculares que las cubren y su esfuerzo por mantener su casa en orden y ofrecer hasta lo que no tienen, son mujeres aún muy sufridas. El hombre mira fijamente, parece que de alguna manera invade su privacidad en forma constante.
Algunas se callan, otras están tomando otros caminos. En el año 2011, en Lucknow, nació un grupo que se llama La Brigada Roja. “We are not safe in our home, we are not safe out of home” (No estamos a salvo en nuestras casas, no estamos a salvo fuera de nuestras casas), razón por la cual nace esta organización, para luchar contra la violencia sexual y el abuso, me explica su fundadora Usha Vishwakarma. Ellas son jóvenes mujeres que en algún momento de su vida sufrieron algún abuso, en general de un familiar o vecino. Se juntaron para comenzar a tener una voz.
Ya son 31.000 las mujeres que pasaron por su programa de entrenamiento en artes marciales. Tienen un programa de concientización que se llama “Good Touch Bad Touch” (Buen contacto, mal contacto) donde trabajan con niños para comenzar a enseñarles a no naturalizar ciertas conductas. A su vez salen a las calles a mirar lo que sucede y, si saben de un caso de abuso, toman poder en el asunto y enfrentan al agresor. Finalmente trabajan cerca de las víctimas de abusos sexuales, las ayudan a salir adelante y a enfrentar la situación en la justicia. Me explica que son varias las razones por las cuales hay tantos casos de abuso sexual en la India: el acceso a la pornografía ha crecido en el país, no hay educación sexual en las escuelas ni en la casa y la mujer es un objeto en los medios de comunicación.
* * *
Me despido de la India con cansancio pero con la idea de que voy a volver, necesito volver para tratar de seguir entendiendo. Hablo con un taxista que es de un pueblito de Bihar y hace 15 años vive en Mumbai con su esposa. Ella, al principio, se tapaba la cara y las manos para salir a la calle. Después de un tiempo dejó de hacerlo. Tal vez es eso lo que se precisa: tiempo. “Las mujeres son diosas del amor. Tienen el gran poder del perdón”, me dice Ashraf. Se puede ser diosas, pero sin olvidarse de que son diosas con derechos.
India es gigante, imposible conocerla en 30 días de viaje. Pero al menos me llevo un pantallazo de imágenes, sensaciones y muchísimas dudas. Pude caminar por ciudades grandes como Delhi, Jaisalmer, Varanasi, Khajuraho, Goa, Mumbai; recorrer caminos de tierra en el desierto de Rajhastan o en los alrededores de algún Parque Nacional, y esperar en alguna estación de tren. Mirar, tratar de entender. De eso se trata el viaje. De eso se trata esta crónica.

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Una modelo posa entre los templos de Khajuraho.
UNA RÉPLICA HUMANA DE LA PIEDAD
El tren hacia Varanasi va a 50 kilómetros por hora hasta que para. Por algún motivo siempre para. Desde la puerta del vagón observo varias imágenes, todas con una carga de tristeza, dolor, mugre, pobreza. Nadie sonríe. Es la India que no es tan increíble, la que no nos venden las revistas de viajes. La imagen que más me impacta es una réplica exacta de La Piedad. Ella, con su cabeza cubierta con un trapo marrón, debe pertenecer a las castas más bajas. Sus manos de uñas largas y mugrientas se toman entre sí para hacer de cuna a su bebé, a quien tiene en brazos arropado con telas blancas. Esa mujer parece no tener nada más que lo que veo en ese momento.
Está agotada. El bebé no eligió nacer. Ella lo mima, lo acaricia, lo alimenta mientras puede darle de mamar. Le da todo lo que tiene: su amor de madre. Y ahí me pregunto: ¿es suficiente el amor? ¿Qué va a pasar cuando amamantar no sea una opción? Es tal la ternura con que esa madre mira a su hijo a los ojos que dudo de mi respuesta. Más adelante le pintará los ojos con khol negro al niño para protegerlo de un mundo mágico de demonios y maldades.
El tren avanza y yo sigo a La Piedad con la mirada.
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Una madre con su bebé, desde la puerta del tren hacia Varanasi.
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Desde una ventana.
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LA MINORÍA
Las mujeres de las ciudades grandes y cosmopolitas como Bombay, las de las castas más altas, las más blancas, las de las películas de Bollywood, tienen una visión más occidental del rol femenino. Son profesionales, estudiantes universitarias, usan bikini en la playa de Goa y pueden elegir a su pareja. Estas son las poquísimas mujeres que pueden ocupar un rol en el gobierno. Sólo el 10% del parlamento está representado por mujeres. Eso también es India.
Pero entonces ¿por qué es que la mayoría aún es manipulada y maltratada? ¿Por qué no pueden tomar decisiones en sus casas? Fue llamativo no encontrar mujeres en la búsqueda que hice por Couchsurfing. Todos los perfiles que encontré eran de hombres solos de entre 30 y 40 años.