Y zas!... Antes de que nos diéramos cuenta recorrimos toda Colombia y Ecuador. Apuramos esta parte del viaje y ya nos encontramos en Lima, Perú.
Como escribiéramos en otro artículo, estamos cansados. Empezamos el viaje sin límite de tiempo real, aunque lo comenzamos pensando en cuatro meses. Cuando íbamos terminando Brasil, a los tres meses de haber partido, asumimos que necesitaríamos seis meses para completar la vuelta a Sudamérica. Al salir de Brasil ya estábamos cansados, pero cruzar la frontera a Venezuela, cambiar de país, volver a hablar español, fue revitalizador, como empezar un viaje nuevo. Fue emocionante.
Pero el cansancio seguía allí. En esta mitad de Sudamérica, hay que decirlo, hay cosas que cansan. El regateo permanente, el acoso de los vendedores callejeros, viajar en ómnibus durante seis horas con cumbia, salsa o vallenato a volumen de discoteca, el tranporte urbano desorganizado, el caos en el tránsito, son cosas que, poco a poco, van agotando. Uno al principio las tolera o ignora, por la aventura del viaje, pero luego fastidian. No es que ninguna de esas cosas no sucedan en Argentina, pero quizás suceden menos, y, al sufrirlas tan lejos de casa y con cuatro meses de viaje a cuestas, se sufren más.
Siempre vuelvo a este rincón, el de las mis palabras, buenas o malas, no importa. El rincón donde me expreso, y con eso me basta. Varias vidas en un blog. Viajes, viajes y más viajes. Luego hijos, familia e hijos de los otros. Y más tarde de nuevo, viajes, viajes y más viajes. Cuando algo se lleva en el alma, cuando algo es tan íntimo de tu esencia, resiste, se aferra y vuelve a aparecer, ¿no te parece?
jueves, 10 de junio de 2010
jueves, 3 de junio de 2010
Saliendo de Venezuela.
Saliendo.
De Mérida tomamos un ómnibus a Maracaibo. En la terminal misma subimos a un colectivo destartalado que nos llevaría a la frontera con Colombia. No llegó, palmó a mitad de camino.Nos devolvieron el proporcional del viaje faltante y subimos a otro micro destartalado que nos llevó al último pueblo venezolano, Filúo. Allí tuvimos una pequeña escena. El cruce se hace en taxi, que es caro y no nos espera para sellar pasaportes, cambiar dinero, etc. O se hace en camioneta, que es más conveniente. En las camionetas las mochilas debían viajar en el techo, bajo la lluvia, a lo que nos negamos. La escena fue Regi en la camioneta con la mochilona en el regazo y el chofer tirando de ellade un lado para bajarla, y Regi tirando del otro para quedársela. Cruzamos en taxi. Unas horas después nos ubicamos en un hotel en santa Marta.
Y se acabó de sacarle el traste a la jeringa. Ahí vamos con cómo vimos la Venezuela de Chávez.
Venezuela final.
Primero tenemos que hacer dos aclaraciones.
De Mérida tomamos un ómnibus a Maracaibo. En la terminal misma subimos a un colectivo destartalado que nos llevaría a la frontera con Colombia. No llegó, palmó a mitad de camino.Nos devolvieron el proporcional del viaje faltante y subimos a otro micro destartalado que nos llevó al último pueblo venezolano, Filúo. Allí tuvimos una pequeña escena. El cruce se hace en taxi, que es caro y no nos espera para sellar pasaportes, cambiar dinero, etc. O se hace en camioneta, que es más conveniente. En las camionetas las mochilas debían viajar en el techo, bajo la lluvia, a lo que nos negamos. La escena fue Regi en la camioneta con la mochilona en el regazo y el chofer tirando de ellade un lado para bajarla, y Regi tirando del otro para quedársela. Cruzamos en taxi. Unas horas después nos ubicamos en un hotel en santa Marta.
Y se acabó de sacarle el traste a la jeringa. Ahí vamos con cómo vimos la Venezuela de Chávez.
Venezuela final.
Primero tenemos que hacer dos aclaraciones.
lunes, 24 de mayo de 2010
Mérida y Jají.
Para llegar a Mérida desde Caracas cometimos un error que terminó pagando muy bien. Tomamos el SITSSA socialista hacia Valera, pensando que de ahí a Mérida serían sólo dos horas más de viaje y que saldrían muchos servicios. Pero descubrimos que eran cinco horas de viaje y que sólo había un servicio. Claro, para llegar de ahí a Mérida había que cruzar montañas de hasta 2500 metros de altura por un camino de cornisa espectacular. El directo Caracas - Mérida toma una ruta diferente.
Mérida.
Ya en Mérida, César, nuestro contacto CS nos pasó a buscar por la terminal y nos presentó a Candi, su novia. Él es estudiante de historia del arte y vicepresidente de un centro de estudiantes opositor a Chávez, el Movimiento 13 de Marzo. Ella es maestra de preescolar y primer grado. Aquí ellos nos contaron, de primera mano, las historias que no aparecen ni en Telesur ni en ningún otro medio que apoye a este gobierno.
Mérida.
Ya en Mérida, César, nuestro contacto CS nos pasó a buscar por la terminal y nos presentó a Candi, su novia. Él es estudiante de historia del arte y vicepresidente de un centro de estudiantes opositor a Chávez, el Movimiento 13 de Marzo. Ella es maestra de preescolar y primer grado. Aquí ellos nos contaron, de primera mano, las historias que no aparecen ni en Telesur ni en ningún otro medio que apoye a este gobierno.
lunes, 17 de mayo de 2010
Caracas y Playa Colorada.
Cambiamos de país, cambiamos de costumbres comerciales. Como en otros países sudamericanos, pero a diferencia de Brasil y Argentina, las terminales son un pequeño caos bajo control relativo. Los pasajes se venden en los pasillos y plataformas por gente que grita los destinos al viento. Y Mengueche sabe lo que valen los pasajes de verdad. En las ventanillas de algunas empresas se exponen precios y horarios. En la ventanilla no hay nadie. "¿Dónde está el vendedor de La Guayanesa?"; gritando destinos en alguna parte de la terminal. "Bajito, moreno y de bigotes". Lo encontramos. Nos vende el pasaje a diez bolívares más caro que lo que dice el cartel en la ventanilla de la empresa. "Es que aumentó". Discutimos. No le compramos. Nos pasamos cuatro horas esperando para otra compañía. El pasaje lo venden sólo una hora antes de la salida del micro, cuando llega el empleado. Con nostros viaja un hombre que compró en La Guayanesa y se quedó abajo en la puerta del ómnibus por sobreventa de pasajes. Finalmente viajamos.
lunes, 10 de mayo de 2010
Primer día en Venezuela.
Santa Elena de Uairén.
Primer pueblo venezolano que nos recibe con bastante movimiento en su plaza principal, (que no puede llamarse de otra manera que) Plaza Bolívar, y en los negocios mayoristas donde los brasileros cruzan la frontera para hacer sus compras. Empezamos a aliviarnos al ver los precios venezolanos, más por el alojamiento y transporte que por la comida.
Dimos una vuelta por el pueblo y nos fuimos a dormir.
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