jueves, 24 de marzo de 2011

de bacanes por Río de Janeiro.....

24 de marzo


Así como de la nada me ví en un avión de Aerolíneas Argentinas rumbo a Rio de Janeiro. ¿Cómo llegué? Recibí la llamada de Fabi el martes al mediodía cuando estaba protestando al volante del super  R9 que de vuelta me estaba fallando. Este auto Francés de colección (según mi gran amiga Julieta) ha sido un gran aliado en muchas oportunidades, pero al momento de recibir una llamada tan importante como esta yo estaba tratando de que el auto no se mantuviera acelerado mientras trataba de ingresar al puente de Santa Fe con un camión pasándome a todo trapo por el costado. La perra en el asiento de atrás solo me miraba mientras yo le gritaba a mi celular: ¡Paraaaaaa paraaaaa, que el auto me está fallando y tengo que estacionar!!!!!  ¡¿Como que me voy a Rio?! ¡¿Que hago con la perra?!

America se quedó en una guardería re top. Le llevé su comida balanceada con dos litros de leche…sino la nena no me come, vio? Mientras me iba se me caían algunas lágrimas. Realmente es terrible dejar a una hija peluda  por tantos días sola. Sabía que iba a estar bien cuidada pero me angustió verla parada en dos patitas contra la reja llorando mientras yo me iba. 

Agarré un bolsito con algo de ropa y salí para Buenos Aires en colectivo.  Al otro día a las 20:45 salí en vuelo para Río de Janeiro. ¡Qué emoción! No sólo me iba a encontrar con Fabi que hacía casi dos meses no veía, sino que volvía a Brasil. Río nunca fue la ciudad que más me gustó, es más, cuando estuvimos durante el viaje me causó mucho rechazo. Pero está bueno darle segundas oportunidades a las ciudades.

Llegué sin ningún problema a los brazos de Fabi…nos abrazamos con fuerza. En dos meses nos habíamos visto 4 días en Mar del Plata. En el medio pasaron muchas cosas, dejar el departamento de Mar del Plata, hacer dos viajes a Santa Fe con los problemas que tuvimos en el auto, la búsqueda mía de trabajo, vivir en una casa nueva que Fabi todavía no conoce más que por fotos. Mientras Fabi estuvo embarcado y la realidad es que trabajó muchísimas horas aunque sólo mande esas fotos donde se está metiendo a la pileta del barco o comiendo asado con sus compañeros. Lo bueno es que está feliz con lo que hace…qué más quiere una persona que amar lo que hace para vivir?

Me olvidé mencionar un detalle: Fabi me mandó los pasajes para ir a Río porque lo mandaron a hacer un curso para poder seguir avanzando en su carrera. La cuestión es que la empresa para la que trabaja le paga el hotel y le da 90 reales por día para consumir lo que quiere del frigobar o para pedir comida a la habitación (si digo room service queda muy cheto, no?). Lo único que tenemos que pagar para que yo esté en el mismo hotel son 69 reales por día que es una tasa de acompañante, lo mismo que hubiéramos gastado si íbamos a un hostel que sale 35 reales por cabeza, y encima tenemos la comida incluída! Realmente estos están siendo días bacanes, eso que uno ve en las películas y que piensa que nunca va a vivir. Imaginen que en realidad la habitación de este hotel está saliendo 320 reales para los dos, o sea como 700 pesos argentinos por noche de hotel!!!! Ahhhhhhhhhhhh!!!! Sí, ridículo señores…

Yo llegué un miércoles a la noche. Tanto el jueves, viernes y sábado pudimos disfrutar a pleno de la playa. Esta es la parte linda que el año pasado cuando estuvimos en Río no habíamos visto. Cuando vinimos la primera vez llegamos y nos fuimos de la Rodoviaria (Terminal de Buses) con imágenes aterradoras y la verdad no pudimos disfrutar ni un poquito las cosas lindas de esta ciudad…que, sigo insistiendo, tiene algunas pero las cosas malas son tan malas que tapan cualquier posibilidad de disfrute en algún punto.
Pudimos conocer Ipanema y Leblon y vimos la mejor puesta del sol desde la Punta de Arpeador. Tambíen fuimos a Praia da Tijuca donde es la zona más cara de todo lo que vimos en Río hasta ahora. Los departamentos ahí cuestan alrededor de 500.000 Reales, o sea como un millón y medio de pesos. Casi todos los edificios que dan al mar tienen unos balcones enormes y arriba tienen terraza y pileta. Contrasta un poco con lo que uno ve para llegar a esa realidad: el ómnibus pasa por la favela Rosinha. Sin palabras. 
El sábado nos levantamos bien temprano, desayunamos bien potente y salimos para Copacabana que Fabi había quedado con un hombre de Couchsurfing para ir a nadar juntos. La playa estaba casi vacía a las 8:30 de la mañana, y el sol ya pegaba bastante fuerte. Fabi no encontró a este hombre, pero preguntando por él lo terminaron invitando a nadar con un grupo de gente. Mientras él se deslomó 2 horas contra las olas, yo me desplomé en la arena y me quedé dormida. Fue uno de esos placeres que uno nunca se va a olvidar en la vida. Cuando Fabi volvió salimos a caminar y terminamos haciendo los 4 km que tiene la playa de Copacabana. Ya para esa hora la playa estaba repleta de gente, pero siempre con espacio para moverse…nunca, jamás ví en otro lado que no sea Mar del Plata la tendencia a pegarse unos a otros en la playa. Y la realidad es que, como dijo alguna vez algún amigo nuestro, no hay lugar más democrático en Brasil que la playa. Ahí todos estamos semi desnudos y no existen las carpas privadas que ocupan el espacio público. Las sombrillas y sillas que se alquilan son totalmente accesibles (4 reales cada cosa, o sea 10 pesos argentinos) y si uno quiere tomar o comer algo en la playa no te arrancan la cabeza. En Argentina cada vez da más la sensación que la playa es propiedad de los ricos. ¿Cuánto hay que caminar en Playa Grande para encontrar un paso público? ¿Qué es eso de que en las playas que van hacia el Sur los matones que cuidan que no entres al balneario te prohíban poner tu sombrilla en espacio público porque estorba a la vista? Si querés una sombrilla en ese espacio público tenés que, según ellos, alquilarles la sombrilla al balneario…yo creo que en algunos aspectos de diferencias sociales estamos comenzando a cometer atrocidades y lamentablemente estas cosas terminan naturalizándose.

Acá en Brasil, la playa puede ser democrática, pero en  la calle se ven cosas de locos ya naturalizadas. Uno entra al hotel de 700 pesos la noche y tiene en la puerta a un hombre durmiendo todas las noches, sucio y sin nada ni nadie. Uno camina por las calles del centro y mientras ve una vidriera con una cartera que cuesta 1500 reales tiene a un chico en patas durmiendo sobre un cartón. Ya ni los vemos. Es tristísimo que esto sea parte natural del paisaje de esta ciudad maravillosa (¿)

El sábado a la tarde nos fuimos en Bondi a Santa Elena…El Bondi es lo único que se conserva de una época bohemia y de arte en Río de Janeiro. Santa Elena es un barrio sobre un morro de los tantos que rodean a esta ciudad. Las casas muestran un pasado de riquezas, hoy día muchas de esas casas han sido conservadas, otras convertidas en barcitos para tomarse una cerveza (alguna que otra servida en la puerta de alguna Iglesia), o en negocios de ropa alternativa. Hoy día también hay un cine pequeño. El bondi hasta arriba solo cuesta 0,60 reales mientras que un metro normal está costando 2,80 reales. ¡Gente, dejen de quejarse de lo que sale el transporte en Argentina! En Brasil el salario mínimo es mucho menor que en nuestro país y los pasajes de transporte urbano están a más del doble…lo que nosotros pagamos 2,3 pesos un pasaje acá se paga 5,80 pesos argentinos….


El domingo el cielo se nubló y eso no cambió hasta hoy, jueves, que nos estamos despidiendo de Río. Ese día fuimos a conocer el Parque de Tijuca. Este son varios morros exactamente en la mitad de la ciudad con el objetivo de conservar un pulmón verde y recuperar lo que queda de la Mata Atlántica. Esta zona ha pasado por varias etapas, fue una zona aprovechada para plantar café principalmente. Las fazendas eran enormes y poco a poco fueron destruyendo todo lo que era verde. Hoy día por suerte mucho se ha recuperado. Si este Parque no existiera, Río tendría en promedio 7 grados más….sería algo así como el infierno en la Tierra.

A partir del lunes, como Fabi comenzó a hacer el curso desde las 8 de la mañana hasta las 4, yo me dediqué a caminar por la ciudad, a ver los mercados, a comprar algunas cositas…a las 4 nos encontrábamos con Fabi para salir a correr por la costanera de Praia de FLamingo o para tomarnos una cervecita en el bar Amarelinho en Cinelandia, frente al hermoso Teatro Municipal.
No pensé que iba a volver  esta ciudad, y menos que iba a suceder tan pronto. Ha sido una semana de sueño…y siguen las aventuras!!!
Hoy a la tarde nos vamos a Sao Paulo a visitar a unos amigos, y el domingo de vuelta a casa. Extraño un montón a América, maldita bola de pelo se hace querer!!!

Si quieren ver cómo es Río, las sensaciones que da pueden ver  las siguientes  películas:

 “Central do Brasil” de Walter Salles.   La primer parte sucede en Río, la segunda en el Norte de Brasil, lo que se llama el desierto, el Sertao.  Acá tienen el trailer, pero en You Tube se la puede ver entera por partes.    http://www.youtube.com/watch?v=ako8metwlAY

“Ciudad de Dios” de Fernando Meirelles.  Es una película fuerte que filman en la Favela Cidade de Deus, acá en Río. El tráiler lo pueden ver en http://www.imdb.com/video/screenplay/vi1937440793/

martes, 22 de marzo de 2011

Retomando la escritura....LLegada a Santa Fe




26 de Febrero de 2011, Santa Fe

En homenaje a nuestro querido Hernán


Después de mucho tiempo retomo este blog…por momentos escribiré yo, por momentos escribirá Fabi, según sean las ganas y las necesidades de contar de cada uno.
Estamos los dos pasando por aventuras diferentes, en lugares alejados, que aunque no son un viaje exactamente, no dejan de ser un camino recorrido…y que en algún momento nos va a volver a unir. El en Brasil trabajando, yo en Santa Fe buscando trabajo, el viviendo en un barco, yo en una quinta con pileta, el acompañado de sus colegas, yo de mi perra…

La decisión de este cambio de ciudad, de Mar del Plata a Santa Fe se tomó en Septiembre cuando finalmente decidí que la escuela de cine donde quería estudiar estaba en esta ciudad. Escuela pública, sin exámen de ingreso, con buena reputación en una ciudad que nos gustó muchísimo cuando la conocimos. Digamos que mejor imposible…pero el camino hasta ahora no ha sido tan fácil.

En Noviembre Fabi consigue trabajo en Brasil por medio de su sindicato, todo genial hasta que a su sindicato se le ocurre que Fabi no volvía a trabajar por medio de ellos por un tiempo largo….de esto nos enteramos un 22 de Diciembre…

Yo, con mi conocido pensamiento trágico reaccioné con la siguiente frase: “No nos vamos nada a Santa Fe entonces, no vamos a poder afrontar todo el cambio estando los dos desempleados, nunca más vas a poder trabajar, AHHHHHHHHHH!!!!, etc, etc, etc” y Fabi: “Regi, no te preocupes, todo va a estar bien…vas a ver que vamos a poder, yo a Santa Fe me voy como sea, si querés seguime, etc, etc, etc”. Hay cosas que nunca cambian.

Fabi volvió a conseguir trabajo tal como él lo había previsto…a mitades de enero estaba tomándose un vuelo a Río de Janeiro para cerrar trato con una empresa Noruega. Listo, ahora a conseguir casa en Santa Fe, organizar y pintar el departamento en Mar del Plata, tratar de venderlo, hacer la mudanza, arreglar el auto para viajar tranquila, conseguir trabajo en Santa Fe…y bueno como Fabi estaba en Brasil no me quedó otra que hacerlo todo solita. Hoy estoy feliz de haber logrado todo esto y estar escribiendo desde nuestra nueva casita de caperucita roja, pero el camino, repito, no fue fácil. Y el protagonista de este camino sinuoso fue nuestro querido R9 modelo 95, que para los conocidos se llama Hernan (R: Her, 9: nine).

El primer viaje para empezar a mudarme a la nueva ciudad lo hice con la compañía de mi mama, que se la bancó y se vino hasta Santa Fe para ayudar a establecerme en la nueva casa que también me ayudó a conseguir por Internet. Realmente la casita que conseguimos es más de lo que esperábamos, no muy grande pero super confortable y con pileta, queda a 13 km de la ciudad, en un barrio que se llama Villa California.

Los primeros días me sentí medio rara con los tiempos, ya que todo es diferente a vivir a 10 minutos caminando del centro de Mar del Plata. Todo hay que organizarlo acá para que no se pasen las fechas de pagos, para no quedarse sin leche a último momento, para llevar a la perra a la veterinaria. Pero por otro lado me levanto con el cantar de los pájaros, hay una paz inimaginable, estoy en constante contacto con el verde de los árboles y el pasto lo que me da más ganas de levantarme temprano y a provechar las primeras horas del día con una temperatura ideal, acá me dan ganas de comer mejor, más frutas y verduras, puedo tener plantas sin que se mueran, America corre todo el día y juega con los perros vecinos. Esta es la vida que me gusta. El primer día que estuve con mi mama acá tuve que ir toda la mañana a Santa Fe a hacer varias cosas…no se imaginan el placer de volver a mi casa rodeada de árboles y de tranquilidad!

Lo malo: probablemente no pueda tener Internet en todo el año, lo bueno: al no tener Internet estoy haciendo cosas que hacía mucho no hacía, como por ejemplo escribir.

Volviendo a las aventuras de nuestro querido Hernan. El viaje con mi mamá fue bueno hasta Buenos Aires. Ahí me quedé por primera vez con el auto sin arrancar. Después de que varios taxistas/ingenieros se acercaron a darme una mano, se decidió llevar el auto al taller de la esquina. Lo vinieron a buscar y lo empujaron. Diagnóstico: Está quemada la bobina, hay que cambiarla, arreglo= 300 pesos. Yo no hacía más que llorar y gritarle a América que se quedara quieta. Imaginen el cuadro. Los nervios me comían viva. Mientras, mamá le contestaba las preguntas de vieja chusma que el tallerista le hacía: “¿Qué pasó? ¿Su hija se acaba de separar?”. Finalmente cambian la bobina…pero el auto seguía sin arrancar. Parece que Juan, el hombre que había ensamblado el panel del auto una semana antes, no había tenido en cuenta la forma de volver a colocar los cables de manera tal que cada vez que yo doblara con el volante no rompiera algún cable. Fue un pequeño detalle que hizo que poco a poco fuera rompiendo todo. Llegamos a Santa Fe sin guiño y sin baliza, y ya en Santa Fe rompí el cable de la luz de frente. Al no poder andar más con el auto así decidimos llevarlo a un electricista que me recomendaron. Diagnóstico: “¡qué desastre te hicieron con los cables mujer!”. Resultado: una bolsa de supermercado repleta de cables inservibles que sacaron de abajo del volante. Dinero gastado= 170 pesos. Dinero recuperado después de una charla un tanto fuerte con Juan de Mar del Plata = 500 pesos.

La vuelta a Mar del Plata fue sin problemas. Cuando llegué a Mar del Plata tanto mis amigas como mi familia quisieron despedirme. Realmente ahí caí de la decisión que habíamos tomado. Finalmente por decisión propia (y no por decisión de la Armada Argentina) nos mudábamos de Mar del Plata. Pasé muy bueno años en esa ciudad pero ya se cumplió su ciclo. Mi infancia y mi adolescencia en el departamento de Garay han sido muy buenas. Mis salidas los domingos al cine de Belgrano para ver alguna película de Disney con mi viejo. Las caminatas con mi mamá hasta la Escuela nº 31 con preguntas de índole filosófico al estilo “ Mamá, ¿te parece que después de la escuela puedo invitar a alguna amiga a tomar la leche?”. Las escapadas a la casa de mi amiga Pauli para jugar a los Play Mobil o para vender alguna piedra pintada en la calle. Las mañanas con Nacho y mamá cuando el humor de mi hermano estaba siempre en su punto óptimo. ¡Cómo nos reíamos!. Y ya más adelante en el tiempo recuerdo las salidas con Vane al Cru, los comienzos de mi vida “amorosa” (como para darle un nombre dulce), los primeros pasos de mochilera con alguna mentirilla en el medio a mis viejos para que no se preocuparan. Las tardes enteras en la Universidad sufriendo antes de rendir un final. En el medio está la escuela secundaria, que realmente no fue mi momento más feliz, estudié de más, no lo disfruté lo suficiente, pero lo mejor que me quedó de esos años fueron unas amistades para toda la vida: Ile, Ugi, Julieta, Julia. Tal vez ahora no nos vamos a ver casi nunca y nos vamos a escribir poco, pero sé que están ahí y ellas saben que yo estoy ahí para ellas. También hubo momentos de pérdidas. Pato y Juan se fueron demasiado pronto, pero no pasa un año sin que los recuerde demasiadas veces. De todos y de todo tengo recuerdos hermosos y sé que Mar del Plata va a ser siempre ¨mi querida Mar del Plata¨.

Siguiendo con las aventuras de nuestro querido Hernan. En Mar del Plata tuve que llevarlo a hacerle alineación y balanceo. Obviamente le encontraron alguna otra cosita rota que tuve que mandar a arreglar. Feliz de haber hecho todos estos arreglos salí hacia Santa Fe con el ato cargado segura de que ahora el viaje iba a ser tranquilo.

Mi amiga Julieta me acompañó hasta Buenos Aires. Cuando salí hacia Santa Fe desde Buenos Aires noté que el auto perdía agua, lo llevé al mismo taller de la vez anterior y me dijo que la bomba de agua estaba pinchada, pero que podía llegar tranquila a Santa Fe agregándole algo de agua si veía que se iba quedando sin agua. Así salí, medio nerviosa pero segura de que todo iba a salir bien.

Cuando llego a Rosario me agarra un embotellamiento, el auto se empezó a recalentar entonces decido seguir a unos camiones que estaban tomando un atajo, cuando veo que así tampoco puedo avanzar hago marcha atrás y zas! Meto el auto totalmente cargado en una tremenda zanja…sólo a mi me podía pasar eso. No podía creer que me estuviera pasando esto. Pero hay algo alrededor mío que hace que siempre aparezca alguien de la nada para ayudarme. Se acercaron dos hombres que me habían visto protestando y dando vueltas alrededor del auto. Ellos estaban trabajando en una obra frente a donde estaba yo y vinieron directamente con el lazo para atar mi auto a un camión que estaba adelante mío. Y así como nada me ayudaron a sacar el auto de la zanja sin problemas. Pero ahí no termina la cosa.

Eran las 2 de la tarde y hacían como 30 grados de temperatura. El auto calentó de más. Al continuar mi camino sentí el motor medio raro y ya cuando empecé a oler a quemadito decidí parar. A todo esto me iba comunicando con mi viejo que me daba recomendaciones de lo que tenía que ir controlando para que no recaliente. Lo único que llamaba la atención es que la botellita de agua estaba cada vez más completa y seguía caliente después de haber parado el motor por un rato largo. Esperé la grúa en el km 10 de la autopista Rosario-Santa Fe por una hora y media. Por única compañía tenía a la perrita que se bancó todos los problemas sin chistar. Mauricio, el chico que vino con la grúa revisó el auto. Diagnóstico: En vez de estar consumiendo agua, el sistema tenía presión o sea que largaba el agua para afuera y según parecía se habían soltado? las juntas. Sin saber qué mierda me estaba diciendo llamé al taller que el seguro me había recomendado en Rosario. Conclusión: me iban a tener el auto arreglado recién para el miércoles (era sábado) y me salía alrededor de 1500 pesos. No quedaba otra que pedirle al seguro que me den una grúa para que me lleve a mi casa en Santa Fe. Recién ahí iba a poder empezar a tomar decisiones. Y así fue que esperé a una segunda grúa por dos horas y cuarto en una estación Shell en la circunvalación de Rosario. En el medio de todo esto eran tantas las llamadas que recibía para ver cómo estaba que me estaba quedando sin batería en el celular. Así que iba como perro loco del baño al auto ya que había puesto a cargar el celular en el baño. América era directamente una perra loca que me seguía a todas partes y me miraba con cara como diciendo: “¿Y? ¿para cuando?”. Así fue que después de unos días le descubrí que tiene como una alergia o sarna que según la veterinaria es un bajonazo de defensas. Hasta ella se puso nerviosa.

A todo esto, después de que los 120 minutos de espera de la grúa habían pasado me agarró una paranoia importante. Se me metió en la cabeza que la grúa había pasado y que no me había visto…que se había ido sin esperarme. Ya eran pasadas las 20 hs y era de noche. Empecé a llamar al seguro de vuelta y “ en este momento todos los operadores están ocupados” fue la única respuesta que recibía. Ahí enloquecí un poquito. Se me acercó un chico muy piola y me tranquilizó y me ofreció su celular para llamar a otro número de Atención mecánica. Así fue como me comuniqué y mientras estaba hablando ví aparecer a Luis en su grúa. Volví a respirar. Le agradecí a este muchacho con una gran sonrisa. América le dio unos lenguetazos en la mano.

Ya arriba de la grúa (America literalmente ya que se quedó adentro del auto) Luis, de 26 años que parecía bastante más, me contó la historia de su vida, y charla va charla viene llegué a mi casa, con mi perra y un auto que ya no da más.

Ha sido una aventura larga y tediosa pero puedo rescatar varias cosas positivas. En primer lugar, aunque me puse bastante nerviosa con la situación, pude zafarla sin derramar ni una sola lágrima. Segundo, por suerte no pasó nada grave, lo único embolante que entre ida y vuelta gastamos dinero como para comprar otro auto. Tercero, tuve mucha gente preocupada por mí, me sentí muy acompañada. Cuarto y último, tomamos la decisión con Fabi de finalmente cambiar el auto. Ya no me siento segura viajando con este auto. Ahora lo vamos a arreglar para ponerlo en venta, que nos den lo poco que vale y listo. Han sido años de mucho viaje, de mucho andar, de muchísimos kilómetros. Este autito nos dio mucho, pero hay llegado el momento. El año 2011 empezó con demasiado cambio. Fabi tiene trabajo nuevo, conseguimos casa nueva en una ciudad nueva, yo empiezo un estudio nuevo, y ahora auto nuevo…de a poco, a pasito de bebe las cosas van a ir saliendo.

Nos encontramos en un tiempito…vengan a visitarnos cuando quieran el tiempo que quieran. Hay espacio y pileta…si vienen con auto mejor!!!





domingo, 18 de julio de 2010

Demorado final de viaje!

Finalmente llegamos a casa.

Disculpen la demora en cerrar este relato, pero al conectarnos de nuevo a nuestra ciudad y a nuestra rutina nos desconectamos en cierta forma del viaje. Perdimos el hilo y las energías para repensar la última parte del viaje y plasmarla en este blog.

Así que aquí vamos, el cierre.


Lima.

En Lima tuvimos el primer adelanto de nuestro regreso a Argentina. Viqui y Martín nos recibieron muy cariñosamente. Hablar en español con acento argento en casa de amigos, mate amargo de por medio, fue como sentirse pisando tierra de gauchos otra vez. Llegamos y lo primero que Regi quiso hacer fue conocer a Francisco, el bebé de Viqui. Sin palabras, una hermosura, tranquilo y simpático. Verla a Viqui como mamá fue bárbaro, hacemuy bien su trabajo, cosa que debe ser difícil siendo el primer hijo. En este viaje hablamos mucho del momento en que decidamos tener hijos y, de alguna manera, sentimos por momentos que ese momento está cada vez más cerca: no ya, tenemos aún muchos proyectos personales que cumplir. Pero sí lo empezamos a ver como un futuro que nos va a hacer feliz.

Volviendo a Lima, Viqui y Martín nos hicieron probar comidas típicas peruanas y nos llevaron a hacer algunos paseos. A decir verdad, no andábamos ya con muchas ganas de conocer, así que hicimos sólo un poco por los alrededores del barrio. Teníamos más ganas de quedarnos en casa tomando mates y charlando de la vida. Hay que decir que la comida que nos hicieron probar fue lo mejor que probamos en muchos años: causas y tequeños, una delicia. El lugar donde nos llevó Viqui era muy muy bueno, pero vale aclarar: que te lleve un argentino significa que te guía el gusto culinario propio; sabe lo que nos va a gustar. Fue increíblemente delicioso. Según nos dijeron, la cocina peruana ha mezclado sabores nativos, europeos y asiáticos. A su vez Viqui nos deleitó con su propia cocina... dice haber empezado a cocinar recién ahora, sea como sea lo hace muy bien. Preparó una tarta, pescado y pizzas caseras. Nosotros cocinamos ñoquis caseros y tortas fritas el día del partido del mundial Argentina-Nigeria. Era todo un desfío, tanto Viqui como Martín han vivido en el campo (él usa alpargatas de suela de yute, no de goma) y no se podía defraudar. Hechas en grasa de cerdo y todo, las tortas fritas estuvieron a la altura de los anfitriones.

Lima es una ciudad en el medio de un desierto que cae a la costa del Pacífico. No la imaginábamos así, realmente. Resulta un lugar bastante opaco en invierno ya que prácticamente no se ve el sol. El cielo está tapado constantemente por una capa de nubes grises. Sólo dan ganas de comer y dormir.

Después del partido, y con la alegría de la victoria, Viqui, Martín y Fran nos llevaron a conocer "Polvos Azules", una mercado "de todo un poco", donde Fabi compró algo de abrigo, sabiendo que del nivel del mar nos íbamos a 3000 metros de altura en Copacabana, y cada vez más al invierno del sur. El frío sería bravo.

Nos dejaron en la terminal, nos despedimos con gran alegría y con esperanza de que las próximas pizzas sean cocinadas por nosotros, pero en Argentina.

El final.

Lima - Puno tomó alrededor de veinte horas. Nosotros ya estábamos con la idea de estar varios días viajando casi sin parar, así que lo tomamos con muchas paciencia y tranquilidad. Al otro día de salir de Lima sólo pudimos llegar a Yunguyo, último pueblo peruano antes de cruzar a Bolivia. Allí conocimos a una pareja finlandesa con quienes terminamos cenando. Ellos estaban de voluntarios trabajando para un proyecto por el que estaban instalando notebooks en escuelas públicas.

Al otro día cruzamos nuestra última frontera antes de llegar a Argentina. Aquí ya estábamos muy tranquilos. Creemos que el espíritu de calma que tienen lso andinos se nso pegó por ósmosis. Los paisajes verdes, marrones y amarillos dándole el marco al azul del Lago Titicaca también ayudaron a calmar nuestras ansisas de llegar. Nos dieron ganas de quedarnos un día en Copacabana, comimos truchas frente al lago, caminamos y e hicimos algunas compras.

Al otro día ya era el final del viaje. Pasamos por La Paz, donde recorrimos algunos mercados, y a las seis de la tarde nos subimos aun ómnibus para terminar la gran aventura, a los dos días en Buenos Aires. Y zás! sin darnos cuenta se pasaron 141 días de viaje; ya estamos de vuelta en casa.

Extrañamos mucho Argentina, realmente. Por momentos nos agarraban esas nostalgias tontas por el asado, (que en realidad comemos dos veces al año), por el tango (de golpe tuvimos unas ganas locas de bailarlo), por los alfajores Jorgelín, por las pepas... una cosa de locos. Cosas que tenemos todos los días y que, sin saberlo y a veces sin quererlo, son parte de nuestras vidas: todas tonterías, pero bueno, esa nostalgia idiota la tiene cualquiera, ¡basta! no se rían de nosotros.

Pisamos nuestro país con gran alegría, mirando para atrás y viendo lo mucho que vivimos y aprendimos. Y también mirando para adelante, pispeando una nueva vida para nosotros. Estamos felices y más enamorados que nunca. Esto fueron 141 días pasando 24 horas juntos día a día. Una prueba de fuego... la pasamos y fue más fácil de lo que pensamos.

Primeros pasos en Argentina, Últimos pasos del viaje.

Normalmente, todos llegamos de un viaje, visitamos a nuestra familia, mostramos fotos y nos abocamos a nuestras vidas "normales" otra vez.

Nosotros teníamos, desde hace un buen rato, otra idea.

Queríamos cerrar nuestro viaje incluyendo a dos parejas de viajeros muy amigas nuestras: Fernando y Virginia, en San Nicolás, y Agustín y Victoria, en Bahía Blanca. Nuestras amistades nacieron todas en Autostop Argentina y, tanto viajando como organizando esa comunidad de viajeros, poco a poco, esa cercanía viajera se fue transformando en una fortísima amistad. Hoy, cada vez que uno de nosotros sale de viaje los demás estamos pendientes de su camino. Así fue en este recorrido.

Fer y Vir salieron en un itinerario muy parecido al nuestro, pero inverso. Mientras nosotros recorríamos Brasil, ellos nos íban adelantando información de los Andes. Nuestros caminos no pudieron cruzarse por muy poco, ellos pasaron por Manaos hacia Bolivia cuando nosotros recién estábamos llegando a Belén.

Viqui y Agus ya habían hecho su periplo sudamericano y a principios de año hicieron un recorrido por Bolivia.

Quisimos terminar este viaje pasando por sus casas, para poder compartir nuestras visiones, repensar lo vivido y sobre todo, dedicarle una parte de nuestro viaje a estas grandes amistades. Aún cuando eso nos tomara dar una vuelta entera a la Provincia de Buenos Aires cuando estábamos ya tan cerca de casa.

La primer parada, sin embargo, fue la Ciudad de Buenos Aires.

Allí visitamos a los papás de Fabi y algunos otros amigos y familia. Comprendimos lo difícil de hacer un resumen de fotos. De las 2000 fotos que sacamos, no pudimos resumirla en menos que "apenas" 500 fotos. Con la mejor de las voluntades, no se demora menos de una hora en pasarlas todas, en lo que puede ser un terrible gomazo para alguien que no es uno mismo. Igual las fotos están buenas, pueden verlo en album.

De allí, y una vez resueltas algunas cuestiones burocráticas que nos esperaban en la ciudad, partimos para San Nicolás.

Fer y Vir nos recibieron en su flamante casa, a la que se acababan de mudar. Con su propio viaje muy fresco en la memoria, charlamos sin parar durante horas. Compartimos visiones sobre las culturas caribeña y andina, las comidas peruanas, la visión general sobre sudamérica. Sobre como se siente un argentino en el resto del continente, con qué partes nos sentimos más identificados y con cuáles más lejanos, lo bien queridos que nos sentimos en esos países, lo cansador que es un viaje, las últimas partes de nuestros viajes, que fueron más una corrida para regresar que un recorrido bien hecho, etc. En fin, fue una hermosa y bien sentida oportunidad para revivir nuestro gran viaje sudamericano.

Luego cruzamos la provincia de punta a punta y recalamos en Bahía Blanca, última parada en sí de nuestro viaje. Viqui y Agus habían hecho su viaje, desde Argentina, por Bolivia hasta Venezuela y Cuba, hace ya tres años. La oportunidad (y otras tantas horas de charla ininterrumpida) fue para apreciar cambios y diferencias en nuestras visiones con tres años de diferencia.

A ambas parejas hacía más de un año que no las veíamos. Fue la manera ideal de cerrar nuestro viaje y, a la vez, regar ese árbol tan sentido que es la amistad.

Finalmente, llegamos a Mar del Plata, donde nos recibió la familia de Regi y mostramos nuevamente fotos y relatos.

El lunes 28 de junio, 5 meses luego de partir, estábamos de vuelta en nuestro hogar.


Ahora viene el momento de ordenar las fotos y los recuerdos. De sacarle el polvo de los Andes a las mochilas, momento de agradecer a cada una de las personas que nos cruzamos en el camino, momento de sentarse y pensar. ¿Y ahora, qué?

Ya vendrán nuevos viajes, más cortos tal vez, pero siempre con el mismo espíritu de conocer y entender el mundo "patas para arriba" en el que vivimos. Y con las ganas de cambiar algo, aunque sea mínimo.

¡¡Gracias a todos y hasta la próxima!!

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Foto 1: Mate, tortas fritas y alpargatas, en casa argentina en Lima.
Foto 2: En casa de Viqui y Martín, listos para ver el mundial.
Foto 3: Regi a la vera del Titicaca.
Foto 4: Copacabana desde el Cerro.
Foto 5: Fabi y el Titicaca.
Foto 6: con la familia de Fabi, en Buenos Aires.
Foto 7: Fer y Vir, nuestros amigos nicoleños.
Foto 8: Con Agus y Viqui, en el Puerto de Bahía Blanca.
Foto 9: Regi con mamá y papá.

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jueves, 10 de junio de 2010

Cartagena - Cali- Quito, todo de una vez.

Y zas!... Antes de que nos diéramos cuenta recorrimos toda Colombia y Ecuador. Apuramos esta parte del viaje y ya nos encontramos en Lima, Perú.

Como escribiéramos en otro artículo, estamos cansados. Empezamos el viaje sin límite de tiempo real, aunque lo comenzamos pensando en cuatro meses. Cuando íbamos terminando Brasil, a los tres meses de haber partido, asumimos que necesitaríamos seis meses para completar la vuelta a Sudamérica. Al salir de Brasil ya estábamos cansados, pero cruzar la frontera a Venezuela, cambiar de país, volver a hablar español, fue revitalizador, como empezar un viaje nuevo. Fue emocionante.

Pero el cansancio seguía allí. En esta mitad de Sudamérica, hay que decirlo, hay cosas que cansan. El regateo permanente, el acoso de los vendedores callejeros, viajar en ómnibus durante seis horas con cumbia, salsa o vallenato a volumen de discoteca, el tranporte urbano desorganizado, el caos en el tránsito, son cosas que, poco a poco, van agotando. Uno al principio las tolera o ignora, por la aventura del viaje, pero luego fastidian. No es que ninguna de esas cosas no sucedan en Argentina, pero quizás suceden menos, y, al sufrirlas tan lejos de casa y con cuatro meses de viaje a cuestas, se sufren más.

jueves, 3 de junio de 2010

Saliendo de Venezuela.

Saliendo.

De Mérida tomamos un ómnibus a Maracaibo. En la terminal misma subimos a un colectivo destartalado que nos llevaría a la frontera con Colombia. No llegó, palmó a mitad de camino.Nos devolvieron el proporcional del viaje faltante y subimos a otro micro destartalado que nos llevó al último pueblo venezolano, Filúo. Allí tuvimos una pequeña escena. El cruce se hace en taxi, que es caro y no nos espera para sellar pasaportes, cambiar dinero, etc. O se hace en camioneta, que es más conveniente. En las camionetas las mochilas debían viajar en el techo, bajo la lluvia, a lo que nos negamos. La escena fue Regi en la camioneta con la mochilona en el regazo y el chofer tirando de ellade un lado para bajarla, y Regi tirando del otro para quedársela. Cruzamos en taxi. Unas horas después nos ubicamos en un hotel en santa Marta.

Y se acabó de sacarle el traste a la jeringa. Ahí vamos con cómo vimos la Venezuela de Chávez.

Venezuela final.

Primero tenemos que hacer dos aclaraciones.

lunes, 24 de mayo de 2010

Mérida y Jají.

Para llegar a Mérida desde Caracas cometimos un error que terminó pagando muy bien. Tomamos el SITSSA socialista hacia Valera, pensando que de ahí a Mérida serían sólo dos horas más de viaje y que saldrían muchos servicios. Pero descubrimos que eran cinco horas de viaje y que sólo había un servicio. Claro, para llegar de ahí a Mérida había que cruzar montañas de hasta 2500 metros de altura por un camino de cornisa espectacular. El directo Caracas - Mérida toma una ruta diferente.

Mérida.

Ya en Mérida, César, nuestro contacto CS nos pasó a buscar por la terminal y nos presentó a Candi, su novia. Él es estudiante de historia del arte y vicepresidente de un centro de estudiantes opositor a Chávez, el Movimiento 13 de Marzo. Ella es maestra de preescolar y primer grado. Aquí ellos nos contaron, de primera mano, las historias que no aparecen ni en Telesur ni en ningún otro medio que apoye a este gobierno.

lunes, 17 de mayo de 2010

Caracas y Playa Colorada.

Cambiamos de país, cambiamos de costumbres comerciales. Como en otros países sudamericanos, pero a diferencia de Brasil y Argentina, las terminales son un pequeño caos bajo control relativo. Los pasajes se venden en los pasillos y plataformas por gente que grita los destinos al viento. Y Mengueche sabe lo que valen los pasajes de verdad. En las ventanillas de algunas empresas se exponen precios y horarios. En la ventanilla no hay nadie. "¿Dónde está el vendedor de La Guayanesa?"; gritando destinos en alguna parte de la terminal. "Bajito, moreno y de bigotes". Lo encontramos. Nos vende el pasaje a diez bolívares más caro que lo que dice el cartel en la ventanilla de la empresa. "Es que aumentó". Discutimos. No le compramos. Nos pasamos cuatro horas esperando para otra compañía. El pasaje lo venden sólo una hora antes de la salida del micro, cuando llega el empleado. Con nostros viaja un hombre que compró en La Guayanesa y se quedó abajo en la puerta del ómnibus por sobreventa de pasajes. Finalmente viajamos.

lunes, 10 de mayo de 2010

Primer día en Venezuela.

Santa Elena de Uairén.

Primer pueblo venezolano que nos recibe con bastante movimiento en su plaza principal, (que no puede llamarse de otra manera que) Plaza Bolívar, y en los negocios mayoristas donde los brasileros cruzan la frontera para hacer sus compras. Empezamos a aliviarnos al ver los precios venezolanos, más por el alojamiento y transporte que por la comida.

Dimos una vuelta por el pueblo y nos fuimos a dormir.