martes, 1 de septiembre de 2015

Contratapa del Pagina 12 de Rosario 1 de septiembre de 2015. REFUGIO

el texto sobre el Bolson con modificaciones...

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-50858-2015-09-01.html

Refugio

 Por Regina Candel Martinez*

Uno esconde, tapa, pone recuerdos propios y ajenos debajo de la alfombra así no arruinan el paisaje. Sin saberlo nací envuelta en una historia con dolor que se fue acumulando de generación en generación. Idas y regresos entre Argentina y España. Huidas, despedidas, reencuentros, llanto. Mi abuelo Candel escapó de la España franquista y terminó su vida en Comodoro Rivadavia. Papá nació, creció, tuvo su familia. Sus hijos, mi hermano y yo, no pudimos conocer al abuelo que falleció joven. Yo aún acá, mi hermano volvió a España. Porque en este caso no es irse, es volver.
En esta historia siempre hubo un lugar que daba el único marco de alegría a la constante sensación de ojos tristes. La Hostería Steiner, a 2 kilómetros del centro de El Bolsón, se transformó en el único oasis dentro de un desierto incierto de personajes con hombros caídos y voces de llanto. Frente a la hostería el imponente Cerro Piltriquitrón, altísimo, como observando estas visitas de viajeros a lo largo de los tiempos.
En los años 50 mi abuelo pasaba al menos dos meses de verano en la hostería y usualmente lo llevaba a su hijo. Viajeros de tren y luego a caballo. Sobre las monturas recorrían los senderos del ¨Piltri¨, buscando respuestas, como si el cerro fuera un gurú. Así se acercaban hasta el Lago Puelo e iban a la playita, donde mi papá jugaba a tirarse desde un tronco empotrado en el fondo del lago mientras mi abuelo leía un libro recostado sobre las piedras levantando cada tanto la mirada para saludar a su hijo Danielcito.
A principios del 2015 me encontré tal vez sin saberlo haciendo un recorrido al pasado, como un viaje en el tiempo. Fue extraño llegar a la hostería y ser reconocida por su dueña Ana como la nieta de Candel Lopez. La escuchaba mientras preparaba una merienda en la cocina de azulejos azules, idéntica a la cocina de las fotos con mi papá de diez años. Me contó cómo mi abuelo tenía un rincón para tomar el sol y cómo mi papá se acercaba a esa misma cocina gritándole al hijo de los dueños para ir a jugar. Así salían corriendo al parque enorme, verde, muy arbolado. Ana se hizo cargo del negocio de sus padres, quedó sola, sin niños correteando. Ya no preparaba cenas, sólo el desayuno. Se la veía cansada.
Me quedé dos días en la hostería, leí en el parque al sol y desayuné en las mismas mesas donde desayunaba mi abuelo. Dormí, observé las aves que revoloteaban, jugué un rato con los perros. Caminando por el parque me impresioné al saber que ese era el único lugar compartido con mi abuelo. El único espacio en el mundo que me permitía imaginarlo, al menos por un instante.
Me alejé de la Hostería con destino a la playita en el Lago Puelo. Sentí de golpe cierto alivio al comprender que mi abuelo Candel fue no sólo un exiliado, un hombre político, sino también un hombre de piel y hueso, una persona real. Su imagen se alejó de la leyenda urbana para transformarse sólo en mi abuelo. Pude visualizarlo con su mirada de aprobación a mi papá que seguía jugando a los piratas desde el tronco empotrado en el fondo.

jueves, 20 de agosto de 2015

Tarea 2 Curso Crónicas de Viaje

Escribir una anécdota de viaje en la que se vea un paisaje de fondo. Extensión: 2.000 caracteres

Uno nace sin saber de dónde viene, o tal vez sabe pero prefiere olvidar. Uno esconde, tapa, pone recuerdos propios y ajenos debajo de la alfombra así no arruinan el paisaje. Sin saberlo nací envuelta en una historia con bastante dolor acumulado de generación en generación. Idas y regresos entre Argentina y España. Huidas, despedidas, reencuentros, llanto. Mi abuelo Candel escapó de la España franquista y terminó su vida en Comodoro Rivadavia. Papá nace, crece, tiene su familia. Sus hijos, mi hermano y yo, no pudimos conocer al abuelo que falleció joven. Yo aún acá, mi hermano volvió a España. Porque en este caso no es irse, es volver.


En esta historia siempre hubo un lugar que daba el único marco de alegría a la constante sensación de ojos tristes. La Hostería Steiner, a 2 km del centro de El Bolsón, se transforma en el único oasis dentro de un desierto incierto de personajes con hombros caídos y voces de llanto. Frente a la hostería el imponente Cerro Piltriquitrón, altísimo, como observando estas visitas de viajeros a lo largo de los tiempos.

En los años 50 mi abuelo pasaba al menos dos meses de verano en la hostería y usualmente lo llevaba a mi papá. Viajeros de tren y luego a caballo. Recuerda mi papá cómo recorrían los senderos del ¨Piltri¨ (como los locales llamaron siempre al cerro, que pasa a ser una especie de gurú a quien se le consulta todo, adonde se van a buscar respuestas) subidos sobre algún caballo que estaba con su montura listo en cuanto ellos llegaban a la hostería. Así recorrían también caminos largos hasta el Lago Puelo e iban a la playita, donde mi papá jugaba a tirarse desde un tronco empotrado en el fondo del lago mientras mi abuelo leía un libro acostado en la playa de piedras levantando cada tanto la mirada para saludar a su hijo Danielcito. 

Año 2015 me toca a mí hacer este recorrido al pasado, como un viaje en el tiempo. Es extraño llegar a la hostería y ser reconocida por su dueña Ana como la nieta de Candel Lopez. La escucho mientras prepara una merienda en la cocina de azulejos azules, idéntica a la cocina de las fotos con mi papá de diez años. Me cuenta cómo mi abuelo tenía un rincón para tomar el sol y cómo mi papá se acercaba a esa misma cocina gritándole al hijo de los dueños para ir a jugar. Así salían corriendo al parque enorme, verde, muy arbolado. Ana se hizo cargo del negocio de sus padres, está sola, sin niños correteando. Ya no prepara cenas, sólo el desayuno. Se la ve cansada. 

Me quedo dos días en la hostería, leo en el parque al sol y desayuno en las mismas mesas donde desayunaba mi abuelo. Duermo, observo las aves que revolotean, juego un rato con los perros. Camino por el parque y me impresiona saber que es el único lugar compartido con mi abuelo. El único espacio en el mundo que me permite imaginarlo, al menos por un instante. 

El Piltri sigue observándome mientras me alejo de la Hostería con destino a la playita en el Lago Puelo, quiero seguir imaginando que puedo ver al abuelo dándole su mirada de aprobación a mi papá que sigue jugando a los piratas desde el tronco empotrado en el fondo.

DESPUÉS DE ALGUNAS CORRECCIONES DE LA PROFESORA, REPUBLICO EL TEXTO CON ALGUNOS CAMBIOS....

Uno esconde, tapa, pone recuerdos propios y ajenos debajo de la alfombra así no arruinan el paisaje. Sin saberlo nací envuelta en una historia con dolor que se fue acumulando de generación en generación. Idas y regresos entre Argentina y España. Huidas, despedidas, reencuentros, llanto. Mi abuelo Candel escapó de la España franquista y terminó su vida en Comodoro Rivadavia. Papá nació, creció, tuvo su familia. Sus hijos, mi hermano y yo, no pudimos conocer al abuelo que falleció joven. Yo aún acá, mi hermano volvió a España. Porque en este caso no es irse, es volver.

En esta historia siempre hubo un lugar que daba el único marco de alegría a la constante sensación de ojos tristes. La Hostería Steiner, a 2 km del centro de El Bolsón, se transformó en el único oasis dentro de un desierto incierto de personajes con hombros caídos y voces de llanto. Frente a la hostería el imponente Cerro Piltriquitrón, altísimo, como observando estas visitas de viajeros a lo largo de los tiempos.

En los años 50 mi abuelo pasaba al menos dos meses de verano en la hostería y usualmente lo llevaba a su hijo. Viajeros de tren y luego a caballo. Sobre las monturas recorrían los senderos del ¨Piltri¨, buscando respuestas, como si el cerro fuera un gurú. Así se acercaban hasta el Lago Puelo e iban a la playita, donde mi papá jugaba a tirarse desde un tronco empotrado en el fondo del lago mientras mi abuelo leía un libro recostado sobre las piedras levantando cada tanto la mirada para saludar a su hijo Danielcito.

A principios del 2015 me encontré tal vez sin saberlo haciendo un recorrido al pasado, como un viaje en el tiempo. Fue extraño llegar a la hostería y ser reconocida por su dueña Ana como la nieta de Candel Lopez. La escuchaba mientras preparaba una merienda en la cocina de azulejos azules, idéntica a la cocina de las fotos con mi papá de diez años.  Me contó cómo mi abuelo tenía un rincón para tomar el sol y cómo mi papá se acercaba a esa misma cocina gritándole al hijo de los dueños para ir a jugar. Así salían corriendo al parque enorme, verde, muy arbolado. Ana se hizo cargo del negocio de sus padres, quedó sola, sin niños correteando. Ya no preparaba cenas, sólo el desayuno. Se la veía cansada.   

Me quedé dos días en la hostería, leí en el parque al sol y desayuné en las mismas mesas donde desayunaba mi abuelo. Dormí, observé las aves que revoloteaban, jugué un rato con los perros. Caminando por el parque me impresioné al saber que ese era el único lugar compartido con mi abuelo. El único espacio en el mundo que me permitía imaginarlo, al menos por un instante.


Me alejé de la Hostería con destino a la playita en el Lago Puelo. Sentí de golpe cierto alivio al comprender que mi abuelo Candel fue no sólo un exiliado, un hombre político, sino también un hombre de piel y hueso, una persona real. Su imagen se alejó de la leyenda urbana para transformarse sólo en mi abuelo. Pude visualizarlo con su mirada de aprobación a mi papá que seguía jugando a los piratas desde el tronco empotrado en el fondo.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Tarea 1, CURSO CRÓNICAS DE VIAJE con CAROLINA RAYMUNDEZ

Para el que quiera chusmear la página acá encuentra información sobre el curso que se puede hacer a distancia: http://www.periodismoportatil.com/tallerreymundez/

TAREA 1, tengo que presentarme en 2000 caracteres...difícil...

Siempre me puso bastante nerviosa la pregunta: ¨¿A qué te dedicas?¨, apuntando al qué somos, a lo más profundo de nuestro ser. Inmediatamente y para zafar digo  ¨Soy Profesora Universitaria de Inglés¨. Y para completar la respuesta y parecer una persona más interesante agrego: ¨ En este momento también estoy terminando la Escuela de Cine, pude en los últimos años participar en varias producciones de cine, tv y teatro. También me siento cómoda escribiendo guiones cortos.¨ Ahora bien, cuando entro en confianza con las personas me confieso. La docencia me encanta pero dar clases me da de comer, los trabajos de producción me sacan de la rutina. Pero mi esencia es el viaje, el movimiento, ya sea en China como a 20 km de mi ciudad. Me encantaría animarme a contestar lo siguiente: ¨ A viajar, si, claro, yo soy viajera¨. Viajo desde los 21 años. En un comienzo fueron viajes a dedo, lo que me abrió el mundo. Podía de esa manera llegar a cualquier lado aun casi sin dinero. Estuve así tres meses en Europa recorriendo 12 países. Una experiencia que fue bisagra en mi vida. Llegué así a Ushuaia, en el auto de una pareja  que me había levantado en Tolhuin, ya a pocos kilómetros de la ciudad más austral del mundo. Recuerdo patente la sensación de emoción que me inundó cuando vi el mar azul oscuro al final del continente. Lloraba como una nena. Lo mismo sucedió cuando a lo lejos, desde el Pont des Artes, vi la Torre Eiffel imponente tras una niebla que me hacía dudar si lo que estaba mirando era realidad o fantasía. Esos sueños que tuve desde chica, leyendo algún libro de aventura o mirando las películas de Indiana Jones. Yo quería conocer el mundo. Siguieron más viajes a Europa, Marruecos, India, China y el Sudeste Asiático, Brasil, Bolivia y un viaje largo recorriendo toda nuestra variada Latinoamérica…y por supuesto infinidad de viajes en Argentina que me sigue sorprendiendo. Disfruto del encuentro espontáneo con algún alma errante en medio de un caótico y ruidoso mercado de ciudad, como también disfruto del silencio que me ofrece algún paisaje. El último fue un viaje en auto recorriendo en detalle las rutas 40 y 3. Silencio es lo que encontré. En las playitas donde hacía paradas a comer o solo a juntar piedritas de los más variados colores. Silencio en la bajada al Arco de Piedra. Silencio e inmensidad en el Cañon del Río Oro, con el agua corriendo a 100 metros bajo mis narices. Silencio armando la carpa al lado del lago. Silencio frente al fogón con un vino tinto de compañía. Silencio en los atardeceres perfectos donde el sol pegaba contra las montañas y las teñía de cálido. Silencio mientras leía un libro. Silencio. Te fui a buscar y te encontré. La vida pasa rápido, pero cuando hay camino recorrido parece mucho, muchísimo más larga. Calculo que esta es la razón por la que viajo y por la que decidí comenzar hace tres años con mi blog para volcar las reflexiones e imágenes que voy recopilando a lo largo del camino. Comencé a escribir notas de viaje para la revista Nosotros del Diario El Litoral de Santa Fe y para el Diario Página 12 de Rosario. Quiero mejorar mi estilo, quiero profesionalizar mi escritura. Por este motivo estoy haciendo este curso, al cual llegué después de leer el libro ¨El mejor trabajo del mundo¨. 

martes, 7 de julio de 2015

Fotos de la Patagonia....

Lago Posadas, el camino es difícil pero al encontrarse con esto uno se olvida de todo...

Bosque en Parque Nacional Los Arrayanes,la luz del sol creo la magia y por poco no vemos duendes saliendo de las piedras....

Cerca de El Chalten....

Estancia Patagonica en Lago Posadas, frente a la estancia hay un muellecito para sentarse a tomar mates y disfrutar de la quietud del Lago...

Parque Nacional Perito Moreno...una familia de guanacos nos sacó unas cuentas sonrisas.

Parque Nacional Perito Moreno, la luz del sol nuevamente haciendo maravillas....

Parque Nacional Perito Moreno,el viento era insoportable pero esta vista, estos colores,apaciguaban las ganas de volver a la carpa...

La ven? La ves? Donde esta? Ahi, Ahi!!,juego eterno recorriendo el Parque Nacional Perito Moreno. Es al atardecer cuando las liebres salen de sus madrigueras y comienzan a divertirse...

Arte sutil, arte precioso, la naturaleza nos enseña....

Publicación en Nosotros de El Litoral el 4 de Julio de 2015

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/07/04/nosotros/NOS-06.html?origen=newsletter

Ruta 40, camino de vientos y silencio
Ruta 40, camino de vientos y silencio
Objetivo de este viaje: aislarse, desconectarse, desenchufarse, encontrarse, respetar los tiempos de la mente y el cuerpo, desaparecer un poquito. La Patagonia es el lugar adecuado para lograrlo, donde todo es tiempo y espacio eterno.
TEXTOs Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.

Salimos una mañana de febrero desde casa con tranquilidad. Teníamos un poco más de un mes por delante de incertidumbres y aventuras por la tierra de lo lejano y lo desconocido. Auto listo y de pronto notamos que cada vez llevamos más cosas. ¡Tan diferente iba a ser este viaje a aquel que hice en 2002 de mochilera! Que no falte nada para recorrer la preciada Ruta 40.
La primera noche, luego de 1.200 km y 16 horas de auto, la pasamos en el hotel de ruta de Casa de Piedra. La noche fue perfecta. Descansados y bien desayunados, salimos hacia Bariloche para hacer noche en Colonia Suiza. Ya con los pies y las ruedas en la Patagonia se comenzó a sentir poco a poco otro aire, tierra rala, aroma a frutos rojos y a ripio. El camino fue inmejorable, con algún que otro camión que nos hacía bajar la velocidad a 40. El paisaje ya prometía, con El Chocón a la izquierda y Piedra del Águila cerca. Finalmente llegamos a Bariloche. Paramos en la estación de gas con mejor vista del mundo: el azul del Nahuel Huapi en su inmensidad mezclado con algunos picos nevados de fondo, entre ellos el Cerro Catedral.
Esa noche armamos campamento en el camping de la playa de Colonia Suiza. Lamentablemente, la música de nuestros vecinos nos acompañó hasta las 5 de la mañana y no nos dejó dormir. Hay gente que no sabe escuchar cuando la Patagonia le habla.
La segunda parada fue en El Bolsón, luego de parar en los lagos Gutiérrez y Guillermo a tomar mates y de una cerveza Berlina en un parador de El Foyel. Tengo una conexión especial con El Bolsón ya que era el lugar elegido por mi abuelo para llevar a mi papá a pasar las vacaciones de verano. Allí estaban dos meses parando en una hostería que aún los recuerda. A mi abuelo nunca llegué a conocerlo; por eso fue raro ser reconocida como la nieta de Candel López.
Seguimos viaje rumbo a Lago Puelo. Fuimos a la playita donde mi papá solía ir todos los veranos. Desde el tronco que aún se ve dentro del lago, él y sus amigos se tiraban y jugaban a ser marineros o piratas. Lo imagino a mi abuelo mirando a Danielito desde la orilla. Dejamos recuerdos imaginados de lado y seguimos. El camino nos hizo pasar por Cholila y, finalmente, el Parque Nacional Los Alerces. El camping que elegimos nos sorprendió con un espacio al lado del lago y rodeado de arrayanes. Un fogoncito y las estrellas para terminar otro día de camino por esta Patagonia inmensa.
Al siguiente día almorzamos en Trevelin, pueblo hermano mellizo de Gaiman por sus antepasados galeses. Uno en cada extremo de la Patagonia. Aquellos pobladores nuevos que se animaron a más, se movilizaron hacia la zona de la cordillera y fundaron Trevelin, que uno nunca sabe dónde acentuar para pronunciar. Desde allí salimos despacio hacia el sur con destino a Río Mayo.
EN CAMINO
Ya tenemos a la Ruta 40 como guía. Nos da mucha curiosidad ver qué sigue, cómo se va a dejar dominar esta ruta mítica que no quiere ser menos que la misma Cordillera de los Andes y que por eso decidió acompañarla de sur a norte. Es raro cómo el km. 0 está -en realidad- en Cabo Vírgenes, sobre el Océano Atlántico, como si un imán la hubiera desviado hacia la cordillera y ya nunca más se hubiesen podido despegar.
Sentimos que aquí empezaba el camino desconocido, aquel con el cual expedicionarios y aventureros soñaron y Francisco P. Moreno como mayor representante y figura destacada a lo largo de toda la ruta 40. Hay un pueblo, un Parque Nacional y un glaciar con su nombre.
Pasamos por Tecka. Paramos en la estación YPF donde había una larga cola para cargar nafta. A partir de aquí comienzan a escasear las posibilidades de llenar el tanque. Parte de la organización del viaje consta en tener bien en claro dónde están las estaciones de servicio y si la carga que hacemos va a ser suficiente para el trayecto siguiente. En varios recorridos tuvimos que llevar nafta en un bidón extra.
Kilómetro a kilómetro vamos entrando en La Patagonia. Ya estamos en Santa Cruz. Nos recibieron guanacos y choiques en la ruta. Al aproximarnos al Lago Buenos Aires, ya en Los Antiguos, sentimos que estábamos al lado del mar. Era tanto el viento que parecían olas de surf que se acercaban a la orilla del lago. Nos asustamos un poco con la idea de acampar,así que conseguimos una cabaña económica.
PAISAJES Y RECUERDOS
Las vistas de la montaña nevada mezclada con meseta, lago y río aturden por su belleza. Si algo envidio de estos lugares es la tranquilidad con la que vive la gente. Puertas abiertas, no hay rejas, las bicicletas en la calle y sin candado. El otro lado de la moneda es el clima que agota. Viento constante, eterno compañero de este paisaje erosionado. Es maravilloso lo que la mano del pionero ha conseguido. Con árboles y un buen aprovechamiento del agua para riego lograron chacras donde se cosechan kilos y kilos de cerezas para exportación y grandes espacios verdes. Vida dura. Gente sonriente. Combinación rara para lo que estamos acostumbrados. De todo se aprende.
Listos para salir. Auto cargado, tanque lleno, mapa a mano para recorrer los 120 km. que separan Los Antiguos de Lago Posadas por el camino interno, conocido como el Camino del Monte Zeballos. Fue entrar a una dimensión paralela, vimos 4 camionetas en dos días, los costados del camino no dejaban de mostrar rarezas, una al lado de la otra, como si uno pasara por varios lugares diferentes del mundo, todos concentrados en unos pocos kilómetros.
Pasamos una noche a mitad de camino. Armamos carpa, fogón y cocinamos. La noche no nos trató muy bien hasta las 2 de la mañana, hora en que finalmente calmaron los vientos y la naturaleza nos dejó descansar. La mañana fue mágica. Nos levantamos con un sol calentito sobre la carpa, el sonido del río corriendo, las aves cantando y las montañas gigantes rodeándonos. Disfrutamos de una caminata, armamos todo y salimos hacia Lago Posadas (o Hipólito Yrigoyen, como aún aparece en los mapas). Es un pequeño pueblo a 80 km. de ripio por la Ruta 40. Desde aquí se sale a recorrer los Lagos Posadas y Pueyrredón. Llegamos agotados al pueblo y con tierra en todos lados. Un buen baño y una buena cena en una posada nos relajaron.
Pasamos dos días al lado del Lago Pueyrredón, en un camping. Silencio. Silencio es lo que finalmente encontramos. En las playitas donde hicimos paradas a comer o sólo a juntar piedritas de los más variados colores. Silencio en la bajada al Arco de Piedra, formación rocosa en medio del Lago Posadas. Silencio e inmensidad en el Cañón del Río Oro, donde uno se recuesta sobre una piedra y mira hacia abajo para encontrar el río corriendo a 100 metros bajo nuestras narices. Es indescriptible la sensación. Ni siquiera sacamos fotos. No tenía sentido ya que sólo iba a estropear el real recuerdo del lugar. Silencio armando nuestra carpa al lado del lago. Silencio frente al fogón con un vino tinto de compañía. Silencio en los atardeceres perfectos donde el sol pegaba contra las montañas y las teñía de cálido. Silencio mientras leía un libro y tomaba un mate. Silencio: te fuimos a buscar y te encontramos.
DE CUEVAS Y LEONAS
Salimos de Lago Posadas hacia la Cueva de las Manos. Dormimos en una estancia desde donde sale un camino de ripio de 20 km. y un trekking de 45 minutos para llegar a la central de guías de las cuevas. Es un paseo más que interesante.
Partimos a la mañana siguiente hacia el Parque Nacional Perito Moreno, uno de los que recibe menos cantidad de visitas al año, a 70 km. desviándose desde la Ruta 40 por camino de ripio. En invierno suele pasar que los guardaparques se quedan aislados por la nieve que hay en el camino. El paisaje nos siguió regalando momentos íntimos con guanacos, liebres y choiques corriendo al costado de la ruta y escapando de nosotros. Fueron dos días de camping libre en el parque.
Viento, viento, viento y más viento constante. Las caminatas se disfrutaron más cuando estábamos entre dos montañas, protegidos. No vimos ni huemules ni pumas. Pero la chance de ver a cualquiera de los dos eran reales y por eso nos manteníamos siempre alertas con la cámara preparada. Dejamos atrás el parque.
EL ÚLTIMO TRAMO
La próxima parada fue en Gobernador Gregores. Llegamos muy cansados y sucios de los dos días de casi no dormir y de no bañarnos. Conseguimos alquilar una cabaña donde pudimos descansar, recuperar fuerzas para el último tirón de esta parte del viaje que concluiría en El Chaltén.
Viajamos desde Gregores hasta el Parador La Leona, que queda a 120 km. de El Chaltén. Supuestamente le pusieron este nombre a fines del siglo XIX recordando cuando Francisco P. Moreno fue atacado por un puma en la zona. Fue paso de los laneros que debían llevar su producción en carretas hasta el puerto sobre el Atlántico. Fue estancia de Butch Cassidy y su patota antes de tener que escapar hacia Chile por el robo al banco de Río Gallegos. Fue el paso y hogar de grandes alpinistas que se animaron al Cerro Torre, al lado del Fitz Roy, considerado una de las cimas más difíciles del mundo.
A la noche llegó un nuevo acampante: Francois. Francés. Ciclista. Muy bien equipado. Armó su carpa de kilo y medio y sacó todo lo necesario para cocinar fideos con atún. Se sumó a la charla y nos aceptó una cerveza. Nos contó de un viaje a Botsawa, África, donde escuchó desde su carpa cómo varios leones atacaban a una hiena a solo metros del lugar. También nos contó de un viaje en velero con su esposa e hijas. Se quedaron dormidos y chocaron. Perdieron todo. Tuvieron que pasar unos días en una isla desierta hasta que encontraron a unos pobladores. A los pocos días volvieron a casa. Nos contó también del viaje a Patagonia. Lleva 2.400 km. de pedaleo, día tras día, la mayoría solo. Nos contó finalmente que había optado por este viaje luego de la muerte de su esposa. Ella tenía 67 años. Él tiene 70. Me había olvidado de mencionar este detalle. La vida pasa rápido, pero cuando hay camino recorrido parece mucho, muchísimo más larga.
* * *
Final del viaje. Se ve el Fitz Roy nevado desde la ruta. Llegamos a El Chaltén. En estas tierras, Argentina usa guardapolvos blancos y tiene como juguete de cabecera el soldadito de plástico verde. En estas tierras, Argentina no tiene rejas ni puertas de seguridad. En estas tierras, Argentina parece otra.
HISTORIAS
• A la gente le gusta contar historias, las propias y las de otros. Estoy sentada sola en la plaza del pueblo, un hombre se me acerca de a poquito. Quería contarme cómo había cambiado su vida. Se jubiló y se vino de Adrogué a este pueblo. Se construyó la casa, “y que ahora me vengan a visitar los nietos”.
Una profesora de inglés decidió cambiar rotundamente su vida. Se vino con 45 años y sus hijos a cubrir el puesto de teacher que tenía la escuela secundaria. De cobrar 4.000 pesos pasó a un básico de 10.000, sin contar antigüedad ni zona desfavorable, y pasó de tener 300 a 25 alumnos.
Ruta 40, camino de vientos y silencio
Los guanacos, fieles compañeros de ruta por Santa Cruz.
6_LAGO Y ARBOLES WEB.JPG
Una de las tantas postales que la Patagonia regala al viajero.
EL CACIQUE INACAYAL
En Tecka está el mausoleo del cacique Inacayal y toda su familia. Él y su gente tuvieron una vida de guerreros apoyando al Estado argentino, hasta que fueron menospreciados y echados de sus tierras. Los mandaron a Buenos Aires como ganado a cumplir roles de servidumbre.
Francisco P. Moreno les regaló al menos un poco de decencia llevándolos a trabajar al Museo de La Plata. El cacique falleció lejos de su tierra. Sus restos fueron trasladados después de muchos años y enterrados finalmente en Tecka.
+datos
CONTACTO
Regina Candel Martínez: e-mail: regicandel@hotmail.com; en Internet: www.uniendo-caminos.blogspot.com.ar.


lunes, 29 de junio de 2015

Publicación Pagina 12 Rosario 29 de Junio 2015

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-49901-2015-06-29.html

Salio Publicado el texto sobre Rio de Janeiro!!

Rio de Janeiro es....

Río de Janeiro es... Por Regina Candel

Risas y voces que quieren elevarse a lo alto del morro.
Gigantografías andantes.
Small, médium pero principalmente large.
Arboles y plantas que desbordan del cemento.
Mujeres pulposas con escotes pronunciados que llaman al pecado
y calzas que marcan sus curvas y se calcan con las ondulaciones juguetones de los morros.
Todo suena alto.
Los pájaros desde el Fuerte de Copacabana gritan cuando pasan cerca.
Las personas en el bar de Largo do Machado elevan sus palabras para poder escucharse.
Las bocinas, los motores de las motos, los autos, los buses, los taxis....
No cesan nunca y se escabullen en la multitud
como si fueran pequeñas hormigas tratando de llegar a algún lado.
La miseria, presente, muy presente
y también pulposa, exagerada, mostrando los rincones más patéticos.
Locos, hambrientos, sucios, drogados, descalzos, abandonados, perdidos
Hombres, mujeres, niños, abuelos, madres, niños.
Linyeras que son más que linyeras, sin la mínima noción de propiedad,
Ni casa, ni ropa, ni familia, ni comida, ni baño, ni esquina, ni esperanza de futuro.... nada.
Río de Janeiro es dos mundos en paralelo,
Risas y llanto, amor y odio.
Provoca extremos
Locura
Que atrapa
Caos
Que te hace bailar
Miseria
Que te hace ignorar.

Contratapa!


martes, 23 de junio de 2015

Rio de Janeiro es...





Rio de Janeiro es….

Risas y voces que quieren elevarse a lo alto del morro.
Gigantografías andantes.
Small, médium pero principalmente large.
Árboles y plantas que desbordan del cemento.
Mujeres pulposas con escotes pronunciados que llaman al pecado
y calzas que marcan sus curvas y se calcan con las ondulaciones juguetones de los morros.

Todo suena alto.
Los pájaros desde el Fuerte de Copacabana gritan cuando pasan cerca.
Las personas en el bar de Largo do Machado elevan sus palabras para poder escucharse.
Las bocinas, los motores de las motos, los autos, los buses, los taxis….
No cesan nunca y se escabullen en la multitud
como si fueran pequeñas hormigas tratando de llegar a algún lado.

La miseria, presente, muy presente
y también pulposa, exagerada, mostrando los rincones más patéticos.
Locos, hambrientos, sucios, drogados, descalzos, abandonados, perdidos
Hombres, mujeres, niños, abuelos, madres, niños.
Linyeras que son más que linyeras, sin la mínima noción de propiedad,
Ni casa, ni ropa, ni familia, ni comida, ni baño, ni esquina, ni esperanza de futuro…. nada.

Río de Janeiro es dos mundos en paralelo,
Risas y llanto, amor y odio.
Provoca extremos
Locura
Que atrapa
Caos
Que te hace bailar
Miseria
Que te hace ignorar.



sábado, 16 de mayo de 2015

Ultimas fotos dela Muestra ¨Miradas de la India¨....

Mujer en el fuerte de Jaisalmer, me hizo acordar a Chefchauen, en Marruecos.




Cartel Cine
(Bombay)
Entre divertido y apasionado, naive y dramático. Es difícil definir el cine de la India. Gran industria. El gigante Bollywood que juega con la imaginación del público. Una pantalla que representa sólo a las castas más altas, donde las pieles son blancas, donde no hay olores desagradables. Donde los personajes son ricos, donde el sexo no es tabu, donde una mujer puede tener novio e ir al cine abrazada de su brazo. Donde una mujer puede volver después de las 6 de la tarde a la casa sin que sea considerada pecadora. Un mundo de fantasía. El cine es el cine, acá y en la China.














Mujer cocinando
(Kajuraho)
Desde el balconcito de la habitación la descubro. Ella nunca sabe que hay alguien observándola. Está en la terraza/cocina de su casa. Por un espacio largo de tiempo ella no hace más que amasar, moldear y hornear pan. Hace su labor con esmero.  Lo disfruta. Sabe que con esos panes redondos va a alimentar a su familia y los que sobran seguro que los vende para comprar más harina o arroz. Su vida es tan sencilla y se la ve tan feliz. Disfruto mi desayuno con ganas.




Mujer con nene
(Jaisalmer)
Salgo del hostel por primera vez para descubrir Jaisalmer. En la primera esquina veo a este bebé mirándome con sus ojos oscuros, penetrantes, inocentes.  Tiene pintura de ojos en la parte inferior. Necesidad de los adultos de creer que el khol los va a proteger de un mundo mágico de demonios y maldades.





Mujer vendiendo
(Jaisalmer)
No sé si ella me mira a mí o a la cámara. O bien me está obsequiando su rostro, su gesto, sus movimientos o bien me está queriendo vender una pulsera de plata sólo con un guiño. Good quality madam. Good Price madam. No quiero comprar, pero su éxito reside en la insistencia. Me acerco, miro sus productos y le muestro la foto que le acabo de sacar. Puedo ver de cerca cómo esos ojos grises se agrandan sorprendida, calculo, de su propia belleza.



Mujeres trabajando
(Parque Nacional Bandhargar)
Sus cuerpos delgados engañan. Son mujeres fuertes, firmes. Sus manos están percudidas de tanto trabajo en la cocina, en la tierra, en la construcción de sus casas, en la crianza de sus hijos. Son modelos en la pasarela del esfuerzo.

martes, 5 de mayo de 2015

Más fotos dela muestra ¨Miradas de la India¨.Esta vez retratos de hombres.

  
Hombre vendedor
(Jhodpur)
Mientras que algunos le escapan a la cámara, otros insisten con quedar grabados en tus recuerdos de viaje. Se hace llamar John, pero creo que su verdadero nombre es otro. Vende ajos y cebollas en el mercado central de Jhodpur. Me pide una foto, posa sonriente frente a la cámara, aprieto el gatillo. Como un niño ansioso me pide que le muestre la foto en la pantallita de la cámara. Vuelve a sonreir, asiente feliz moviendo la cabeza como diciendo que no  y me mira a los ojos. Good picture, repite una y otra vez. Hoy día pienso que no me acordaría de él si no fuera por esta foto que lo eternizó en mis álbumes de viajes. Él de los 1100 millones de indios va a quedar en mi recuerdo.


Hombres trabajando
(Goa)
El oxido está hasta en sus pieles. Ellos son su trabajo, es lo que los define y los absorbe. Horas sobre esos barcos tratando de darles una muerte digna. Pasa una barcaza de turistas con cámaras colgadas al cuello. Los turistas están absortos en  encontrar al prometido cocodrilo. Estos hombres no son vistos, son sólo parte del paisaje. Mi cámara los descubre. Nos saludamos y me regalan su mirada curiosa. Ellos también son India. 




domingo, 26 de abril de 2015

Mas fotos de la muestra....Pensamientos sobre un tren en la India...



















Nene y Papa e hijo, Mujer con bebe, Mujer en estación 2
Mujer en estación 3, Mujer en estación 4

En algún lugar entre dos destinos
El tren va a una velocidad agradable hasta que para. Por algún motivo siempre para. Me acerco a la puerta de nuestro vagón. Afuera me encuentro con varias imágenes, todas con una carga de tristeza, dolor, mugre, pobreza, nadie sonríe. La India que no es tan increíble, la que no nos venden las revistas de viajes.

Un padre y su hijo tirados sobre unas piedras. El nene está inquieto. Tal vez tenga hambre. Se lo ve flaco, sus ropas están viejas y muy sucias, está descalzo. El padre permanece sentado, como esperando vaya a saber qué al costado de las vías del tren. Me provoca una tristeza tan grande. ¿Qué esperan? ¿No es acaso la metáfora perfecta de un pueblo a la deriva?

Una madre y su bebé de poquitos meses. Tirados también sobre las piedras. Esa mujer parece no tener más nada que lo que veo yo en ese momento. Está agotada. El bebé no eligió nacer. Ella lo arropa, lo mima,  lo acaricia, lo alimenta mientras puede darle de mamar. Le da todo lo que tiene: su amor de madre. Y ahí me pregunto: ¿es suficiente el amor? ¿Qué va a pasar cuando amamantar no sea una opción? Es tal la ternura con que esa madre mira a su hijo a los ojos que dudo de mi respuesta.


Tres mujeres hablan con caras de preocupación. Calculo que su conversación debe ser muy parecida a la que tres mujeres pueden tener en un supermercado de la esquina de mi casa. Tal vez hablan de algún amor perdido, de un hijo problemático, de la cacerola que va a tener que reemplazar, de un libro que leyó o de alguna noticia en los diarios. 

domingo, 19 de abril de 2015

Artículo sobre El Chaltén en El Litoral del 18/04/2015

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/04/18/nosotros/NOS-18.html?origen=newsletter

Chaltén, la capital del trekking
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Rodeado de montañas, El Chaltén es un pueblo tranquilo, prolijo y con mucho respeto por los espacios públicos.
En un viaje de 35 días por Patagonia, viene bien hacer una parada un poco más larga a mitad de camino. La tierra, el ripio, el viento y las rutas que parecen eternas llegan a cansar hasta al viajero más aventurero. Para esa pausa, la autora eligió El Chaltén.
TEXTO. REGINA CANDEL MARTÍNEZ. FOTOS. REGINA C. MARTÍNEZ Y ARCHIVO.
Fueron días intensos desde que salimos de Gobernador Gregores. Después de dejar el Parador La Leona atrás encaramos para El Chaltén, al encuentro con Caro y su familia y a la espera de Felipe, un amigo que llegaba ese día desde Rio de Janeiro.
Caro es una de esas mujeres que se animó a un cambio radical en su vida, esas personas a las cuales admiro por su valentía y espíritu de movimiento. De vivir en Capital Federal se fue una temporada a conocer y trabajar en El Chaltén, y la encantó de tal manera que nunca más se pudo ir. Conoció a Jorge con quien hoy tiene tres hijos hermosos: Juana, Pedro y la pequeña Olivia, que me conquistó con su sonrisa simpática.
En El Chaltén son todos inmigrantes de otras partes del país o de otros países latinoamericanos. Porteños, misioneros, jujeños, colombianos, paraguayos y etceteras han conformado lo que hoy es la capital del trekking. Todos van en busca de una vida más tranquila y en contacto con la naturaleza (ya que el pueblo está dentro del Parque Nacional Los Glaciares ) o de un mejor pasar económico, ya que los sueldos en general son bastante más altos de lo que estamos acostumbrados en el centro y el norte del país. O simplemente van en busca de un cambio y la montaña los atrapa.
Es un pueblo que nació hace poco y está en pleno crecimiento. Hoy son 800 habitantes, 550 personas más de cuando lo visité en el año 2003, muchas más casas y muchas en construcción. Muchos más comercios y hoteles preparados para recibir centenares de viajeros con perfil de mochila.
Todos los viajeros parecen figuritas repetidas, vestidos con Montagne o North Face, mochila al hombro, palitos de trekking, calzado adecuado. Recorren varios kilómetros por día de los senderos que ofrecen en la oficina de Guardaparques. Otros van con expectativas mucho más altas. Montañistas amateurs o profesionales que pagan miles de pesos/dólares a un guía para tener la experiencia de sus vidas enfrentando cerros, glaciares, viento, nieve y sus propios medios. Nos cuentan que una expedición de entre 6 y 20 días, dependiendo del clima, puede costar 5000 dólares. La mayoría sale bien y todos vuelven a casa contentos. Otras veces hay que llorar a los que desaparecen. A veces me sorprende hasta dónde el ser humano se exige más allá de los límites normales. No entiendo la pasión de los montañistas que son capaces de entregar sus vidas por enfrentar el cerro Torre, uno de los más difíciles del mundo, para tocar la cima, no tanto por su altura sino por la pared recta a la cual el hombre debe colgarse para lograr su objetivo. Un paso en falso y listo, ya no pueden contar más historias. Las pasiones superan definitivamente cualquier razonamiento.
Caro y Jorge nos prestaron una casilla al fondo de su casa. Nos instalamos y dormimos muy bien después de un día de encuentros. A la mañana siguiente fue hermoso levantarse y descubrir las montañas nevadas atrás de la casilla. Armamos una mesa y sillitas, y desayunamos afuera para planificar los días que teníamos por delante.
EL CLIMA TIENE LA ÚLTIMA PALABRA
El clima es tema común en las preocupaciones de la gente en El Chaltén. Todo depende de si va a llover o no, si el viento va a dejar caminar o es mejor quedarse adentro ya que, si sopla demasiado fuerte puede hasta ser peligroso. Es muy cambiante. No es un clima que quisiera tener, pero uno se acostumbra a todo. Nos cuentan que algunos chaqueños vuelven a su casa en el norte y se quieren volver rápidamente a los cambios climáticos patagónicos. Prefieren eso al calor y los mosquitos. Yo me quedo con lo último. No me imagino levantarme a las 6 de la mañana en pleno invierno con horas de noche por delante y tener que salir de mi casa a la nieve para ir a trabajar. Caro, por el contrario, dice disfrutar de salir temprano y ser la primera que deja marcas de las ruedas en la nieve. Cada ser humano va buscando y encontrando su camino; ninguno es definitivo, lo importante es cada tanto mirar donde uno está parado y preguntarse si en ese preciso momento está feliz o si cambiaría algo. ¿Cuál es nuestro lugar en el mundo? Búsqueda eterna.
La última noche hicimos un asado patagónico con cordero y nos despedimos a puro baile y risas con los hijos de Caro. Fueron días de mucha compañía, de brindis y niños jugando alrededor, de caminatas largas con buena charla y de vistas panorámicas como nunca vi en mi vida.
No viviría en El Chaltén, principalmente por el clima cambiante y la presencia del viento casi constante. Todo es lejos. Al punto que es un pueblo donde nadie nace y nadie muere. A los hijos hay ir a tenerlos a Rio Gallegos, a casi 500 km del pueblo. Y los muertos son enterrados en Calafate, a 240 km. El acceso a internet es casi nulo: solo en una hostería tienen una conexión fluida por pagar servicio satelital. No hay horizonte: el pueblo está rodeado de montañas. Pero no se puede negar que tiene su encanto, ese que se logra por vivir dentro de un Parque Nacional. Hay prolijidad, limpieza y respeto por los lugares públicos, hay conciencia ecológica y una tranquilidad difícil de encontrar en otras partes del país.
Nos despedimos con alegría de la familia de Caro y de la casilla-refugio frente a montañas que pasaron a ser nuestras al menos por un rato.
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El cerro Torre, uno de los más difíciles del mundo por la pared recta que hay que sortear antes de llegar a la cima.
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Vista del lago del Desierto, ubicado a 30 km. de el Chaltén, en inmediaciones de la frontera con Chile.