miércoles, 25 de mayo de 2016

Te llamaba para contarte...

Mi mamá me avisó hace unos días de un concurso de relatos cortos, donde la obligación es que aparezca la palabra amanecer. Pueden ver las bases en esta página a quien le interese: http://www.zendalibros.com/amanecer/


 Te llamaba para contarte….




Hoy no estoy de humor. Me levanté con pocas horas de sueño y encime tuve algunas pesadillas. Dejaba la puerta abierta, estaba con alguien adentro de mi casa, creo que mi mamá. Sí, sin duda era mi mamá. Entraba un hombre joven a la casa que nunca había visto. Tenía cara de medio loquito. Sí, me daba escalofríos. Sabía cuáles eran sus intenciones, pero no había forcejeo, todo se daba naturalmente. De alguna manera yo le seguía el juego para no generar conflicto. Pero sí gritaba alto, muy alto ¨Mamá, llamá a la policía¨. Tan alto grito en el sueño que lo grito realmente y mi propia voz me despierta. Tan alto grité que no me pude volver a dormir. Mi mente comenzó a jugar con las mismas ideas de siempre, los mismos personajes, que nunca se sabe si son reales o inventados; claro, como si lo real existiera. Todo al fin y al cabo es una creación nuestra. Hasta nosotros somos nuestra propia creación, algo así como Frankentein creó su monstruo, nosotros nos transformamos en ese ser espantoso que piensa constantemente, perdiendo tiempo y energía en sin sentidos. Sueño mucho últimamente, justamente lo último no es la mente en estos días. Está demasiado presente, más de lo que quiero y definitivamente más de lo que la necesito. Estoy con ganas de desaparecer. Me vuelve esta sensación cada tanto. Quiero acobacharme en la cama y no salir por días, quedarme eternamente en un costado del futón tapada con un libro en una mano y un té en la otra, meterme en un cine donde pasen una película que dure mil horas, salir por la ruta con el auto sin destino y sin que nadie sepa dónde estoy. Claro que nunca termino haciendo nada de esto, no es más que una fantasía , una necesidad de estar más conmigo que con el mundo. Por qué siempre elijo al mundo aún no sé, creo que eso está cambiando, pero no quiero ser un avestruz y esconder la cabeza bajo la tierra. No sé qué quiero, pero eso seguro que no. Hoy no estoy de humor y no sé por qué. Hoy dije la palabra tristeza cuatro veces y me lo hicieron notar. Claro está que la pileta sucia no es triste, ni la silla destartalada con hojas arriba es triste, tampoco la relación de fulano con mengano es triste. Yo lo estoy viendo así por algún motivo, las palabras son poderosas. Hace diez años atrás usaba de manera compulsiva la palabra horror, luego fue la palabra complicado, hoy es la palabra tristeza.  Llamativamente decimos que algo nos pone felices usando el objeto indirecto de manera correcta tanto para la gramática como para nuestro espíritu. Pero cuando algo nos pone triste porque probablemente nosotros ya estemos tristes de antemano, impersonalizamos la frase y le echamos la culpa al objeto, hecho o evento. Lo ponemos por fuera. Hoy puede ser, sí, me levanté triste.  Y cuando pasa eso cierro los ojos y pienso en el sol, un sol mitad amarillento mitad anaranjado, mezclado con la espuma del océano que conocí en Ko Samui y en otro sol rojo enorme de horizonte en el mar que conocí en Goa. Los recuerdos de estos soles de amanecer y atardecer no son tristes ni alegres, simplemente son dos de mis momentos tesoro. Salgo del hospedaje de Ko Samui cada mañana a las siete. Mi esposo aún duerme, pero lo saludo con un beso y me escapo a mi espacio de soledad en el viaje. No está lejos la playa, así que comienzo a trotar por el caminito que me lleva a la arena. Se abre la imagen entre unos árboles y visualizo el sol comenzando a asomar como tímido. No puedo dejar de mirarlo aunque me enceguece. Corro por la playa algunos días con zapatillas y otros descalza. Esos días la sal del mar queda pegada en los pies. Y me gusta, me gusta mucho. Veo en el recorrido a varias personas que están comenzando el día con los asanas del saludo al sol.  No hay nadie más a la vista. Sólo las olas que no paran de ir y venir, moldeando los tiempos de mi respiración. Vuelvo al hospedaje con alegría, desayunamos y miramos mapas. En Goa, salgo a correr por la playa cuando el día termina. El sol es gigante, más grande incluso que un barco que se escapa hacia el fin del mundo. Voy esquivando hombres alemanes, mujeres rusas, vacas indias. De un lado cantidad de barcitos de playa, del otro el mar de escenario y una gran cortina roja de fondo. Y yo respiro y sonrío. Ese es mi saludo al sol. Hoy, me levanté de mal humor y triste, más que nada triste. No importa por qué. Ya no hay Ko Samui, ¿será eso? Me gustaría tener ese amanecer todos los días, pero es parte de esas creaciones mentales de las que hablaba antes. Esto no puede ser. Al menos no es. Como tampoco puedo despedirme del día eternamente con un atardecer de película hollywoodense. A veces llueve, o hay niebla o simplemente una nube se cruza en el camino. Se termina este día. Me miro al espejo y me cuesta reconocerme. ¿Alguna vez hiciste la prueba? Miro cada detalle de mi rostro y los que más hablan son los ojos. Ellos me dicen que está todo bien, que realmente no pasa nada. Ellos me entienden y me susurran un arrorró. Me voy a dormir esperando no soñar, por primera vez no quiero soñar, ni dormida ni despierta. Sí, claro, nos hablamos. Hasta el próximo amanecer, que todos valen la pena.
Regina Candel Martinez


lunes, 16 de mayo de 2016

Alguna que otra frustación...

Todos tenemos alguna que otra frustración en la vida, algunos con la pareja elegida, otros con su trabajo, algunos tienen frustraciones sexuales, otros sueñan con vivir en otro lugar y por uno u otro motivo se sienten siempre atados a donde nacieron, hay personas que quieren ser mamá o papá y no pueden, y hay otras que terminan teniendo hijos por complacer o por seguir el ritmo impuesto sobre sus vidas. En todos los casos aparecen verbos como querer, soñar, desear. Acciones que hacen referencia al preferir algo diferente de lo que tenemos. Acciones que van a contramano de la aceptación de lo que la vida nos regala.

Hace dos días llamé un taxi a domicilio, no vino. Volví a llamar dos veces más y nunca apareció. Finalmente tomé un taxi al azar en la calle. El chofer era una versión de Brandoni, como aporteñado. Un hombre grande con pocos pelos pero largos y blancos.Voz de bolichero viejo. Me cuenta que los médicos le mataron a su mujer. Si. En el parto. No salió más me dice. Me la mataron. pero ella siempre me señalaba una linda chica del barrio. De linda era,  ella me decía que si se moría yo tenía que juntarme con esa muchacha. Pero mirá si te vas a morir antes que yo. Dejá de decir pavadas. Y qué historia le voy a contar! esta muchacha estaba para monja. Y entre cosa y cosa me terminé casando con ella. Yo me quedé con la nena, aunque mi suegra no quería saber nada. Cómo iba a criarla solo y patatin patatero. Me gané a una vieja que venía a cuidarme a la nena mientras yo trabajaba. Volvía a la tarde y ella (chasquido de los dedos y mueca de ganador) se las piraba. La cuestión es que la señora ésta la empezó a dejar a la nena ir a jugar a lo de la muchacha , claro pobrecita, sino se aburría. Entre una cosa y la otra la muchacha la empezó a cuidar tiempo completo, y bueno, salimos un par de veces, a unos bolichongos, a tomar algo. Y nos pusimos de novio. El papá mucho no me quería. Pero era una buena piba, así que le pedí casamiento después de tres meses. Vamos 28 años. Y bueno, estamos acostumbrados. Nos hicimos una casa en Guadalupe. Ahhhh, no le falta nada. Trescientos cincuenta metros cuadrados de casa. Tenemos todo ahí. Y bueno, sí. Tranquilos. ¿Acá es ? Bien, son ciento sesenta pesos. Suerte eh?

Bajé del auto sorprendida de cómo se puede resumir una vida en 20 minutos de taxi. Claro que esta es la versión oficial, la que le cuenta a sus clientes. Probablemente la haya contado más de mil veces. ¿Cuántas otras versiones habrá?  ¿ Hablará alguna vez de su tristeza al perder a su esposa y tener que hacerse cargo sólo de una nena? ¿Alguna vez incluirá sus frustraciones en el relato? ¿Le gusta lo que hace día a día?  Versiones de la vida en 20 minutos. Un buen título para un libro. Todos tenemos ese libreto preparado y lo sacamos sin cuidado cuando nos preguntan cosas tales como: ¿Y vos qué hacés? ¿Cómo va la vida?. Uno cuenta lo superficial, lo que en realidad no importa. Bien, todo bien. Con muchos cambios como verás. Me separé y claro en la casa ya sola no podía vivir. Era demasiado trabajo para mí. Y sí, me está costando mucho establecerme económicamente y me salió una posibilidad en España. Me voy a trabajar con mi hermano que está allá. Si, si. Al principio viviría con él. ¿Los perros?. Y...tuve suerte. Casi por milagro, quienes me alquilan la casa, lo hacen con dos de los perros y a la tercera perra me la llevo conmigo a España. Sí, ya le compré la jaula. Enorme! Ahora vivo en la casa de una amiga por un tiempito, y otro tiempo en el departamento de mi ex, que sale de viaje por un mes y pico y me lo presta. Sí, un copado la verdad. No tengo palabras de agradecimiento. Sí, claro que me cuesta muchísimo irme, logré construir mucho a nivel social acá y me duele en el pecho separarme de ciertas personas. Sí, tal cual. Viste que yo soy una mina sociable...voy a poder hacer grupo en seguida allá. No, no lo dudo. ¿Hijos? No, no tengo. Y termina el relato con una reflexión de lo mucho más fácil que es hacer estos cambios sin hijos. Un libreto como cualquier otro. Algunos libretos parecen ser más interesantes porque incluyen viajes, nueva gente, aventura, pero en el fondo es todo lo mismo, lo único que cambia es el paisaje. Algunos pescan al aire que esto es la pintura, lo que se ve y te hacen preguntas como: ¿Pero estás feliz con la decisión? ¿No es tal vez una simple forma de escape? La casita de naipes que construis con tu relato se desmorona. 

Si me hubiera animado a hacerle alguna pregunta fuera de libreto al taxista, sus trescientos cincuenta metros cuadrados de casa hubieran cobrado otro significado y tal vez algunas paredes se hubieran derrumbado en su imaginación. De golpe la pileta hubiera estado sucia y con hojas, el quincho un total desorden y la mesa y las sillas de algarrobo se encontrarían adentro de la chimenea para calentar ya que habría un agujero en el techo. Momento de poner las cosas en su lugar, de comenzar a dejar de construir. Cuando el guionista cambia el libreto nos enfrentamos a lo que nos pasa realmente. Es un desafío sentarse a escribir la versión de vida que hacemos pública y verla como tal. Y tratar, tal vez, de ir más lejos, y descubrir alguna que otra frustración que nos hace ruido y no podemos identificar. 

viernes, 22 de abril de 2016

De vuelta al ruedo con Fotos de la muestra ¨Mujeres en el Mundo¨.

Hace ya bastante que no escribo nada en el blog, y ahora que lo pienso, en ningún lado...pasan cosas, cambios, idas y vueltas...y quiero, pero por algún motivo no lo hago. La escritura funciona como reflejo, como espejo. Uno descarga, se ve tal como es en la página...tal vez estos últimos meses anduve con más miedo de verme. Acá estoy finalmente, con renovadas ganas de enfrentarme, de encontrarme, de reflejarme, y por supuesto esto conlleva a la observación de lo que pasa alrededor y de cómo todo eso vuelve a hacer eco en lo que siento, en lo que pienso. 

Prometí hace tiempo un texto sobre Disney...ya vendrá, hoy no es el momento....me voy de vuelta a Miami y Disney en Julio...creo que voy a estar allí más despierta y un poco más ordenada para poder sentarme a ver qué me pasa con ese movimiento, con ese viaje.

Por lo pronto los dejo con algunas fotos de  la Muestra de ¨Mujeres en el Mundo¨ y con el texto con el  cual la presenté.

¨Siempre me gustó la palabra ¨mujer¨, la M que obliga a apretar los labios como en un beso y la J que tiene sonido de valiente. La mezcla perfecta entre la suavidad, la tranquilidad y lo aventurero, lo que demanda coraje. Los invito a esta muestra de fotos de momentos presentes de mujeres en distintas partes del mundo, para descubrir que aunque en la superficie parecemos tan diferentes, somo los mismo, somos mujeres.¨

¨Hace poco me convocaron para trabajar de coordinadora de niñas de 15 años en los viajes a Disney. Encantada de la propuesta acepté sabiendo que no iba a ser fácil dominar las rebeldías de 46 mujeres adolescentes. Fue finalmente una experiencia de mucha enseñanza que me dio fortaleza para enfrentar cambios en mi vida personal. Creo que es la primera vez que me enfrento a la palabra cambio y me da tanto miedo. Las mujeres vivimos del cambio, de la crisis contante. Pasamos de ser niñas tabla a de pronto comenzar a desarrollar busto y caderas que nos molestan tanto al principio y que luego, de adultas, deseamos tanto que hasta llegan algunas a entrar al quirófano para tenerlas. Pasamos de estar en plena armonía de carácter y de humor a gritarle con voracidad al vecino que deje de escuchar música tan alto cuando las hormonas se descolocan. Pasamos de querer ser solteras e independientes a de pronto desear estar en pareja y con hijos. Pasamos de la pasión alocada e inmadura de los 20 al saber qué estamos haciendo de los 30, y de ahí a la plenitud total de que hacemos lo que queremos y nada nos importa de los 40. De pronto nos acordamos que tenemos canas y arrugas, el cambio continua. Pasamos de usar cremas de piel normal a las anti-age. Pasamos de poder estudiar, cocinar y meditar al mismo tiempo a de pronto encontrar difícil concentrarnos. Pasamos de pronto a depender de otros para las cosas mínimas. El cambio es constante y armónico. Necesario. Lo que no cambia es la fuerza de siempre salir adelante, lo que no cambia es el amor con el que hacemos las cosas. Me veo rodeada de mujeres increíbles, cada una con sus problemas, sus miedos, sus alegrías, pero siempre enfrentando el cambio con un coraje admirable. Si miro y recuerdo mujeres que conocí en los países que visité es fácil darse cuenta que somos todas tan diferentes en lo externo. Color de piel y de ojos, costumbres, idiomas, comidas, hobbies. Pero de tanto observarlas y escucharlas me encuentro con la realidad más básica. Somos una sola, tenemos todas la misma capacidad de amar y esa es la única raíz de nuestra esencia, tan parecida que sorprende. 
Una de las niñas de 15 años, Melisa, me dijo sobre el día de los enamorados: ¨Regi, yo estoy enamorada de la vida¨. Y de pronto entendí todo. ¨Quiero hacer cosas siempre siendo consciente del presente. ¿Qué importa lo que pasó ayer o lo que va a pasar mañana?¿no?¨, me dijo Melisa. Yo sólo pude sonreírle y abrazarla. Esta niña adolescente me recordó lo hermoso que es ser mujer, que lo único que vale es lo que nos pasa en este momento. Entendí de pronto que las mujeres de todas estas fotografías son distintas versiones de lo mismo. La novia de Camboya enfrenta una nueva vida como la corredora que acaba de cumplir con una meta de terminar la carrera 5 minutos antes que la anterior. La niña Vietnamita juega con su atuendo típico como juega la bailarina India al vestirse como ya nadie lo hace. Las dos mujeres en Rio de Janeiro se cuentan historias y disfrutan de la compañía de su amiga como la de Aldea Protestante, acá cerquita en Entre Ríos, que con su expresión nos cuenta lo bien que la está pasando en la fiesta. La mujer de Lencois, Brasil, cuelga su ropa casi combinando colores como lo hizo la bailarina de Carnaval en Montevideo al maquillarse. Somos lo mismo. Somos esencia. Cuando las mujeres nos acordemos todos los días de esto vamos a poder aprender a realmente estar enamoradas de la vida.¨

Autorretrato en Salta.

Montevideo, Las Llamadas.

Lencois, Brasil. 
Piedras Blancas, Entre Rios, Argentina.

Aldea Protestante, Entre Rios, Argentina.

Salta Capital, Argentina.

Kajuraho, India.

Rio Amazonas, Brasil.

Kajuraho, India.

Desde el tren hacia Varanasi, India.

Jaisalmer, India.
Hue, Vietnam.


Siem Reap, Camboya

Paris, Francia.

Salinas Grandes, Jujuy, Argentina.

Rio de Janeiro, Brasil.

Agregué el blog a una página http://www.todoenlaces.tk/ que ayuda a publicitar los blogs y las página de internet. Parece interesante para poder dar a conocer el trabajo que uno hace.

domingo, 28 de febrero de 2016

Muestra Fotográfica ¨Mujeres en el mundo¨

Siempre me gustó la palabra ¨mujer¨, la M que obliga a apretar los labios como en un beso y la J que tiene sonido de valiente. La mezcla perfecta entre la suavidad, la tranquilidad y lo aventurero, lo que demanda coraje. Esta es una mirada de mujeres que en la superficie parecemos tan diferentes pero que en esencia, al fin y al cabo, nos parecemos tanto.

Muestra de Fotos de mujeres en el mundo.
Lugar: Colegio de Abogados de Santa Fe 3 de febrero 2761
Día: Jueves 10 de marzo
Hora: 19hs



lunes, 25 de enero de 2016

La vaca sagrada y la mujer menospreciada. Publicación en el Litoral 23 de enero 2016.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2016/01/23/nosotros/NOS-05.html


La vaca sagrada y la mujer menospreciada - Revista Nosotros Nosotros

La vaca sagrada y la mujer menospreciada
TEXTOs Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.
La vaca sagrada y  la mujer menospreciada
Una mujer en Taj Mahal.
Las recorro en detalle con el lente de la cámara, tratando de acercarme al menos un poco a lo que su mirada y sus gestos gritan. Estas mujeres me fascinan y me conmueven. Juego con la imaginación recreando diálogos en los andenes del tren. Busco en un diccionario interno qué puedo llegar a tener en común con ellas y descubro una palabra mágica: amor. Todos amamos, en todas partes del mundo. Me intriga qué significa amor para ellas.
Más del 80% de la población india es hinduísta. En su mitología está Kámadeva, una especie de Cupido casado con Rati, el amor sensual. No le fue muy bien a este dios del Amor cuando enojó a Shiva por despertarlo de una meditación con su flecha para tratar de que se enamore de Parvati. Shiva no dudó en atacarlo y lo mató. Con este hecho desaparecía el deseo sexual entre los humanos. Luego le tuvo compasión y lo resucitó para asegurarse la continuidad de la especie.
Me pregunto la cantidad de miedos que estos cuentos pudieron despertar en la población femenina. Aún hoy, son pocas las mujeres indias que tienen la chance de elegir y conocer el amor. ¿Cómo conocer y amar la esencia de otro ser si los matrimonios son arreglados?
En la India el divorcio es legal, pero está aún muy mal visto. Sólo se separan el 1,1% de los matrimonios. Por lo que la mujer está atada a un hombre que no conoce. Elizabeth Bumiller, autora de “Serás madre de cien hijos” cuenta que una mujer le dijo que amaba a su marido porque éste le proveía de comida y ropa, y otra directamente confesó que si no amaba a su marido, entonces éste le pegaba.
En las calles de Varanasi se ven miles de hombres y mujeres, adorando a vacas y toros, muy bien alimentados, peinados, cuidados. Nadie los corre de las calles caóticas. ¿Cómo puede ocurrir, sea en la cultura que sea, que la vaca sea sagrada y la mujer mutilada?
EL CUERPO, LA CULPA Y EL KAMASUTRA
Caminando por los templos de Khajuraho, veo a un fotógrafo y a su modelo vestida con sari amarillo y rosa, con muchísimas pulseras y aros: brilla. Este complejo de templos era la capital religiosa de los Chandelas, un clan rajput del norte de la India. Comenzaron como un pequeño pueblo y luego se extendió abarcando gran parte del Estado de Madhya Pradesh.
Los Chandela se consideraban descendientes de la Luna (la diosa Chandra), muy unida a los cultos de la fertilidad. Eran creyentes de los poderes del tantrismo y durante su reinado tuvo lugar el florecimiento de esta doctrina. La cultura de los Chandela entendía la unión carnal, el sexo, unido al placer de origen divino, ligado a la necesidad de procrear y desprovisto de cualquier pecado. Se le otorga espiritualidad al acto sexual. Esto está representado en las figuras de los templos que hacen honor al Kamasutra, libro escrito por Vatsyayana en el siglo III d.c.
Hoy, este libro profético ha sido manipulado y convertido en meras imágenes de posiciones sexuales extrañas, pero en realidad es un texto que tiene mucho para enseñarnos de la libertad mental y sensorial de la época.
Con sus gestos ante la cámara, esta bailarina modelo me lleva por un segundo a otros tiempos, cuando cuerpo no era asociado a culpa. A lo largo de los tiempos, la mujer fue excluida de la gran mayoría de las actividades sociales y de aprendizaje, devotas a sus esposos considerados dioses. A pesar de esto, el Kamasutra es el primer y único tratado de la época que se dirige a hombres y mujeres por igual, donde la mujer debe ser partícipe del acto sensual y erótico, debe tener satisfacción al igual que el hombre.
El reinado de los Chandelas terminó tras varias invasiones musulmanas y, con este cambio, India pasó a tener una cultura de tabúes. Ashraf Ali es dueño de un hostel en Jaisalmer, viajero, con una mentalidad más abierta. Me cuenta que está mal visto besarse en público, fumar y tomar alcohol. Como también caminar sola de noche puede ser considerado una ofensa. Mujeres tapadas y hombres que se excitan por ver el tobillo de una mujer o darle la mano cual saludo de despedida. Viajando una se adapta a esas reglas y las comienza a naturalizar. En Agra, antes de entrar al Taj Mahal, veo a una joven india con musculosa y shorts. ¡Me parece desubicada! Lo normal pasa a ser taparse, en vez de abrirse al mundo. En 20 días de viaje comienzo a normalizar el concepto de tapar el cuerpo, me imagino lo difícil que va a ser salir de una cultura de miles de años de esconderse.
Según Ashraf, la vieja sociedad india aún se maneja con las mismas reglas y manipula para que las mujeres no conozcan sus derechos. “Las mujeres están en la casa la mayor parte del tiempo, por falta de una educación apropiada y por el absoluto control de los hombres sobre la vida social”, me dice. Según las estadísticas mostradas por el Banco Mundial, en el año 2013 sólo el 24 % de las mujeres indias pertenecían a la población trabajadora. Y menos del 1 % de mujeres iban a escuela primaria y secundaria en relación a los hombres. Un panorama preocupante.
SER MADRE EN INDIA
Ser mamá en la India es casi obligación, es un acto natural en toda mujer, incluso en aquellas que quieren otras cosas para su vida. Sobre el tren hacia Varanasi viaja una mujer de 30 años, que trabaja en la Armada India y que tuvo a su hijo a los 28 y no a los 20 años. Es de aquellas mujeres que no siguen el mandato. A pesar de tener este espíritu más aventurero, se sorprende cuando pregunta mi edad: 35 años y sin hijos, como tantas otras mujeres de esta parte del mundo. ¿Qué sentirán ellas cuando nos ven?
Luego me explican que una de las razones por las cuales las mujeres de todos los estratos sociales están preocupadas por tener hijos es que el gobierno no garantiza ninguna jubilación, por lo que los hijos terminan cuidando de sus padres, son quienes aseguran su bienestar. Es por este motivo que también se prefiere que tengan hijos varones. Tener sólo hijas mujeres se puede transformar en una maldición. Sucede que si quedan embarazadas de una mujer, muchas veces son obligadas a abortar. Aunque el aborto es aún ilegal en India, en Delhi se ven clínicas con un aspecto dudoso promocionando la realización de esa práctica.
Hay una segunda opción, llamada “bride burning” (esposa quemada). Las mujeres que no pueden tener un varón son quemadas vivas y se hace pasar por un accidente casero. Algunos grupos afirman que de 300 casos, sólo uno se reporta. Muchas no mueren, pero quedan deformes.
CUESTIÓN DE STATUS
En Mumbai visité a Rajashree Khalap. Una mujer hermosa de unos 42 años, delicada, y cuidadosa en su aspecto. Me pareció, en la primera impresión, una persona muy organizada y con una agenda ocupada. Me invitó a su departamento y acepté encantada ya que iba a conocer algo de la intimidad de una mujer india. Me pasó a buscar en su auto, pero no era ella quien manejaba, sino su chofer. Es muy común contratar a un chofer en la India por la incomodidad que es conducir y estacionar, pero principalmente por la seguridad que le da a una mujer sola estar en la calle con un hombre. En este caso, el chofer se encarga del auto y a veces hace otras actividades domésticas como, por ejemplo, sacar a pasear a los perros de Rajashree.
Entramos a su departamento. Ella prepara dos tazas de té y nos sentamos a hablar. Me cuenta que hay un sector privilegiado de la sociedad, educado, en el que las mujeres son independientes y tienen las mismas oportunidades que los hombres. Estas mujeres, entre las cuales se cuenta, viajan, ganan buenos sueldos y tienen una vida libre. Pueden elegir a sus parejas o bien nunca casarse, o casarse y divorciarse sin ser mal vistas. Su caso es un ejemplo claro. Rajashree nunca se casó aunque está viviendo con su pareja. Nunca tuvo hijos y no se siente presionada por tenerlos. Lamentablemente, aunque este segmento de la sociedad representa a un gran número de mujeres, sigue siendo una minoría comparado con el porcentaje total de mujeres indias.
Rajashree me explica que las mujeres de familias menos educadas y conservadoras están generalmente menos cómodas económicamente y tienen una vida sin libertades. El status de la mujer también varía según la región y la cultura que represente. En algunos estados las mujeres están totalmente restringidas, especialmente en algunos del norte de India como Haryana o en Uttar Pradesh. Mientras que en otros estados más al sur, como en Meghalaya o Kerala, las sociedades son menos patriarcales, aunque nunca llegan a ser matriarcales.
El rol de la mujer cambia, incluso, entre comunidades. Por ejemplo en la comunidad Marwari, que son castas de gente de negocios de Rajasthan, incluso las mujeres de las generaciones jóvenes tienen sus matrimonios arreglados y tienen restricciones a la hora de elegir a qué se quieren dedicar; es más, algunas no tienen poder de decisión para trabajar o no.
Antes de despedir a Rajashree, me da algo de esperanza de que las cosas han ido cambiando. En 1925 Sarojini Naidu fue la primera mujer elegida como Presidente del Congreso Nacional, la segunda fue Nellie Sengupta en 1933. En 1966 aparece Indira Ghandi en escena, que ayuda a que las cosas cambien aún más. Hija única de Jawaharlal Nehru, primer ministro de India luego de la liberación de Gran Bretaña en el año 1947, comienza su activa participación en política en la década del ‘30 hasta que muere asesinada en el año 1984. Fue una líder fuerte, de carácter y muy poderosa. Fue quien se animó a sacarle beneficios a los Maharaja, reyes y príncipes, de la India para comenzar a ser una verdadera República. Hoy en día hay mujeres médicas y ministras de gobierno, aunque aún siguen siendo minoría y tienen que trabajar con mayor esfuerzo para alcanzar la misma posición que puede tener un hombre.
EL (MAL) TRATO DE LOS HOMBRES
Creo que lo más difícil del viaje es manejar el trato con los hombres, viniendo de una cultura donde es común saludar a un hombre con un beso en la mejilla. Las miradas son constantes y penetrantes, por lo que se recomienda no mirar nunca a un hombre a los ojos, ya que es signo de seducción; conviene bajar la cabeza y mirar al piso.
A pesar de que hay leyes nacionales que protegen los derechos de las mujeres, en los últimos años los casos de abuso se han transformado en un problema nacional. Hubo un caso de abuso y asesinato en el año 2012 en Delhi que marcó un antes y un después en relación con este tema. Desató escándalo en toda la nación. Desde ese momento muchas leyes y regulaciones comenzaron a ser revisadas y son cada vez más los casos que llegan a la justicia. De hecho, en la televisión India hay varios programas que tratan el tema para concientizar a las mujeres sobre sus derechos y sobre que el maltrato puede ser también psicológico.
Por miedo, sólo el 10% de los casos de violencia doméstica son reportados y casi ninguno es ganado por la mujer. Ellas, hermosas y coquetas, con sus docenas de pulseras en cada mano, el henna que las decora de manera sutil, las sedas de los colores más espectaculares que las cubren y su esfuerzo por mantener su casa en orden y ofrecer hasta lo que no tienen, son mujeres aún muy sufridas. El hombre mira fijamente, parece que de alguna manera invade su privacidad en forma constante.
Algunas se callan, otras están tomando otros caminos. En el año 2011, en Lucknow, nació un grupo que se llama La Brigada Roja. “We are not safe in our home, we are not safe out of home” (No estamos a salvo en nuestras casas, no estamos a salvo fuera de nuestras casas), razón por la cual nace esta organización, para luchar contra la violencia sexual y el abuso, me explica su fundadora Usha Vishwakarma. Ellas son jóvenes mujeres que en algún momento de su vida sufrieron algún abuso, en general de un familiar o vecino. Se juntaron para comenzar a tener una voz.
Ya son 31.000 las mujeres que pasaron por su programa de entrenamiento en artes marciales. Tienen un programa de concientización que se llama “Good Touch Bad Touch” (Buen contacto, mal contacto) donde trabajan con niños para comenzar a enseñarles a no naturalizar ciertas conductas. A su vez salen a las calles a mirar lo que sucede y, si saben de un caso de abuso, toman poder en el asunto y enfrentan al agresor. Finalmente trabajan cerca de las víctimas de abusos sexuales, las ayudan a salir adelante y a enfrentar la situación en la justicia. Me explica que son varias las razones por las cuales hay tantos casos de abuso sexual en la India: el acceso a la pornografía ha crecido en el país, no hay educación sexual en las escuelas ni en la casa y la mujer es un objeto en los medios de comunicación.
* * *
Me despido de la India con cansancio pero con la idea de que voy a volver, necesito volver para tratar de seguir entendiendo. Hablo con un taxista que es de un pueblito de Bihar y hace 15 años vive en Mumbai con su esposa. Ella, al principio, se tapaba la cara y las manos para salir a la calle. Después de un tiempo dejó de hacerlo. Tal vez es eso lo que se precisa: tiempo. “Las mujeres son diosas del amor. Tienen el gran poder del perdón”, me dice Ashraf. Se puede ser diosas, pero sin olvidarse de que son diosas con derechos.
India es gigante, imposible conocerla en 30 días de viaje. Pero al menos me llevo un pantallazo de imágenes, sensaciones y muchísimas dudas. Pude caminar por ciudades grandes como Delhi, Jaisalmer, Varanasi, Khajuraho, Goa, Mumbai; recorrer caminos de tierra en el desierto de Rajhastan o en los alrededores de algún Parque Nacional, y esperar en alguna estación de tren. Mirar, tratar de entender. De eso se trata el viaje. De eso se trata esta crónica.

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Una modelo posa entre los templos de Khajuraho.
UNA RÉPLICA HUMANA DE LA PIEDAD
El tren hacia Varanasi va a 50 kilómetros por hora hasta que para. Por algún motivo siempre para. Desde la puerta del vagón observo varias imágenes, todas con una carga de tristeza, dolor, mugre, pobreza. Nadie sonríe. Es la India que no es tan increíble, la que no nos venden las revistas de viajes. La imagen que más me impacta es una réplica exacta de La Piedad. Ella, con su cabeza cubierta con un trapo marrón, debe pertenecer a las castas más bajas. Sus manos de uñas largas y mugrientas se toman entre sí para hacer de cuna a su bebé, a quien tiene en brazos arropado con telas blancas. Esa mujer parece no tener nada más que lo que veo en ese momento.
Está agotada. El bebé no eligió nacer. Ella lo mima, lo acaricia, lo alimenta mientras puede darle de mamar. Le da todo lo que tiene: su amor de madre. Y ahí me pregunto: ¿es suficiente el amor? ¿Qué va a pasar cuando amamantar no sea una opción? Es tal la ternura con que esa madre mira a su hijo a los ojos que dudo de mi respuesta. Más adelante le pintará los ojos con khol negro al niño para protegerlo de un mundo mágico de demonios y maldades.
El tren avanza y yo sigo a La Piedad con la mirada.
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Una madre con su bebé, desde la puerta del tren hacia Varanasi.
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Desde una ventana.
+datos
CONTACTO
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LA MINORÍA
Las mujeres de las ciudades grandes y cosmopolitas como Bombay, las de las castas más altas, las más blancas, las de las películas de Bollywood, tienen una visión más occidental del rol femenino. Son profesionales, estudiantes universitarias, usan bikini en la playa de Goa y pueden elegir a su pareja. Estas son las poquísimas mujeres que pueden ocupar un rol en el gobierno. Sólo el 10% del parlamento está representado por mujeres. Eso también es India.
Pero entonces ¿por qué es que la mayoría aún es manipulada y maltratada? ¿Por qué no pueden tomar decisiones en sus casas? Fue llamativo no encontrar mujeres en la búsqueda que hice por Couchsurfing. Todos los perfiles que encontré eran de hombres solos de entre 30 y 40 años.

lunes, 16 de noviembre de 2015

El Litoral Artículo sobre Patagonia ¨La Ruta delos Milagros¨

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/11/14/nosotros/NOS-09.html

Las rutas de los milagros
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Parque Nacional Monte Leon, sobre la ruta 3.

Este es el relato de una travesía hecha a dedo, más de diez años atrás, por la Patagonia a lo largo de las rutas 3 y 40, con encuentros, redes de amistades y solidaridad en el camino. La autora volvió a viajar este año, esta vez en auto: más confort y menos riesgo, pero la misma fascinación por un paisaje inigualable.
TEXTO Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.
Saliendo de la provincia de Buenos Aires y entrando a Río Negro vi en la ruta a varias parejas de mochileros. Más tarde, en las calles grises y áridas de Río Gallegos, tuve un reencuentro con una de ellas: eran franceses. No me habían reconocido, por eso se mostraron extrañados cuando los empecé a saludar con alaridos argentinos desde el otro lado de la vereda.
Obviamente, días más tarde los volví a ver cuando entraban caminando al Parque Nacional Tierra del Fuego. Yo salía para despedirme de Ushuaia. Digo “obviamente” porque es así cómo funcionan las rutas 3 y 40. Están llenas de reencuentros con personas totalmente ajenas a una en el mundo de la rutina y de lo habitual; pero en el universo paralelo, ese que tiene como cielo el infinito y como tierra la banquina, estas mismas personas significan experiencias compartidas y son compinches de ruta.
Es así como los siete motoqueros fueron apareciendo y reapareciendo a lo largo del camino, preguntándome dónde estaba parando y hacia dónde me movía al otro día. Es así como Loic, un francés callado y tímido que había conocido en Ushuaia, aparecía saludando desde una camioneta cuando salía a dedo del Parque Nacional Los Glaciares; y reaparecía caminando por las calles del pequeño Chaltén... Y lean lo que sigue porque no lo van a poder creer. Antes de volver a mi ciudad pasé por Buenos Aires, donde visité a un amigo que había conocido dos años atrás en Praga. Cuando le estaba mostrando las fotos de Ushuaia, me mira sorprendido, señala a Loic y me comenta entre risas que había conocido al francés en Mongolia en uno de sus viajes. El mundo es en verdad muy chico y los encuentros no dejan de sorprender.
EN EL CHALTÉN
Llegar a El Chaltén desde Calafate no fue sencillo, pero salir fue una total odisea. Después de que el viento fuerte de la montaña me dejara sin carpa y que los precios me asustaran bastante, decidí -sin dudarlo- abandonar el pueblo.
El Chaltén parece un pueblito sacado de un cuento. Muy pocas casas, total contacto con la naturaleza y el Fitz Roy que te recibe ya en la ruta. Lamentablemente, el clima no acompañó mis ganas de pasar unos días en el lugar. Para salir, queridos mochileros, recomiendo hacer una previa investigación de los camiones que entran y salen. El tránsito es prácticamente nulo. Así fue como convencí a un camionero para que me llevara hasta Calafate ¡Pero no estaba sola! Éramos 10 mochileros a la espera de la salvación. Entre ellos, había dos chicas de Mar del Plata a quienes conocía (y seguimos con los encuentros milagrosos). Fue así como simil-ganado pudimos salir de El Chaltén con la esperanza de volver y que, en la próxima, el clima no nos asuste.
OTRO REENCUENTRO
Comodoro Rivadavia me recibió cansada, sucia y hambrienta. Habían sido tres días de esperar camiones, hacer tiempo en estaciones de servicio, comer poco. Y, bueno, hasta una dama en esta situación aguanta una uña rota y el pelo desastroso.
Una tarde, mientras estaba caminando por las calles del centro, me sorprendió la presencia de una mochila conocida: ¡Tomás! -grité alegre. Había conocido a Tomás dos meses antes en un encuentro de mochileros y, aunque sabía que iba a estar dando vueltas por la Patagonia, no esperaba encontrarlo. Una vez más fue un milagro, de esos que ocurren en la ruta, donde una aprende que las distancias son en realidad relativas, donde el tiempo y el espacio cambian sus dimensiones.
REGRESO EN CAMIÓN
Mi viaje concluyó en El Bolsón, donde pasé seis días. El día en que decidí irme del lugar, me asusté cuando en la ruta ví alrededor de diez parejas de mochileros tratando de conseguir quién los llevara hacia Bariloche. Yo, que estaba sola, me acerqué a un camionero que estaba a punto de encender motores. David no tuvo ningún problema en sacarme de El Bolsón, pero me previno sobre el hecho de que íbamos a estar viajando cerca de cuatro días antes de llegar a Buenos Aires.
Esa mañana me dieron el título de camionera amateur y acompañé a David hasta el final, pasando por Esquel, Bariloche, Chipoletti y otros pueblitos más. La ruta me permitió recrearme y jugar por unos días dentro de otra realidad, en la cual pude compartir un buen asado junto a otros camioneros y disfrutar de los mejores amaneceres desde el camión y en el medio de la nada.
Siempre quedan lugares que descubrir en nuestro extenso sur. Hay muchísimas tierras vírgenes por explorar todavía; es por eso que siempre hay una buena excusa para volver. ¡Tanto es lo que te da la ruta! Experiencias sorprendentes, personas interesantes, reencuentros inesperados. Y me pregunto: ¿Qué, sino estas uniones milagrosas de almas callejeras, hace que la vida misma tenga sentido?
* * *
Escribí este texto después de un viaje a dedo por la Patagonia, Argentina, en el año 2004. Esa Patagonia ya lejana, cuando la entrada a El Chaltén era aún de tierra y el pueblo sólo tenía 200 habitantes. Este febrero del 2015 volví a recorrer las rutas 40 y 3, esta vez en auto. Sea como sea que uno se mueva por esas tierras encantadas, no deja de sorprender, de maravillar, de provocar sueños de posibles vidas pasadas o presentes.
La vida me ha enseñado que lo único que vale la pena es sentirse viva, sentir pasión por algo. Y sólo con el movimiento y los cambios esto es posible. La vida es corta. Hay que animarse a saltar aunque la pileta esté vacía. Para muchos salir de viaje provoca miedos a lo nuevo, a lo desconocido. A mí, después de 14 años viajando, me sigue costando desengancharme de estos temores, pero viaje a viaje me voy soltando. Y sigo aprendiendo.
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Parque Nacional Perito Moreno, sobre la ruta 40.
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domingo, 25 de octubre de 2015

Las diosas de India.















Las veo caminar, las recorro en detalle con el lente de la cámara, tratando de 
acercarme al menos un poco a lo que su mirada y sus gestos gritan. Estas mujeres me fascinan y me conmueven. Juego con la imaginación recreando diálogos en los andenes del tren o en el mercado sucio de la plaza. Busco en un diccionario interno qué puedo llegar a tener en común con ellas y descubro una palabra mágica: amor. Todos amamos, en todas partes del mundo. Me intriga qué significa amor para ellas. Más del 80% de la población India es Hinduísta. En su mitología está Kámadeva, una especie de Cupido, casado con Rati, el amor sensual. No le fue muy bien a este Dios del Amor cuando enojó a Shiva por despertarlo de una meditación con su flecha para tratar de que se enamore de Parvati. Shiva no dudó en atacarlo y lo mató. Con esto desaparecía el deseo sexual entre los humanos. Luego le tuvo compasión y lo resucitó para asegurarse la continuidad de la especie. Me pregunto la cantidad de miedos que estos cuentos pudieron despertar en la población femenina.
India es gigante, imposible conocerlo en 30 días de viaje. Pero al menos pude llevarme un pantallazo de imágenes, sensaciones y muchísimas dudas. Caminar por ciudades grandes como Delhi, Jaisalmer, Varanasi, Khajuraho, Goa, Mumbai. Recorrer caminos de tierra en el desierto de Rajhastan o en los alrededores de algún Parque Nacional. Esperar en alguna estación de tren. Mirar, tratar de entender. De eso se trató el viaje. De eso se trata esta crónica.
Aún hoy, son pocas las mujeres Indias que tienen la chance de elegir y conocer el amor. ¿Cómo conocer y amar la esencia de otro ser si los matrimonios son arreglados? En la India el divorcio es legal, pero está aún muy mal visto. Sólo se separan el 1.1% de los matrimonios. Por lo que la mujer está atada a un hombre que no conoce. Si no funciona el matrimonio a la mujer le quedan dos opciones: ser infeliz para toda la vida o divorciarse y ser considerada menos que un ser inferior. La gran mayoría decide ser infeliz. Elizabeth Bumiller, autora de ¨Serás madre de cien hijos¨ cuenta que una mujer le dijo que amaba a su marido porque este le proveía de comida y ropa y otra directamente confesó que si no amaba a su marido, entonces éste le pegaba. En las calles de Varanasi se ven miles de hombres y mujeres, adorando a vacas y toros, muy bien alimentados, peinados, cuidados. Nadie los corre de las calles caóticas. ¿Cómo puede ocurrir, sea en la cultura que sea, que la vaca sea sagrada y la mujer mutilada?
Caminando por los templos de Khajuraho, veo a un fotógrafo y  a su modelo vestida con sari amarillo y rosa, con muchísimas pulseras y aros, brilla. Ella está preciosa, decorada desde la cabeza a los pies. El marco que la rodea es perfecto. Los templos son una representación del pensamiento de los Chandelas, reinado entre los siglos X y XII, que quisieron hacer honor al libro Kamasutra, escrito por  Vatsyayana en el siglo III d.c,  dejando grabado en las paredes figuras eróticas. Hoy día, este libro profético ha sido manipulado y convertido en meras imágenes de posiciones sexuales extrañas, pero en realidad es un texto que tiene mucho para enseñarnos de la libertad mental y sensorial de la época. Con sus gestos ante la cámara, esta bailarina modelo me lleva por un segundo a otros tiempos, cuando cuerpo no rimaba con culpa. A lo largo de los tiempos, la mujer fue excluida de la gran mayoría de las actividades sociales y de aprendizaje, devotas a sus esposos considerados dioses. A pesar de esto, el Kamasutra es el primer y único tratado de la época que se dirige a hombres y mujeres por igual, donde la mujer debe ser partícipe del acto sensual y erótico, debe tener satisfacción al igual que el hombre.

La mañana antes de irme de Khajuraho mientras desayuno en el balconcito de la habitación descubro a una mujer en la terraza de la casa vecina. Ella no sabe que hay alguien observándola. Por un largo tiempo no hace más que amasar, moldear y hornear pan. Hace su labor con esmero.  Lo disfruta. Sabe que con esos chapati va a alimentar a su familia y los que sobran seguro que los vende para comprar más harina o arroz. Parece tener una vida sencilla y austera. Se la ve feliz. Y acá surgen aún más dudas. ¿Qué es la felicidad para estas mujeres? ¿Por qué mantiene esa sonrisa todo el tiempo? Está presente, está amasando pan, sólo eso. Tal vez ahí reside su felicidad.
De los Chandelas, las maravillosas construcciones de los templos de Khajuraho y la aparición del Kamasutra, India pasó a tener una cultura de tabúes, mujeres tapadas y hombres que se excitan por ver el tobillo de una mujer o darle la mano cual saludo de despedida. Cuenta la historia que un diario Inglés sacó una foto hace unos 60 años atrás que fue para el escándalo: un reportero tomó una foto del tobillo de la madre del Maharaja de Jhodpur bajando de su carruaje. La foto fue enviada a Inglaterra y fue tapa de revista. El Maharaja se ofendió tanto que mandó a comprar todos y cada uno de los números de la revista para que nadie más pudiera verle el tobillo a su madre.

Ashraf Ali es dueño de un hostel en Jaisalmer, viajero, con una mentalidad más abierta. Aprecia el valor y la fuerza de las mujeres Indias, como también la dedicación y el amor que le dan a todo lo que hacen. Ashraf me dice que aún hay muchos tabúes para la mujer de la India, como por ejemplo besarse en público, fumar y tomar alcohol. Como también caminar sola de noche puede ser considerado una ofensa.  Según su visión, la vieja sociedad India aún se maneja con las mismas reglas y manipula para que las mujeres no conozcan sus derechos. ¨Las mujeres están en la casa la mayor parte del tiempo, por falta de una educación apropiada y por el absoluto control de los hombres sobre la vida social¨, me dice. Según las estadísticas mostradas por el Banco Mundial, en el año 2013, sólo el 24% de las mujeres indias pertenecen a la población trabajadora. Y menos del 1% de mujeres van a escuela primaria y secundaria en relación a los hombres. Un panorama preocupante. 

El tren hacia Varanasi va a 50 kilómetros por hora hasta que para. Por algún motivo siempre para. Desde la puerta del vagón observo varias imágenes, todas con una carga de tristeza, dolor, mugre, pobreza. Nadie sonríe. La India que no es tan increíble, la que no nos venden las revistas de viajes. Tres mujeres hablan con caras de preocupación. Calculo que su conversación debe ser muy parecida a la que tres mujeres pueden tener en un supermercado de la esquina de mi casa. Tal vez hablan de algún amor perdido, de un hijo problemático, de la cacerola que va a tener que ser reemplazada o de alguna noticia en los diarios.

La imagen que más me impacta es una réplica exacta de La Piedad. Ella, con su cabeza cubierta con un trapo marrón, es una mujer joven y está tirada en la calle, sobre unas piedras. Su oscura piel es tersa, pero arrugada en la frente y en la boca. Su boca rojiza y de labios carnosos podría ser la envidia de cualquier modelo, pero ella está lejos, lejísimo de ese mundo. Debe pertenecer a las castas más bajas. Tiene un aro en la nariz y muchísimas pulseras en sus brazos que hacen ruido a sonajero cuando se mueve. Sus manos de uñas largas y mugrientas se toman entre sí para hacer de cuna a su bebé, a quien tiene en brazos arropado con telas blancas. Esa mujer parece no tener más nada que lo que veo en ese momento. Está agotada. El bebé no eligió nacer. Ella lo mima,  lo acaricia, lo alimenta mientras puede darle de mamar. Le da todo lo que tiene: su amor de madre. Y ahí me pregunto: ¿es suficiente el amor? ¿Qué va a pasar cuando amamantar no sea una opción? Es tal la ternura con que esa madre mira a su hijo a los ojos que dudo de mi respuesta. Más adelante esa madre le pintará los ojos con khol negro al niño para protegerlo de un mundo mágico de demonios y maldades. El tren avanza y yo sigo a La Piedad con la mirada.

Ser mamá en la India es casi obligación, es un acto natural en toda mujer, incluso en aquellas que quieren otras cosas para su vida. Sobre el tren hacia Varanasi viaja una mujer de 30 años, que trabaja en la Armada India,  con su pareja y su hijo de dos años. Ella tuvo a su hijo a los 28 en vez de a los 20 años. Es de aquellas mujeres que no siguen el mandato. Primero vivió cosas que quería hacer, tuvo aventuras, como tirarse en paracaídas, terminar su carrera, viajar. A pesar de tener este espíritu de vida, se sorprende cuando me pregunta mi edad, 35 años y sin hijos, como tantas otras mujeres de esta parte del mundo. ¿Qué sentirán ellas cuando nos ven? Luego me explican que una de las razones por las cuales las mujeres de todos los estratos sociales están preocupadas por tener hijos es que el gobierno no asegura ninguna jubilación, por lo que los hijos terminan cuidando de sus padres, son quienes aseguran su bienestar. Es por este motivo que también se prefiere que tengan  hijos varones. Tener sólo hijas mujeres se puede transformar en una maldición.  Sucede que si quedan embarazadas de una mujer, muchas veces son obligadas a abortar. Aunque el aborto es aún ilegal en India, en Delhi ví clínicas con un aspecto no muy serio con carteles en la puerta promocionando la realización de abortos. Hay una segunda opción que es maquiavélica, llamado ¨bride burning¨ (esposa quemada). Las mujeres que no pueden tener un varón son quemadas vivas y se hace pasar por un accidente casero. Algunos grupos afirman que de 300 casos, sólo uno se reporta. Muchas no mueren, pero quedan deformes.

En las calles por tradición las mujeres caminan atrás del hombre y van tapadas, no se ve bien que muestren partes de su cuerpo. Viajando una se adapta a esas reglas y las comienza a naturalizar. En Agra, antes de entrar al Taj Mahal, ví a una joven india con musculosa y shorts muy shorts. ¡Me pareció desubicada! Lo normal pasa a ser taparse, en vez de abrirse al mundo y con el cuerpo decir: ¨¡Acá estamos, sí, esta es nuestra piel, no hay misterios… tenemos calor y queremos usar pantalones cortos. En 20 días de viaje comencé a normalizar el concepto de tapar el cuerpo, me imagino lo difícil que va a ser salir de una cultura de miles de años de esconderse.

Las mujeres de las ciudades grandes y cosmopolitas como Bombay, las de las castas más altas, las más blancas, las de las películas de Bollywood tienen una visión más occidental del rol de la mujer. Son profesionales, estudiantes universitarias, usan bikini en la playa de Goa y pueden elegir a su pareja. Estas son las poquísimas mujeres que pueden ocupar un rol en el gobierno. Sólo el 10% del parlamento está representado por mujeres.  Eso también es India. Pero entonces ¿por qué es que la mayoría aún es manipulada y maltratada? ¿Por qué es que no pueden tomar decisiones en sus casas? Fue llamativo no encontrar mujeres en la búsqueda que hice por Couchsurfing. Todos los perfiles que encontré eran hombres solos de entre 30 y 40 años.
En Mumbai visité a Rajashree Khalap. Una mujer hermosa de unos 42 años, delicada, y cuidadosa en su aspecto. Me pareció en la primera impresión una persona muy organizada y con una agenda ocupada. Me invitó a su departamento y acepté encantada ya que iba a poder conocer algo de la intimidad de una mujer india. Me pasó a buscar en su auto, pero no era ella quien manejaba, sino su chofer. Es muy común contratar un chofer en la India por la incomodidad que es manejar y estacionar, pero principalmente por la seguridad que le da a una mujer sola estar en la calle con un hombre.  El chofer se encarga del auto y a veces hace otras actividades domésticas como por ejemplo sacar a pasear a los perros de Rajashree. Entramos a su departamento que era absolutamente impecable. Sus dos perros, rescatados de la calle, se comportaban mejor que una persona. Tenían sus juguetes y sus espacios. Ella preparó dos tazas de té y nos sentamos a hablar. Me contó que hay un sector de la sociedad mucho más privilegiado, educado en donde las mujeres son independientes y tienen las mismas oportunidades que los hombres. Estas mujeres, entre las cuales ella estaba incluída, viajan, ganan buenos sueldos y tienen una vida libre. Pueden elegir a sus parejas o bien nunca casarse o casarse y divorciarse sin ser mal vistas. Su caso es un ejemplo claro. Rajashree nunca se casó aunque está viviendo con su pareja. Nunca tuvo hijos y no se siente presionada por tenerlos. Lamentablemente, aunque este segmento de la sociedad representa a un gran número de mujeres, sigue siendo una minoría comparado con el porcentaje total de mujeres Indias.
Rajashree me explicó que las mujeres de familias menos educadas y conservadoras están generalmente menos cómodas económicamente y tienen una vida sin libertades. El status de la mujer también varía según la región y la cultura que represente. En algunos estados las mujeres están totalmente restringidas, especialmente en algunos estados del norte de India como Haryana o en Uttar Pradesh. Mientras que en otros estados más al sur, como en Meghalaya o Kerala, las sociedades son menos patriarcales, aunque nunca llegan a ser matriarcales. El rol de la mujer cambia incluso entre comunidades. Por ejemplo en la comunidad Marwari, que son las castas de gente de negocios de Rajasthan, incluso las mujeres de las generaciones jóvenes tienen sus matrimonios arreglados y tienen restricciones a la hora de elegir a qué se quieren dedicar, incluso algunas no tienen poder de decisión sobre si trabajar o no.

Cuando me despedí de Rajashree ya era de noche y me dirigía al aeropuerto para comenzar el regreso a casa. No permitió que me fuera sola. Llamó a un taxista de confianza que me pasó a buscar. Ella le dio claras indicaciones de que cuando llegáramos al aeropuerto la llamara para saber que estaba todo bien. De pronto me sentí una adolescente emprendiendo su primer viaje sola. Lamentablemente estos cuidados son necesarios en la India. Las mujeres de todas las posiciones sociales deben cuidarse de no estar solas en la calle de noche en algunas áreas.

Creo que lo más difícil del viaje fue manejar el trato con los hombres, viniendo de una cultura donde es común saludar a un hombre con un beso en la mejilla. Las miradas de son constantes y penetrantes, por lo que se recomienda nunca mirar a un hombre a los ojos, ya que es signo de seducción; conviene bajar la cabeza y mirar al piso.
A pesar de que hay leyes nacionales que protegen los derechos de las mujeres, los casos de abuso se han transformado en los últimos años en un problema nacional que sufren no sólo las extranjeras sino en gran medida las mujeres indias. Hubo un hecho que marcó un antes y un después en relación a este tema. En el año 2012, una joven adolescente salía del cine con su novio y tomaron un colectivo, donde fueron atacados por una banda que violaron y mataron a la joven. Esto desató escándalo en toda la Nación. Desde ese momento muchas leyes y regulaciones comenzaron a ser revisadas y modificadas; por lo que son cada vez más los casos que llegan a la justicia y todos están siendo tratados. De hecho, en la televisión India hay varios programas que tratan el tema para cons
cientizar a las mujeres que ellas tienen derechos y que el abuso y maltrato puede ser también psicológico. Hay muchos casos de violaciones domésticas, pero por miedo sólo el 10% son reportados y la realidad es que cuando se reportan es bajo el porcentaje de casos que son ganados por esas mujeres. Ellas, hermosas y coquetas, con sus docenas de pulseras en cada mano, el henna que las decora de manera sutil, las sedas de los colores más espectaculares que las cubren  y su esfuerzo por mantener su casa en orden y ofrecer hasta lo que no tienen, son mujeres aún muy sufridas. El hombre mira fijamente, parece que de alguna manera invadieran su privacidad constantemente.
Algunas se callan, otras están tomando otros caminos. En el año 2011, en Lucknow, nació un grupo que se llama La Brigada Roja. “WE ARE NOT SAFE IN OUR HOME… WE ARE  NOT SAFE OUT OF HOME” (¨No estamos a salvo en nuestras casas, no estamos a salvo fuera de nuestras casas¨) razón por la cual nace esta organización, para luchar contra la violencia sexual y el abuso, me explica su fundadora Usha Vishwakarma. Ellas son jóvenes mujeres que en algún momento de su vida sufrieron algún abuso, en general de un familiar o vecino. Se juntaron para comenzar a tener una voz. Ya son 31.000 las mujeres que pasaron por su programa de entrenamiento en artes marciales. También arman charlas para concientizar a las mujeres sobre sus derechos y las formas de hacerlos respetar. Tienen un programa de concientización que se llama ¨Good Touch Bad Touch¨ (Buen contacto, mal contacto) donde trabajan con niños para comenzar a enseñarles a no naturalizar ciertas conductas. A su vez salen a las calles a mirar lo que sucede y si saben o ven un caso de abuso, toman poder en el asunto y enfrentan al agresor. Finalmente trabajan cerca de las víctimas de abusos sexuales, las ayudan a salir adelante y a enfrentarla situación en la justicia. Cuando surge la gran duda sobre por qué es que hay tantos casos de abuso sexual en la India la respuesta es directa: el acceso a la pornografía ha crecido en el país, no hay educación sexual en las escuelas ni en la casa y el hecho de que la mujer es un objeto en los medios de comunicación. La mujer ha sido y es considerada inferior en la India, de eso no hay duda. Pero me quedo pensando en la respuesta que me da Usha.

Me despido de la India con cansancio pero con la idea de que voy a volver, necesito volver para tratar de seguir entendiendo. Antes de despedir a Rajashree, me da algo de esperanza de que las cosas están cambiando y que han ido cambiando a lo largo de todo el siglo XX y el XXI. En 1925 Sarojini Naidu fue la primer mujer elegida como Presidente del Congreso Nacional, la segunda fue Nellie Sengupta en 1933. En 1966 aparece Indira Ghandi en escena, que ayuda a que las cosas cambien aún más. Hija única de Jawaharlal Nehru, primer ministro de India  luego de la liberación de Gran Bretaña en el año 1947. Comienza su activa participación en política en la década del 30 hasta que muere asesinada en el año 1984.  Fue una líder fuerte, de carácter y muy poderosa. Fue quien se animó a sacarle beneficios a los Maharaja, reyes y príncipes, de la India para comenzar a ser una verdadera República. Hoy día hay mujeres médicas y ministras de gobierno, aunque aún siguen siendo minoría y tienen que trabajar con mayor esfuerzo para alcanzar la misma posición que puede tener un hombre. Rajashree me cuenta que su chofer es de un pueblito de Bihar y que hace 15 años vive en Mumbai con su esposa. Ella, al principio, se tapaba la cara y las manos para salir a la calle. Después de un tiempo dejó de hacerlo. Tal vez es eso lo que se precisa, tiempo.


¨Las mujeres son diosas del amor. Tienen el gran poder del perdón¨, me dice Ashraf. Se puede ser diosas, pero sin olvidarse que son diosas con derechos.